
[Juan Nadie es el título español de una película de Frank Capra: Meet John Doe. Se trata de un film emocionante y sugerente. El editorial de enero de Unidad en la pluralidad está inspirado en ese personaje: "Despierta, Juan Nadie". Bien vale ese editorial para poner letra a a pensamientos y acciones de las últimas semanas.]
"En una emblemática película, un joven desahuciado se convertía, de la noche a la mañana, en una estrella mediática. Y lo hacía encarnando el prototipo de gente corriente, de hombre de la calle o Juan Nadie. Su primer discurso radiofónico era todo un programa; millones de personas lo imitarían a partir de entonces. Vale la pena reproducir algunos de sus párrafos. “Voy a hablar de nosotros,” comenzaba, “la gente normal: los Juan Nadie. Si les preguntaran cómo es el Juan Nadie corriente, no podrían decirlo porque... es un millón de cosas. Es el señor grande y es el señor pequeño, es ignorante y es sabio; es esencialmente honrado, pero tiene un grado de ladrón dentro de sí. Rara vez entra en una cabina telefónica sin mirar en la ranura por si alguien se ha dejado diez céntimos. Es el hombre para quien redactan los anuncios, aquél a quien todo el mundo vende cosas, aquél que siempre acaba pagando el pato, y es la mayor fuerza del mundo. Sí señor, somos una gran familia los Juan Nadie. Somos los mansos que teníamos que heredar la Tierra.”
Los Juan Nadie están en todas partes y han existido desde siempre: “hemos construido las pirámides, hemos visto a Cristo crucificado, extraído metales para los emperadores romanos, navegado en la carabelas de Colón (...). Sí señor, hemos estado allí aportando nuestro grano de arena desde los inicios de la Historia del mundo, y en nuestra lucha por la libertad hemos golpeado la lona muchas veces, pero siempre hemos vuelto a la lucha porque somos el pueblo y somos fuertes. (...) La gente libre podemos cambiar el mundo”, decía Juan Nadie, “si nos lo proponemos. Sé que muchos de ustedes se preguntan: ¿Qué puedo hacer?, sólo soy un pobre hombre, yo no cuento.– Pues se equivocan”. Pero “tenemos que actuar todos juntos y lanzarnos. No podremos ganar el juego si no hacemos un trabajo de equipo, y ahí es donde aparece cada Juan Nadie. Depende de él el unirse a su compañero, y su compañero de equipo, amigos míos, es la persona que tiene al lado. Su vecino es una persona terriblemente importante (...) Para la mayoría de ustedes, su vecino es un extraño... Pero ahora ya no puede ser extraño nadie que forme parte de su equipo. Así que derriben esos setos que les separan. Derríbenlos, y derribarán todos los odios y prejuicios. (...) Sí, amigos míos: los mansos heredarán la Tierra cuando los Juan Nadie comiencen a amar a sus vecinos. Y será mejor que empiecen ahora: no esperen a que el juego se suspenda por falta de luz. Despierta, Juan Nadie. Eres la esperanza del mundo.” [De Juan Nadie (Meet John Doe, Estados Unidos 1941), dirigida por Frank Capra con guión de Robert Riskin.]
Siempre es la hora de los Juan Nadie. Ellos – nosotros – estamos siempre a punto de perecer y a punto de conseguir la victoria. Sin embargo, corren tiempos especialmente decisivos para los Juan Nadie españoles. Hemos recibido una enorme herencia, un patrimonio fabuloso: desde el acervo cultural (en nuestra tradición filosófica, jurídica, científica, literaria o artística) hasta el tesoro depositado en nuestras manos con la transición a la democracia y el establecimiento de un régimen de libertades. Por su relevancia histórica, su riqueza cultural y su posición económica, España está llamada a jugar un papel importante en el concierto de las naciones, en la construcción de la paz y en la solidaridad con los más pobres del mundo.
Sin embargo, esta alta tarea contrasta lamentablemente con el estado de la política nacional. Dominada por los intereses de las regiones; desorientada por polémicas artificiales ligadas a intereses de minorías; confundida por una retórica ambigua en la que sólo cuenta la imagen – y no la verdad y la honradez –, la política española ha alcanzado niveles de mediocridad que no resisten la comparación con otras democracias europeas.
