domingo, 14 de junio de 2026

Yo pienso en mí mismo como ser humano

   

El vuelo de una bandada de pájaros compone un prodigioso concierto visual, fruto de la evolución biológica. En el mundo antiguo, la gente miraba a menudo el vuelo de las aves. La ornitomancia servía para interpretar si portaban o no buenos augurios, si habría suerte o si llegarían desgracias. En todo ello se presagiaba la conexión etológica entre el comportamiento animal y las alteraciones del medio ambiente, mezclado con borrosas nociones de conexión cósmica. 

Donald Trump ha concitado a su alrededor una heterogénea bandada de pajarracos de la peor clase. Unos y otros han desparramado malos augurios a diestro y siniestro: desde casa propia –con unos niveles de polarización nunca vistos desde la guerra del Vietnam hasta nuestros días, y con miedo en no pocos grupos sociales– hasta los vecinos y los aliados tradicionales, con la vuelta de una manía pseudoimperial. Asistir a las evoluciones de esa serie de pajarracos permite barruntar sus pautas, sus giros, las alianzas y los parecidos con la ultraderecha (ver “Ultradreta: l’antítesi del trellat”, Cresol, 25/172, julio-septiembre de 2024, pp. 10-11).

La reciente polémica entre Elon Musk e Irene Montero nos da un botón de muestra. El hombre más rico del mundo es el mismo que, en su flirteo con Trump, ha desmantelado la Agencia Estadounidense para el Desarrollo, con la previsible consecuencia de hasta catorce millones de muertos de aquí a 2030 (ver “Votos que pueden matar”, Levante-EMV, 09/06/2025). Cuando Montero felicita al gobierno de España por el proyecto de regularizar medio millón de inmigrantes –que, como evidencian organismos nacionales e internacionales, contribuirán a la riqueza del país– y por el rechazo implícito de fascismo y racismo, Musk reacciona con una invectiva que revela su ignorancia o su malicia. Ahora bien, ¿cómo se había enterado él de las declaraciones de Montero...? A través de un post publicado en X por Eva Vlaardingerbroek, jurista y política holandesa conocida por oponerse a las vacunas y al feminismo. El pasado 1 de febrero, Vlaardingerbroek escribió: «Esta mujer, que está llamando a reemplazar a la gente Blanca, está casada con un hombre Blanco y tiene tres niños Blancos. Ese nivel de traición –no ya a tu propia gente, sino a tus propios niños– sólo puede ser calificado de patología estrema o pura maldad, o de ambos».

La desnudez de lo que dice llama la atención (y también la mayúscula en el adjetivo White, “Blanco”). Sin disimulos, sin avergonzarse, exalta el color de la piel. No la verdad, no la dignidad o la justicia: la piel (Blanca). Como si nunca hubiera habido reivindicación de los derechos humanos, lucha contra el esclavismo, abominio del racismo. Es la voz primitiva la que lo regurgita: hay que defender a la tribu.

Este discurso halla en nuestra casa su espejo. En España, y según el estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado en septiembre de 2024, la inmigración ascendió ese año al primer lugar de las preocupaciones ciudadanas. Seguidamente, una encuesta monográfica realizada por el Instituto 40dB para el diario El País y la cadena SER desglosaba la correlación entre la inquietud por el fenómeno migratorio y las adhesiones políticas: mientras el 29% de los votantes del PSOE consideraban preocupante la presencia extranjera, la cifra ascendía al 73% entre los votantes de VOX. En febrero de este año, el líder de este partido, Santiago Abascal, ha atacado duramente a las instituciones que apoyan la iniciativa legislativa popular de regularizar a más de medio millón de inmigrantes –en particular, a la Iglesia católica–, acusándolas de ser cómplices de la inmigración ilegal por afán de lucro.

