miércoles, 29 de febrero de 2012
El viaje de la generación Bergman
Poco a poco la generación Bergman nos va dejando. Fue el 30 de julio de 2007 cuando Ingmar descubrió el secreto de la lívida protagonista de su Séptimo sello. En el viaje le habían precedido, entre otros, Ingrid Thulin (2004) y Sven Nykvist (2006); le seguirían Stig Olin (2008) y Gunnar Fischer (2011). El pasado sábado fue el turno de Erland Josephson. Había asumido la identidad del médico seductor en Gritos y susurros, del rabino en Fanny y Alexander o del alter ego de Bergman en el film dirigido por Liv Ullmann Infiel. Pero fue su papel de Johan –el marido de Marianne en Secretos de un matrimonio, ya frágil anciano en Saraband– el que le reservó un lugar en nuestra memoria.
En Saraband se halla la que me parece una de las escenas más conmovedoras de la filmografía de Bergman. La angustia se ha adueñado del cascarrabias y misántropo Johan. Prorrumpe en una crisis nocturna junto a la puerta del dormitorio de su ex esposa. La ansiedad, dice, "es más grande que mi cuerpo, ¡se me escapa por todas partes...!". "¿Tienes miedo a la muerte?", le pregunta Marianne. Y para consolarle de la cruz del nacimiento –la finitud– le acoge en su cama: allí yacen desnudos el uno junto al otro.
Reconocer en la acogida mutua el bálsamo frente a la angustia de nuestra condición de náufragos: he ahí el santo y seña de una generación que siguió a Bergman en su dolorosa conquista de la madurez.
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En la imagen: portada de varios diarios suecos el día posterior al fallecimiento de Ingmar Bergman, en fotografía de Morner (fuente: flickr.com)
miércoles, 15 de febrero de 2012
Oh, dulce muchacha
El día de Navidad tuvo lugar un precioso concierto en la Dársena de los Llanos de Santa Cruz de Tenerife. Raquel Lojendio y Jorge de León como solistas y la Orquesta sinfónica de Tenerife, bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez, interpretaron una nutrida selección de piezas líricas y populares. Lo retransmitió la 2 de Televisión española: otro botón de muestra de su excelente programación cultural. El caso es que me he topado con el archivo en la sección “A la carta” de la web de RTVE.
Dejo aquí el enlace y os recomiendo un fragmento en particular. Empieza en el minuto 58:20. Se trata del aria “O soave fanciulla” de La Bohème de Giacomo Puccini:
— Dame el brazo, pequeña mía.
— ¡Obedezco, señor!
— Di que me amas.
— Te amo.
Los devaneos amorosos de Rodolfo y Mimí hallan su emocionado trasunto en las voces de Jorge y Raquel, amigos desde su época de estudiantes en el conservatorio de Santa Cruz. La pieza destila un querer entrañable. Gratísimo don desde orillas tinerfeñas.
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En la imagen: “Che gelida manina”, fotografía de Bobfranklin (fuente: flickr.com).
lunes, 6 de febrero de 2012
Rubalcaba y Freud
“Quiero cambiar el PSOE para que siga siendo el PSOE”. Así parafraseaba Rubalcaba, el sábado en Sevilla, al terrateniente siciliano que protagoniza la novela de Lampedusa Il Gattopardo. Se trataba, claro está, de reproducir la dinámica (y no la intención) implícita en la frase. En boca del príncipe de Salina, significaba cambiar algo en la superficie para mantener las relaciones de poder: aplicar un barniz reformista de modo que la incipiente democracia no disturbara el discurrir de sus asuntos.
Josep Lobera apunta a la pérdida del centro como clave en el hundimiento electoral del PSOE (El país, 05/02/2011, p. 16). Muchos de quienes tenemos sensibilidad socialdemócrata deploramos la deriva de un partido que se ha ido decantando por la siembra de cizaña como herramienta de trabajo. El sábado, de nuevo: tanto Rubalcaba como Chacón amenazaban al PP con revisar el Concordato entre España y el Vaticano. Me parece sensato mejorarlo en todo aquello que suponga un avance. Ahora bien, ¿era preciso usar a la Iglesia –es decir, a los cristianos españoles– como arma arrojadiza? ¿No sería más progresista aunar esfuerzos con un colectivo que tanto trabaja por los necesitados de nuestro país y del mundo? ¿No conseguiríamos más buscando consensos amplios, en lugar de atizar los rescoldos de resentimientos artificiales e injustos...?
Hace casi doce años me ilusionó la apuesta de Rodríguez Zapatero por el talante dialogador; esa apuesta que él mismo se encargó de asfixiar y a la que Rubalcaba parece dar la puntilla. “Si quieren retroceder treinta años”, decía en su discurso, “retrocedamos en todo”. En efecto: lejos de avanzar por el rumbo de la socialdemocracia europea, el PSOE parece enfrascarse en un tribalismo decimonónico, propio de terratenientes que aplican a sus cambalaches el barniz de twitter para no soltar prenda. Quizá lo de parafrasear a Lampedusa fuera un lapsus freudiano.