Es preciso que los Juan Nadie españoles frenemos esta deriva. No se trata ahora de aferrarse a las diferencias que nos separan (y cuyos efectos devastadores pudimos experimentar en el pasado siglo). Se trata de invertir el proceso de degeneración que afecta a los ámbitos vitales de nuestra sociedad: en primer lugar, a la educación, trágicamente devaluada por leyes erráticas; en segundo lugar, a la convivencia, envenenada por los egoísmos regionalistas y por los delirios de grupos violentos amparados por la pasividad del Ejecutivo (o por su connivencia interesada); en tercer lugar, a la vivienda, abandonada a la especulación de promotores e instituciones de préstamo; en cuarto lugar, a la seguridad, puesta en juego por la incapacidad de nuestros gestores de afrontar con éxito las nuevas formas de delincuencia; en quinto lugar, a las propias formas de convivencia política, corrompidas por la descalificación y por la retórica engañosa. Todo ello halla su fiel reflejo en la pérdida de fuerza moral de España en la escena internacional, paralela a nuestra escandalosa cercanía a algunos de los regímenes totalitarios más crueles e hipócritas del planeta: Cuba, China o Venezuela, por ejemplo.
Se nos preguntará – como al Juan Nadie de la película de Capra – qué podemos hacer al respecto. Podemos hacer mucho. En primer lugar, generar la reflexión en las altas instancias del partido en el poder. El PSOE ha perdido el norte de su vocación política. Y lo ha hecho a causa de la inexperiencia, de la ineptitud y – en algunos casos – de la manifiesta falta de honradez del actual equipo de gobierno. Es urgente que el partido socialista, que representa a millones de españoles que se sienten legítimamente identificados con su concepción de la política, reoriente el rumbo de sus decisiones y atienda al bien común – en lugar de seguir políticas de imagen que apenas encubren una lamentable ausencia de ideas y de iniciativas reales de futuro.
Esto se puede lograr con el voto. En esta coyuntura es preciso que los votantes de izquierda deriven su voto hacia fuerzas actualmente más solventes. En particular, podrán hacerlo sin dificultades ideológicas optando por la Unión de Progreso y Democracia liderada por Rosa Díez y Fernando Savater. Es muy deseable que el Partido Popular gane las elecciones – con mayoría absoluta o sin ella – y que introduzca reformas legales que garanticen el cambio de rumbo. En particular, es urgente que se ponga freno al egoísmo desmesurado de los políticos nacionalistas, para evitar el aumento de la desigualdad entre las comunidades autónomas y una sangría económica que favorece programas sectarios y profundamente antidemocráticos en Cataluña y País Vasco o en Galicia y Baleares. Urge recuperar la credibilidad de la clase política en España. Del mismo modo, es necesario que nuestro país reanude relaciones normales y responsables con sus aliados democráticos, y que abandone las connivencias con dictaduras bananeras o totalitarismos asiáticos. Todo eso será posible con un cambio de rumbo, en el que los votantes de izquierda juegan un papel decisivo.
Los Juan Nadie sólo heredarán la Tierra si se unen. Por encima de las disputas ideológicas – que un nuevo concepto de política debe ayudarnos a superar – se encuentra la unión en la búsqueda del bien común. No es difícil aterrizar ese concepto – bien común – en algunos objetivos concretos: (1) educación de calidad que contribuya a la promoción real de nuestros jóvenes; (2) solidaridad entre las regiones; (3) accesibilidad de una vivienda digna; (4) seguridad en nuestras calles; (5) responsabilidad social de nuestros políticos; (6) lucha contra el totalitarismo en el orden internacional. Es hora de despertar. Y las urnas son el aldabonazo. Es nuestra la responsabilidad, y nuestra la esperanza."
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Editorial de Unidad en la pluralidad, 5 (2008), pp. 2-3. En la imagen: Gary Cooper y Barbara Stanwyck en Meet John Doe (Frank Capra, EEUU 1941).