En las Cortes valencianas, la complicidad de PP y VOX ha permitido aprobar, en el pasado octubre, un Plan de Estadística 2025-2028 en el que se diferenciarán los datos de la población autóctona e inmigrante en ámbitos como el uso de las emergencias sanitarias, las donaciones de sangre o la aportación neta al Estado. Se trata de un planteamiento tramposo. Los datos procedentes de ese filtrado tendrían relevancia política si se cumpliesen ciertos presupuestos: por ejemplo, que todos los grupos de población partiesen de las mismas condiciones sociosanitarias; o que las personas inmigrantes no estuviesen cubriendo sectores laborales que, de otro modo, quedarían desatendidos. El informe Funcas La inmigración en España: retos, impacto y políticas, presentado el pasado 12 de febrero, señala cómo la mitad del crecimiento del PIB desde 2022 –que pone a nuestro país a la cabeza de la Unión Europea– se debe a la contribución laboral de la población inmigrante. Según datos de enero recogidos por el Instituto Nacional de Estadística, la comunidad valenciana lidera la recepción de inmigrantes. La presencia de personas nacidas en otros países –en torno al 20% de la población– tiene lugar en un marco favorable, reflejado en los estudios de opinión. Sin embargo, no hemos de pensar que el tejido social resulte impermeable; en particular, el segmento de población juvenil que ve obstaculizado su progreso –per ejemplo, a raíz del encarecimiento de alquiler y vivienda– constituye el caladero de votos del discurso xenófobo.

Vlaardingerbroek, Abascal y los suyos confunden la Humanidad con la tribu, la civilización con el color de la piel. El resultado es la defensa de un darwinismo social que nos retrotrae a pájaros de mal augurio. Y, sin embargo, otro discurso es posible.

En el film de Stanley Kramer Adivina quién viene a cenar esta noche, y en un duro y memorable diálogo, el protagonista se encara con su padre. Ambos son negros. El hijo está encarnado por Sidney Poitier, quien se distinguió por su lucha contra los prejuicios sociales. «Tú piensas en ti mismo como hombre de color», le dice al padre, «yo pienso en mí mismo como hombre». A duras penas se puede sintetizar mejor una verdad fundacional de la civilización, tal y como la conocemos y la queremos. No blanco ni negro: ser humano.


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Artículo propio publicado en la revista
 Cresol, Valencia (abril-junio 2026), pp. 16-17. En la imagen, un estudio de manos realizado por Leonardo da Vinci hacia el 1490 y conservado en la Royal Collection de Londres


Jo pense en mi mateix com a ésser humà

  

El vol d’una bandada d’ocells compon un prodigiós concert visual, fruit de l’evolució biològica. En el món antic, hom es mirava sovint el vol dels ocells. L’ornitomància servia per a interpretar si portaven o no bons auguris, si hi hauria sort o arribarien desgràcies. En tot això es presagiava la connexió etològica entre el comportament animal i les alteracions del medi ambient, barrejada amb boiroses nocions de connexió còsmica.

Donald Trump ha concitat al seu voltant una heterogènia bandada d’ocellots de la pitjor mena. Uns i altres han escampat mals auguris a tot arreu: des de casa pròpia –amb uns nivells de polarització mai vistos des la guerra del Vietnam ençà, i amb por en no pocs grups socials– fins als veïns i als aliats tradicionals, amb el retorn d’una dèria pseudoimperial. Assistir a les evolucions d’eixe reguitzell d’ocellots permet albirar-ne les pautes, els girs, les aliances i les semblances amb la ultradreta (veure “Ultradreta: l’antítesi del trellat”, Cresol, 25/172, juliol-setembre 2024, pp. 10-11).

La recent polèmica entre Elon Musk i Irene Montero ens en dóna un botó de mostra. L’home més ric del món és el mateix que, en el seu flirteig amb Trump, ha desmantellat l’Agència Estatunidenca per al Desenvolupament, amb la previsible conseqüència de fins a catorze milions de morts d’ací al 2030 (veure “Vots que poden matar”, Levante-EMV, 09/06/2025). Quan Montero felicita el govern d’Espanya pel projecte de regularitzar mig milió d’immigrants –que, com palesen organismes nacionals i internacionals, contribuiran a la riquesa del país– i pel rebuig implícit de feixisme i racisme, Musk reacciona amb una invectiva que revela la seua ignorància o la seua malícia. Ara bé, com s’havia assabentat ell de les declaracions de Montero...? Mitjançant un post publicat a X per Eva Vlaardingerbroek, jurista i política holandesa coneguda per oposar-se als vaccins i al feminisme. Passat 1 de febrer, Vlaardingerbroek escrigué: «Aquesta dona, que està cridant a reemplaçar la gent Blanca, està casada amb un home Blanc i té tres nens Blancs. Eixe nivell de traïdoria –no ja a la teua pròpia gent, sinó als teus propis nens– sols pot ser qualificat de patologia extrema o pura maldat, o d’ambdós».