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En la imagen: "Papa Freud, conflicted, with cigar", por Carla216 (fuente: flickr.com).
miércoles, 1 de febrero de 2012
Lo más progresista
No he votado al Partido Popular. Disiento de varios de sus enfoques en el plano económico o social. Me parece una respetable opción política, pero no le he dado mi apoyo. Pues bien, a ese partido le transmito mi reconocimiento por lo que sucedió ayer. El hecho de que fuera el ministro de Justicia quien pusiera fecha de caducidad a la ley española más conservadora e insolidaria que conozco no deja de estar impregnado de simbolismo. Mucho he escrito en este blog sobre el horror del aborto provocado, sobre su banalización irresponsable por parte del ala más huera del Partido Socialista. Con la recuperación del marco de supuestos, España gana en razonabilidad jurídica y en acogida al sujeto más débil, al más necesitado de protección, sin desatender la situación de las madres. Y eso es progresista.
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En la imagen: detalle del Guernica de Pablo Picasso (fuente: flickr.com).
domingo, 29 de enero de 2012
Bach, armonía del cosmos
¡Cuánto hemos de agradecerle! Nos enseñó a apreciar el orden en el firmamento de la música. Como un Ptolomeo redivivo: la contemplación continuada de la armonía del cosmos –se dice en la introducción al Almagesto– llevará al estudioso a cultivar en sí esa misma armonía tejida de “perseverancia, orden, simetría, serenidad”. Desde la órbita intimista de las piezas para instrumento solo hasta el universo exuberante de los oratorios: el mundo de Bach se convirtió en la quintaesencia del mundo. Fuente de inspiración desde Brahms hasta Procol Harum pasando por Bergman. Su música no deja de ejercer un poder civilizatorio cuyo quicio se halla en el enigma cósmico del orden.
Con emoción vine a saber de la celebración en Elche de la
cuarta Semana Bach. Hemos transitado por los senderos de la cantata, de la
música de cámara, de las piezas para órgano e incluso del cine. Con la clara
percepción –agudizada por el sucederse mediático de negativos índices macroeconómicos– de
que acceder a este universo pautado entraña un privilegio. Una tarea
civilizatoria que ha de seguir en marcha y abierta para todos.
(Al final del concierto de órgano en la basílica –con piezas
de Pachelbel, Telemann, Buxtehude y el propio Bach–, un señor inglés que estaba
sentado delante de mí se ha vuelto para estrecharme la mano y me ha dado las
gracias. No tenía por qué. Pero la única reacción adecuada a la toma de conciencia
del privilegio es agradecerlo.)
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En la imagen: "Bach's Third Suite", por Cowsgomoo :) (fuente: flickr.com).
lunes, 23 de enero de 2012
Giorno della Memoria, giorno del domani
Grazie a Manuelita mi accorgo che il prossimo venerdì, 27 gennaio, si celebra il Giorno della Memoria: anniversario dell'apertura dei cancelli di Auschwitz. E' Renzo Gattegna, presidente dell'Unione delle Comunità Ebraiche Italiane, a sottolinearne la portata educativa: "Il Giorno della Memoria, che è stato istituito con una Legge dello Stato che coinvolge, ed è fondamentale, il mondo della scuola, in questi anni ha contribuito a generare in tanti giovani gli anticorpi contro il pregiudizio, a diffondere una cultura dell’accoglienza, del rispetto delle diversità. E anche, ci auguriamo, a stimolare la voglia di conoscere, di studiare, di approfondire la storia" (dal sito web dell'UCEI).
Leggendo queste righe mi è balzato in mente un pensiero: come la memoria sia il fondamento della cittadinanza. Oggi si parla tanto sulla cittadinanza (italiana, spagnola, europea), sull'educazione dei cittadini, sulla coscienza cittadina... Eppure tutte diventano parole vuote se non vengono rese salde appunto dalla Memoria: memoria di ciò che ci è stato tramandato da quelli che ci hanno preceduto, memoria dei sacrifici che altri dovettero fare -anche a prezzo della loro vita- per donarci in lascito una terra in pace, libera e migliore, memoria di quelli che patirono le conseguenze dell'ingiustizia e dell'indiferenza altrui... Senza una viva consapevolezza di tutto ciò, ogni progetto di costruire una cittadinanza attiva è destinato a fallire.
E' per ciò che lo studio impegnativo della Storia mi sembra una vera e propria occorrenza sociale in un'epoca come la nostra, segnata dall'interconnessione e dallo sviluppo di strutture sempre più globali, più complesse quando si tratta di inserirvisi attivamente. Questa complessità grava sulle generazioni più giovani e diventa la sfida che rende necessaria una cittadinanza attiva fondata sulla Memoria. Fare memoria va dunque molto al di là di un anniversario: diventa un impegno politico.
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Nell'immagine: "Auschwitz II (Birkenau)", fotografia di Danielico (fonte: flickr.com).
sábado, 14 de enero de 2012
Viva la tele
Con 2012 he estrenado remodelación estética del blog; me gustaría hacer lo propio con alguna de mis opciones, digamos así, “políticas”. Entre ellas, mi hastío de la televisión española. Mucho he dicho en contra del deslizamiento hacia la mediocridad de cadenas como Antena 3, La Cuatro o, sobre todo, Telecinco – cadena que, como polizonte que sabotea el timón de un barco, bien haríamos en arrojar lejos de nosotros junto con todos los enemigos de la convivencia. Pero no quiero hablar hoy de esto: año nuevo, vida nueva.