La nuesa del que diu crida l’atenció (i també la majúscula en l’adjectiu White, “Blanc”). Sense embolcalls, sense avergonyir-se’n, exalta el color de la pell. No la veritat, no la dignitat o la justícia: la pell (Blanca). Com si mai no hi haguera hagut cap reivindicació dels drets humans, cap lluita contra l’esclavisme, cap abomini del racisme. És la veu primitiva a regurgitar-ho: cal defensar la tribu.

Aquest discurs troba el seu mirall a casa nostra. A l’Estat espanyol, i segons l’estudi del Centre d’Investigacions Sociològiques (CIS) fet públic el setembre del 2024, la immigració ascendí eixe any al primer lloc de les preocupacions ciutadanes. Tot seguit, una enquesta monogràfica sobre la immigració, realitzada per l’Institut 40dB per al diari El País i la cadena SER, desglossava la correlació entre la inquietud pel fenomen migratori i les adhesions polítiques: mentre el 29% dels votants del PSOE consideraven preocupant la presència estrangera, la xifra ascendia al 73% entre els votants de VOX. En febrer d’enguany, el líder d’aquest partit, Santiago Abascal, ha atacat durament les institucions que recolzen la iniciativa legislativa popular de regularitzar mig milió d’immigrants –en particular, l’Església catòlica–, tot acusant-les de ser còmplices de la immigració il·legal per afany de lucre.

A les Corts valencianes, la complicitat de PP i VOX ha permès aprovar, el passat octubre, un Pla d’Estadística 2025-2028 en què es diferenciarà dades de població autòctona i immigrant en àmbits com ara l’ús de les emergències sanitàries, les donacions de sang o l’aportació neta a l’Estat. Es tracta d’un plantejament trampós. Les dades procedents d’eixe triatge tindrien rellevància política si s’acomplissin certs pressuposts, com ara que tots els grups de població partiren de les mateixes condicions sociosanitàries o que les persones immigrants no estigueren cobrint sectors laborals que altrament romandrien desatesos. L’informe Funcas La immigració a Espanya: reptes, impacte i polítiques, presentat el passat 12 de febrer, assenyala com la meitat del creixement del PIB del 2022 ençà –que converteix el nostre país en capdavanter a la Unió Europea– es deu a la contribució laboral de la població immigrant. Segons dades de gener recollides per l’Institut Nacional d’Estadística, la comunitat valenciana lidera la recepció d’immigrants. La presència de persones nascudes a altres països –al voltant del 20% de la població– s’esdevé en un marc favorable, reflectit als estudis d’opinió. Tanmateix, no hem de pensar que el teixit social siga impermeable; en particular, el segment de població juvenil que veu entrebancat el seu progrés –per exemple, arran de l’encariment de lloguer i habitatge– constitueix el calador de vots del discurs xenòfob.

Vlaardingerbroek, Abascal i els seus confonen la humanitat amb la tribu, la civilització amb el color de la pell. El resultat és la defensa d’un darwinisme social que ens retrotrau a ocells de mal auguri. I, tanmateix, altre discurs és possible.

Al film de Stanley Kramer Endevina qui ve a sopar, el protagonista s’encara amb son pare en un dur i memorable diàleg. Ambdós són negres. El fill ve encarnat per Sidney Poitier, qui es distingí per la seua lluita contra els prejudicis socials. «Tu penses en tu mateix com a home de color», li diu al pare, «jo pense en mi mateix com a home». Amb prou feines es pot sintetitzar millor una veritat fundacional de la civilització, tal i com la coneixem i com la volem. No blanc ni negre: ésser humà.