Durante
las vacaciones de Navidad, entre otros quehaceres, he visto la tele. En mi apartamento prefiero recluirla calladita en una habitación clausurada.
Pero he pasado unas maravillosas vacaciones en casa de mis queridos padres. Y gracias a ellos he
descubierto una cadena que me ha hecho reavivar un rescoldo de esperanza.
Valiosos
documentales, como el dedicado a Rutka, el alter
ego polaco de Anna Frank; ficción de interés, como la miniserie
sobre el cardenal rojo Tarancón;
preciosos conciertos, como la gala musical retransmitida desde el puerto de
Santa Cruz de Tenerife... La 2 se ha convertido en el reducto de la sensatez televisiva en
nuestro país. Le dedico la primera entrada del blog en este año. Así me hago,
yo también, algo más sensato.
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En
la imagen: logotipo de La 2, segunda
cadena de la Televisión estatal española.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Jede Gabe ist eine Aufgabe
Hoy se cumplen años del fallecimiento de varias personas queridas. Entre ellas se encuentra uno de los patronos de este blog, Miguel de Unamuno (¡Don Miguel!, en el sonriente verbo de nuestra Loles). Fue él una de las personas que me inocularon la pasión irredenta por la filosofía. El mismo que, poco antes de concluir Cómo se hace una novela, kantianamente declara:
¿No es ya patria el camino? Y la patria, la celestial y eterna se entiende, la que no es de este mundo, el reino de Dios cuyo advenimiento pedimos a diario –los que lo pedimos–, esa patria ¿no seguirá siendo camino?
Camino y tarea como hogar donde vivir: he aquí el horizonte que se divisa desde este quicio que franquea el paso al 2012. Bellamente se dice en alemán con la expresión Jede Gabe ist eine Aufgabe: el don que se nos presta –la vida autoconsciente que a cada instante se nos renueva, eléctrico derroche de nuestras enigmáticas sinapsis– trae consigo una tarea. Que cada uno de nosotros pueda prestar oído a esa llamada. ¡Feliz año nuevo!
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En la imagen: "2012 calendar", fotografía de Danielmoyle (fuente: flickr.com).
domingo, 25 de diciembre de 2011
La risposta e il coraggio
Grazie a Paolo Bertezzolo leggo una riflessione di Piero Stefani sul Natale: “Per attingere alle profondità del Natale occorre viverlo come fonte di un divino accoglimento che ci incalza a essere umanamente accoglienti. Per quanto sia custodita solo dalla fede di alcuni occorre renderla una festa a favore di tutti”. Parole che anche a me hanno fatto riflettere.
Come altri, anch’io mi sento in un rapporto alquanto imbarazzante con le feste di Natale: è troppo evidente lo smarrimento del loro senso profondo, l’invasione consumistica e perfino l’oblio dei più poveri e sofferenti. E’ per ciò che, come altri, tendo a rifiutarne quella sfaccettatura ingannevole. Ed è per ciò che le parole dello Stefani echeggiano in me. Custodita dalla debole fiamma della fede, la festa del Natale deve diventare in ogni generazione una possente chiamata a favore di tutti. Questo è anche il senso delle parole di Edith Stein nella sua conferenza “Sul mistero del Natale”:
Questa semplice parola emana un fascino misterioso, cui ben difficilmente un cuore può sottrarsi. Anche coloro che professano un’altra fede e i non credenti, cui l’antico racconto del Bambino di Betlemme non dice alcunché, preparano la festa e cercano di irradiare qua e là un raggio di gioia.
Quell’ irradiare un raggio di gioia si trova alle radici del mistero cristiano dell’incarnazione e ne manifesta il senso universale, accessibile per credenti e non credenti. L’Universo è pervaso da un accordo profondo che risuona ancor oggi donandovi il senso e il motivo per la speranza. E’ da lì che sgorgano l’accoglimento e la gioia del Natale. E quanto bisogno ne abbiamo in quest’epoca di buio e incertezze! Se solo ascoltassimo dal profondo del nostro essere potremmo trovarvi la risposta per tante domande e il coraggio per l’azione.
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Nell’immagine:
"Natività", di Georges de La Tour, verso 1645 (museo di Rennes), dettaglio.
El acorde del Universo
Hay algo en la Navidad que me inquieta. Y que me hace
desconfiar. Me refiero a la carrera alucinada por convertirla en un festival
consumista, que cada vez comienza antes y desentona más con la realidad
mostrenca de los que carecen de tantas cosas. Denostar ese hipócrita espíritu navideño me suele parecer un
ejercicio de salud mental.
Y, sin embargo, ésta es sólo una verdad a medias. En su
faceta auténtica, la Navidad constituye una honda mediación cultural enraizada en el Evangelio cristiano: el deseo
de comunicar a todos, creyentes y no creyentes, que el Universo
entero vibra al acorde de un sentido profundo y que ese sentido consiste en el
amor: un amor originario, incondicional, que busca ser respondido desde la
libertad.
El espíritu de la Navidad se traduce en una red de
actitudes de las que nos hallamos profundamente necesitados. El encuentro y la acogida
que de ella emanan destilan el antídoto contra la codicia capitalista y el
consumo insolidario. El Niño de Belén y el ideal que habita en nuestro corazón se
dan la mano: la Navidad
hace vibrar el germen mejor de nosotros mismos.
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En la imagen: "El recién nacido", de Georges de La Tour, hacia 1645 (museo de Rennes).
domingo, 4 de diciembre de 2011
La única respuesta adecuada
Hay días en los que uno percibe por primera vez algo que había estado siempre ahí. El pasado viernes fue uno de ellos. Tuve la oportunidad de mantener una conversación distendida, a la hora del café y en la cantina de la Universidad, con varios de mis estudiantes de Antropología en Educación. Pude constatar hasta qué punto varios de ellos se sienten comprometidos con la construcción de nuestra sociedad, se inquietan con sus debilidades morales y se adhieren a propuestas políticas de progreso.
Esa misma tarde participamos en la quinta sesión de nuestro ciclo Antropología cinematográfica. Charlamos sobre el miedo y la esperanza como radicales antropológicos, con el hilo conductor del film The Road y la ponencia de nuestro querido Higinio Marín. En el último capítulo de su lúcida Teoría de la cordura, Higinio subraya el enlace entre esperanza y juventud:
Esa falta de angostura en el deseo de lo mejor que nos deja aspirar y tener buen ánimo para lo más grande tiene el nombre de magnanimidad: la inclinación a lo mejor y el buen ánimo para procurarlo que se expresa en el deseo típico de la juventud genuina, a saber, querer cambiar el mundo y cooperar para enderezarlo hacia su mejor versión.
Y jóvenes éramos –poseídos por la juventud genuina– los amigos que nos congregamos en aquella mesa redonda, rodeados por aquellos otros jóvenes que crecen al calor de sus años universitarios. El intérprete adecuado de todo ello sólo podía ser el niño protagonista del film, empeñado en agradecer todo lo que recibía, consciente de que nos hallamos envueltos en la dinámica del don: ante la cual la única respuesta adecuada es la gratitud.
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En la imagen: Kodi Smit-McPhee y Viggo Mortensen en un fotograma de The Road (John Hillcoat, 2009). El párrafo citado está extraído del libro de Higinio Marín Teoría de la cordura y de los hábitos del corazón (Valencia, Pre-Textos, 2010), p. 274.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Elecciones generales en España (y 3): pido la palabra
Con gran emoción leo la autobiografía de Stefan Zweig. Se trata de la obra recomendada en nuestro club de lectura universitario para este mes de noviembre. Zweig bebió de una feliz confluencia de afluentes intelectuales que permearon su Viena natal a caballo entre el siglo XIX y el XX; en ellos se hallaban autores de otros países, como Emile Verhaeren o Romain Rollad, con los que estrechó lazos de amistad y que con él compartían la vocación de trabajar, desde su común experiencia de la fraternidad de hecho, por la concordia entre los pueblos hermanos de Europa.
El inesperado estallido de la primera Guerra mundial supuso para Zweig el inicio de un amargo ocaso que se llevaría por delante su propia vida. Refiriéndose a la reducida pero real influencia que pudo ejercer en la causa por la paz, en el libro llama la atención sobre las muy diferentes condiciones que observó durante el siguiente conflicto mundial. En 1914, la palabra (de los políticos, de los intelectuales) aún era escuchada, tenida en cuenta, debatida; en cambio, en 1945 se encontraba tan devaluada que lo que unos y otros dijeran no cosechaba más que indiferencia:
La palabra todavía tenía autoridad entonces. Todavía no la había echado a perder la mentira organizada, la ‘propaganda’ (…) La conciencia moral del mundo todavía no estaba tan agotada ni desalentada como lo está hoy, aún reaccionaba con vehemencia, con la fuerza de una convicción secular, ante cualquier mentira manifiesta.
La sociedad europea del período de entreguerras fue víctima de un proceso cuyas raíces se hunden en una ideologización de la política provocada, entre otros fenómenos, por la comprensión totalitaria de la “razón de Estado”. Si el objetivo del poder se halla prefijado en un a priori ajeno a la libertad de los hombres –se trate de una utopía colectivista, de un capitalismo incontrolado o de la supervivencia del gobernante o del partido–, entonces decir la verdad o mentir puede resultar del todo indiferente. Buena muestra de ello nos la ha dado la a menudo mezquina práctica política de los últimos años. Y es esto lo que me subleva.
No podemos dejar que la palabra siga devaluándose. Que dé igual hablar que callar, porque el lenguaje ha sido previamente despojado de su valor en el calvario del ágora pública. Que nuestros jóvenes se acostumbren a no escuchar, porque nadie escucha a nadie y los foros públicos han quedado convertidos en un mercado de carne y heces; y que, al no escuchar, se autoexcluyan del mundo de las palabras, ese mundo que podría abrirles un horizonte nuevo y luminoso. Basta. No debemos mancharnos más. Nuestro voto ha de ayudarnos a recobrar el espacio público para la razón y la libertad. Sólo de esta manera nuestras crisis de hoy servirán para abonar los frutos de mañana.
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En la imagen: "11-M memorial", por Felipe Gabaldón (fuente: www.flickr.com). La cita de Stefan Zweig está extraída de su obra Die Welt von Gestern, traducida por J. Fontcuberta y A. Orzeszek: El mundo de ayer. Memorias de un europeo, Barcelona, Acantilado, 2001, p. 307.
Elecciones generales en España (2 de 3): pido la voz
No entiendo el cainismo político. Se me oculta la razón por la cual mis opciones habrían de estar construidas sobre la descalificación a priori de las opiniones ajenas. Aunque, mientras escribo estas líneas, reconozco que esa razón no me resulta del todo oscura: se trata de la voluntad de supervivencia, del deseo de ser, de ser más – que se yergue, sobre todo, cuando no nos sentimos seguros de nosotros mismos y de nuestras opiniones. Entonces caemos en el engaño de cercenar aquello que pone en tela de juicio nuestros vacilantes puntos de vista.
Dicho esto, va de suyo que considero legítimas todas las opciones políticas que se encuentren fundamentadas en argumentos racionales – y que, por lo tanto, creen las condiciones que posibiliten el debate racional y la toma de decisiones razonables. Opciones que retroalimenten la democracia y la hagan más fuerte, más capaz de responder a los desafíos que la convivencia presenta en cada época y contexto sociocultural. La organización democrática no constituye ninguna panacea para los interrogantes de la existencia; ahora bien, facilita un contexto adecuado para convivir e intentar afrontarlos.
Lo anterior significa que cualquiera de los partidos políticos que concurren a las próximas elecciones generales en España me parece una opción posible. Con alguna salvedad. Yo ya he votado –por correo– y he podido constatar la pobreza de la nómina de agrupaciones que participan en los comicios: varias de ellas, ligadas a objetivos muy parciales, que difícilmente pueden responder a los desafíos globales que se nos presentan. Por otra parte, el PSOE atraviesa una grave crisis de legitimidad. En este contexto, pocas opciones realistas hay. Una de ellas, sin duda, es el Partido Popular. La preparación de muchos de sus dirigentes y bastantes de los puntos que han especificado en su programa ofrecen perspectivas de cambio que resultan necesarias y deseables.
Por lo que a mí respecta, a la hora de votar he sopesado tanto los programas como la orientación general que considero necesaria en esta hora tan grave de nuestra historia política. Desconfío de las mayorías absolutas (a menos que se den entre partidos con pluralidad interna, real y efectiva, como sucede en Estados Unidos); por otra parte, mi sensibilidad política me acerca más a la socialdemocracia que al liberalismo – y esto, por motivos que tienen que ver con la relevancia que atribuyo a la solidaridad regional e internacional, a la regulación financiera y laboral o al papel de la educación pública. De ahí que haya depositado mi confianza en la Unión Progreso y Democracia liderada por Rosa Díez.
Me gusta su apuesta por la solidaridad entre las regiones y la racionalización del Estado autonómico, su intención de reformar la ley electoral para eliminar la ya absurda desigualdad que fomentan los mecanismos actuales, la vocación profundamente europeísta de su política exterior y la crítica sin ambages a nuestros recientes socios dictatoriales, la voluntad de buscar consensos razonables en torno a lo esencial y de evitar disputas estériles. He meditado sobre la actitud de UPyD ante el aborto: espero que, lejos de abandonarse a corrientes internas extremas, Rosa Díez se reafirme en la postura que adoptó en el Parlamento español en contra de la banalización del que es un auténtico drama existencial. He tenido en cuenta las reflexiones de personas, a las que admiro y aprecio, sobre los procesos internos en el partido. He pensado en la posible (ir)relevancia parlamentaria de mi voto. Y he votado en conciencia.
¿Se terminó? No. Queda todo por hacer. El compromiso político no se agota en el voto. Más bien comienza con él: como si de un símbolo se tratase, una muestra de que estamos dispuestos a trabajar por el bien común. En realidad, todo depende de nosotros. ¡Si sólo nos convenciéramos de esto! Actuaríamos con un gran sentido de la responsabilidad colectiva y nuestra sociedad se transformaría desde dentro. Desde dentro y no desde arriba: en comprender esto estriba el sentido de la democracia.
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En la imagen: cartel publicitario de UPyD, en fotografía de Chesi - Fotos CC (fuente: www.flickr.com).
Elecciones generales en España (1 de 3): de 2004 a 2011
Mi amigo Enrique me recuerda de vez en cuando –con visible diversión por su parte– con qué ojos miraba yo el mundo en aquel marzo de 2004. Me encontraba en Pamplona, donde había tenido lugar un congreso con motivo del bicentenario de Immanuel Kant, cuando los trenes de Atocha estallaron y el vuelco electoral del día 14 dio inicio a la primera legislatura del gabinete liderado por Rodríguez Zapatero. Con emoción leí su discurso inaugural. ¡Cuántas esperanzas deposité en su programa! De ahí la proporción de mi desengaño.
Durante estas dos legislaturas hemos sido testigos de la creciente erosión de la solidaridad entre las regiones españolas. Las batallas por el agua, por los privilegios estatutarios y las concesiones patrimoniales o tributarias han escenificado una serie de rupturas alentadas por el Gobierno central en su búsqueda de apoyos electorales en los caladeros nacionalistas. Una insolidaridad que llega a su culmen en el desmantelamiento de la educación pública. Las sucesivas leyes educativas han sumido el sistema estatal en una situación desconcertante. No se trata ya sólo de la deficiente política de inversiones (que convirtió la educación en la primera gran perdedora de la crisis, mientras se continuaba el despilfarro con miras electoralistas). Los continuos cambios normativos han fragmentado el espacio curricular en multitud de asignaturas de escaso valor científico, depauperando la formación de nuestros jóvenes y minando la función de la educación como vehículo de promoción social: nada más reaccionario y menos progresista.
La errática política nacional se ha reflejado en nuestras relaciones internacionales. Lejos de estrechar los lazos de amistad con nuestros naturales aliados europeos y americanos –países imperfectos pero democráticos–, la displicencia de nuestros gobernantes ha abierto heridas que después han pretendido cicatrizar con gestos insuficientes. Mientras tanto, estrechaban lazos con mandatarios dictatoriales o populistas en Cuba, Venezuela, Bolivia o China. El peso político de nuestro país se ha resentido por todo ello. Cosa nada banal: con él no queda mermado sólo el prestigio, sino también nuestra capacidad de influir a favor de la paz y la concordia en el mundo.
Pero muchos españoles no hubieran reaccionado –cosa que, ciertamente, no les honra– si todo ello no hubiese tenido su trasunto económico. La crisis financiera, de profundas raíces morales –en un modo de vida trastocado por el consumismo y la desconexión entre trabajo, valor real y precio de los productos– ha hincado el diente en nuestro país con efectos lacerantes que, en parte, podían haber sido evitados. Ya me he referido a la vergonzosa y culpable negación de la crisis en la campaña electoral de 2008: el PSOE ha incurrido con ello en una culpa histórica por la que debe rendir cuentas.
Y todo ello, en un contexto de creciente polarización social en el que las palabras han sido arrojadas como armas. Al anuncio del talante sucedieron medidas de alcance social –relacionadas con la vida, con la estructura familiar, la adopción, el divorcio, la formación juvenil o la memoria histórica, entre las que ha destacado la modificación del estatuto jurídico del aborto– que fueron puestas en marcha sin concitar el consenso de los grupos políticos, sin un proceso de reflexión concienzuda en torno a los argumentos científicos o las sensibilidades sociales y sin imaginación para hallar eficaces puntos de encuentro. Un despropósito que ha cristalizado en divisiones estériles.
Frente a los despropósitos, los escasos aciertos del gabinete socialista resultan hoy casi invisibles. Pienso, por ejemplo, en la Ley de dependencia o en la reforma de las relaciones económicas entre el Estado y la Iglesia católica: gotas de agua en un mar embravecido por la imprevisión y la mala fe. "Nos conviene que haya tensión", le susurró Rodríguez Zapatero a Iñaki Gabilondo en un plató televisivo. Lo ha logrado.
El decepcionante repaso de estos años me lleva a constatar que el PSOE de Rodríguez Zapatero ha dejado de ser un partido socialdemócrata. La insolidaridad entre las regiones, la depauperación de la educación pública, el acercamiento a regímenes dictatoriales o populistas, el atentado contra el trabajo y la economía de los ciudadanos sobre la base de cálculos electoralistas o el fomento de las divisiones sociales no forman parte del espíritu de la socialdemocracia. Un vecino como Noruega (al que, no por casualidad, el diario El país dedicó un amplio reportaje en el suplemento dominical del 30 de octubre) nos muestra el reverso de esta herencia emponzoñada.
Quizá la vía pase por un rotundo fracaso electoral que conduzca al PSOE –como en su momento a la UCD– a la disolución. Se podría refundar entonces la izquierda española sobre bases más sólidas, con programas no lastrados por revanchismos históricos y una auténtica voluntad democrática de consenso. Que ello suceda en torno a la UPyD de Rosa Díez o a partir del mejor núcleo del felipismo me parece, en este grave momento histórico, secundario. Importa más que la socialdemocracia lleve a cabo su aportación al bien común. Para ello debe recobrar el sentido de la responsabilidad: su pérdida ha conducido a un trágico hundimiento, en una nave pilotada por malos líderes. Capitanes sin rumbo, que parecen haberse apropiado el dicho que se atribuye a Luis XV: “Después de mí, el diluvio”.
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En la imagen: tercera jornada de la sesión de investidura (11/04/2008), fotografía de Inma Mesa (fuente: http://www.psoe.es/ / sala de prensa).
martes, 8 de noviembre de 2011
Jesu en la memoria
En su vida hubo dos viajes. El externo le llevó a vivir con su esposo y sus hijos en una ciudad francesa, no lejos de la Selva Negra. El interno estuvo jalonado por pérdidas y ganancias. Entre las primeras, el temprano fallecimiento de su marido – “un andaluz tan claro”, como cantaba García Lorca, “tan rico de aventura”. Entre las ganancias, su andadura por un camino de fe gracias al cual hizo tesoro de sus vivencias y llegó a comprender tantas cosas.
Ese viaje concluyó y, a la vez, comenzó hace unos días. Nos deja con la sensación de que junto a nosotros ha pasado un alma esculpida en un taller oculto y experto: un alma delicada y hermosa. Pie Jesu, qui tollis peccata mundi, dona Jesu sempiternam requiem.
Ese viaje concluyó y, a la vez, comenzó hace unos días. Nos deja con la sensación de que junto a nosotros ha pasado un alma esculpida en un taller oculto y experto: un alma delicada y hermosa. Pie Jesu, qui tollis peccata mundi, dona Jesu sempiternam requiem.
viernes, 14 de octubre de 2011
Sonata de otoño

Cada vez que veo el film –la última en la FNAC de Murcia, con motivo de la presentación de nuestro volumen colectivo sobre Bergman– más me convenzo de que se trata de una explicación del amor: de lo que no es amor, de lo que sólo entraña amor sui, búsqueda de sí mismo, indiferencia y hasta hastío de aquél que intenta modelar al otro a imagen propia. Como en un negativo se pergeña el contorno del amor auténtico, amor benevolentiae – tal y como sucederá en la última obra de Bergman (Saraband) con el personaje ausente de Anna. Hace poco se lo oí a una persona sabia: amar tiene que ver con dar de más y sin esperar nada.
El amor excede los lazos de mutua beneficencia que bien pueden ser explicados de forma naturalista – a saber, partiendo de las ventajas evolutivas que la benevolencia trae consigo en la struggle for life. Es mucho más que eso. “Hay como una gracia”, escribe la atormentada Eva a su exasperante y frágil madre, “es decir, la oportunidad que tenemos de ocuparnos de los demás, de ayudar a los demás, de demostrar afecto”. Superponiendo lo que dice y lo que da a entender, el film se convierte en una pieza de cámara que aterra y fascina presentándonos el gran desafío de la existencia.
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En la imagen: fotograma de Höstsonaten / Herbstsonate
(Ingmar Bergman, 1978). (c) Svenskfilmindustri.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La solidaridad y la JMJ
Algunas reacciones ante la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid han puesto al descubierto jugosas contradicciones de la sociedad española. Particularmente, de cierta mal llamada izquierda. Porque si algo caracteriza a los programas socialdemócratas, de los que me siento muy cercano, es su vocación de promover la solidaridad entre las regiones y los países, frente al individualismo o al nacionalismo propios de la extrema derecha o incluso de la izquierda radical.
Sin embargo, ciertos grupos de esa izquierda espuria manifestaron un visceral rechazo a la celebración de la JMJ. Constatarlo ha provocado en mí no poca perplejidad. El ruido mediático pivotó en torno a las acusaciones sobre la financiación, que resultaron ser un fiasco. El 16 de agosto, la prensa se hizo eco de las declaraciones oficiales del Gobierno, a través de José Blanco, que corroboraban lo ya sabido: lejos de generar gasto neto al Estado, la JMJ proporcionaría beneficios que incluso podrían doblar las inevitables inversiones (asumidas, en todo lo posible, por agentes privados y por la propia Iglesia).
Pero hay más tela que cortar. La Iglesia católica está ofreciendo una ayuda ingente a los sectores más castigados por la crisis económica, ayuda que se cuenta por miles de millones y procede de donativos. Nada de extrañar: la solidaridad se encuentra en el corazón del Evangelio. La JMJ constituye, en este sentido, una escuela de fraternidad que rebasa las fronteras de países y lenguas para promover una comunidad cosmopolita y abierta a la diferencia.
Entender la JMJ como una demostración de fuerza –aquí pudo residir la inquietud de algunos– deforma su estructura esencial. No son ejércitos esas multitudes de jóvenes; no buscan imponer su fe, sino profundizar en ella. Esto se refleja, en muchísimos casos, en un compromiso activo con la construcción de una sociedad más justa y pacífica. Rechazar algo así denota inquinas ancladas en un tiempo que no es el nuestro, prejuicios que mal se compadecen con una opción sinceramente solidaria. Rémoras de las que nos hemos de desprender para progresar.
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En la imagen: detalle del aspecto que ofrecía Cuatro Vientos durante la tarde del sábado 20.08.2011 (fuente: http://www.madrid11.com/).
sábado, 3 de septiembre de 2011
Lavorare instancabilmente

Per seconda volta e con grandissimo piacere ho letto il romanzo di Fiodor Dostoievskij I fratelli Karamazov. E l'ho fatto di nuovo nella traduzione di Maria Rosaria Fasanelli pubblicata presso Garzanti: per me le parole del maestro russo risuonano nella lingua del Dante.
Che tesoro, quello delle vicende di Dimitrij, Ivan e Alioscia, che si intrecciano con le inquietudini di ogni uomo ed epoca! Imparai a conoscerlo durante il mio soggiorno romano grazie alle lezioni di O'Donnell sul problema del male. Di acqua ne è passata sotto i ponti, ma ogni volta getta luce nuova sulla mia vita.
Quest'estate erano le parole dello starec Zosima a colpirmi specialmente. Più volte consiglia Alioscia di lavorare, di lavorare senza posa. Se ne trova la ragione ultima nella sua risposta alla disperata vedova Chochlakova: è dall'amore attivo che scaturisce la fede - l'esperienza dell'amore cioè apre la via della conoscenza di Dio ad ogni uomo, credente o meno. Poi è la fede a rendere più saldo l'amore umano, spesso così fragile ed esitante. Zosima-Dostoievskij si schiera così contro la tesi di Ivan (e di certa interpretazione di Nietzsche o dell'esistenzialismo) sulla morte di Dio.
Anch'io mi trovo così all'inizio di quest'anno accademico: chiamato a lavorare instancabilmente succeda quel che succeda, spinto ad aggiungere il mio granellino di sabbia ("la mia cipollina", direbbe Alioscia) alla costruzione di una società nuova e migliore. Ecco perché la peripezia dei Karamazov è stata per me un aiuto rinnovato e un soffio d'aria fresca.
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Immagine: copertina de I fratelli Karamazov nella seconda edizione della traduzione di M. R. Fasanelli presso Garzanti (2008).
martes, 23 de agosto de 2011
Sin miedo
Esta entrada hace las veces de aperitivo. Durante el mes de septiembre comentaré varios aspectos jugosos de las Jornadas Mundiales de la Juventud concluidas el pasado domingo. Pero hasta entonces aún falta un trecho (el último de mis vacaciones) y no quiero dejar pasar más tiempo sin escribir algún apunte sobre las JMJ. Y es que esta vez he tomado parte en las Jornadas como voluntario - concretamente, en una sección de nombre excitante: el ERI (Equipo de Reacción Inmediata, ahí es nada).
¡Qué hermoso ha sido conocer a los voluntarios JMJ de Madrid (a unos pocos de los casi treinta mil)! Me quedo admirado y edificado por su dedicación, su capacidad de sufrimiento, su solidaridad. Y por los silencios. Resulta muy difícil despejar el espacio interior cuando uno se halla inmerso en tareas o rodeado de multitudes. No se me olvidará el recogimiento de mis compañeros mientras seguíamos la vigilia de oración (a través de la tele: ¡estábamos de guardia!). Al día siguiente pude comprobar, durante la eucaristía en Cuatro Vientos, cómo el silencio recogido por los micrófonos no se restringía al escenario: impresionaba constatar la atención con la que cientos de miles de peregrinos escuchaban y oraban juntos.
Tampoco echaré en saco roto el jolgorio y la resistencia gozosa durante la tormenta del sábado. Fue realmente divertido ver la fiesta general y la sonrisa de complicidad del Papa en la que él caracterizó como una aventura vivida juntos. Como si glosara las palabras con las que inauguró su estancia: "Yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz". Gracias a Benedicto XVI por preocuparse activamente por la juventud. Gracias a los peregrinos. Y gracias a los voluntarios por el ejemplo que me dáis.
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En la imagen: una jovencísima voluntaria de las JMJ Madrid 2011 (fuente: madrid11.com).
martes, 5 de julio de 2011
El tragaluz
Termino de releer la pieza teatral de Antonio Buero Vallejo El tragaluz (1967) con motivo de la tertulia que le hemos dedicado en el Club de lectura de la Universidad. Recuerdo que cayó en mis manos mientras estudiaba el Bachillerato. Me produjo una honda impresión, que no ha hecho sino crecer con el tiempo.
El tragaluz posee los ingredientes requeridos para cautivar: a los pliegues interiores de unos personajes verídicos en su complejidad (en particular El Padre, Vicente y Mario) se suma el progresivo desvelamiento de una serie de enigmas que atañen a la ambivalente relación de Encarna con los dos hermanos, a la intrahistoria de la familia, a la causa de la locura del Padre. Me fascina que la acción se enmarque en un experimento. Asistimos a la proyección de unas imágenes reconstruidas desde el futuro a partir de las trazas que los hechos dejaron en la trabazón física del cosmos. Él y Ella, los investigadores, nos advierten de que lo que ante nosotros sucede (“realidad total”) responde a un proyecto.
Se trata de recuperar las historias singulares que nos precedieron. De mirar la Historia a través de sus ojos, para así evitar caer en los errores del pasado: comprendiendo lo que hicieron, compadecernos de ellos –inocentes y culpables– para así reconocernos como sujetos de acciones de las que otros se apiadarán en el futuro. Y este ejercicio de piedad universal entraña un proyecto ético de renovación:
ELLA. Nos sabemos ya solidarios, no sólo de quienes viven, sino del pasado entero. Inocentes con quienes lo fueron; culpables con quienes lo fueron. (…) Condenados a seleccionar, nunca recuperaremos la totalidad de los tiempos y las vidas. Pero en esa tarea se esconde la respuesta a la gran pregunta, si es que la tiene. (…) Ese eres tú, y tú y tú. Yo soy tú, y tú eres yo.
Recuperar El tragaluz ha sido una suerte.
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En la imagen: "Miré esperando ver tu rostro", por Gato Verde (fuente: flickr.com).
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