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Article propi publicat a la 
revista Cresol, Valencia (abril-juny 2026), pp. 16-17. En la imatge, estudi de mans realitzat per Leonardo da Vinci envers el 1490 i conservat a la Royal Collection de Londres


miércoles, 1 de abril de 2026

Postales de Alejandría en Valencia

 


Hace unos meses bromeábamos con una querida amiga. Nos imaginábamos qué aspecto tendría Cleopatra en la producción Julio César en Egipto, prevista para febrero y marzo en el Palau de les Arts. Visto el gusto del coliseo valenciano por las escenografías minimalistas y rompedoras, Cleopatra aparecería quizá —se nos ocurría— como secretaria en la oficina de un tal César. No podíamos barruntar que sería más o menos así: en su primera aparición en el escenario, la encarnación de la diosa Isis viste un sencillo traje de chaqueta y baila en torno a una silla de ruedas tipo oficina. 

Empezado el espectáculo, las opciones escenográficas —a caballo entre baile veneciano de máscaras, diseño de Christian Lacroix, y mobiliario funcional— no harían presagiar más que un correcto espectáculo musical. Sin embargo, la representación procede en un auténtico crescendo. Una de las progresiones más asombrosas a las que he asistido, al nivel de las mejores producciones de la Staatsoper de Viena.

Bien pronto, la calidad de las voces de la pareja protagonista —Aryeh Nussbaum Cohen, contratenor que sustituye al castrato barroco (Julio César), y Marina Monzó, soprano (Cleopatra)— lleva a olvidar cualquier veleidad. Vincent Boussard, director de escena, y Frank Philipp Schlößmann, encargado de la escenografía, trasladan la acción a escenarios de abstracta geometría distribuidos con marcos móviles que separan ambientes y tonalidades cromáticas. Se van pergeñando así postales de una rara belleza: no ya de Alejandría —a excepción de unas esquemáticas pirámides, no hay rastro de Egipto—, sino de las pasiones del alma: tristeza, desesperación, enloquecimiento, ira, alegría.

El primer acto se cierra con una cima de la narrativa musical y escenográfica: el dúo «Son nata a lagrimar» entre la romana Cornelia y su hijo Sesto. Sara Mingardo, contralto, y Arianna Vendittelli, soprano, tejen un diálogo que deslumbra y conmueve. Cuando se abre el segundo acto, el aria estrella «V’adoro, pupille» —que Monzó borda en técnica y melisma— se mueve en una esfera semejante de emocionante armonía. Hasta el final, los intérpretes compiten por emularse unos a otros en perfección. Detrás de ellos, una Orquesta de Valencia tocada de gracia. Su virtuosismo y el trabajo del director musical, Marc Minkowski, logran niveles de excelencia en la instrumentación historicista, la precisión contrapuntística y el equilibrio sonoro.

Georg Friedrich Händel estrenó la ópera Giulio Cesare in Egitto, en el King’s Theatre de Londres, el 20 de febrero de 1724. El 7 de abril, en San Nicolás de Leipzig, Johann Sebastian Bach dirigía la primera ejecución de la Pasión según San Juan. Monumentos de la música barroca; tiempo de genios. Arte que pide ser recreado en cada generación. Postales de Alejandría, cartografía de las pasiones del alma, en Valencia.


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Artículo propio publicado en el diario Levante (20/03/2026). En la imagen, detalle del cuadro de Lawrence Alma-Tadema Moisés salvado de las aguas (1904). Aunque recrea a la hija del faraón en el relato bíblico, la editorial Planeta la eligió para ilustrar la portada de la novela de Terenci Moix, protagonizada por Cleopatra, No digas que fue un sueño


Postals d'Alexandria a València

 


Fa uns mesos, fèiem un acudit amb una benvolguda amiga. Ens imaginàvem quin aspecte tindria Cleòpatra a la producció Giulio Cesare in Egitto, prevista per a febrer i març al Palau de les Arts. Atès el gust del coliseu valencià per les escenografies minimalistes i trencadores, Cleòpatra apareixeria tal vegada —vàrem bromejar— com a secretària a l’oficina d’un tal Cèsar. No podíem albirar que seria més o menys així: en la seua primera aparició a l’escenari, l’encarnació de la deessa Isis duu un senzill vestit de jaqueta i dansa entorn d’una cadira de rodes tipus oficina.

En encetat l’espectacle, les tries escenogràfiques —a cavall entre ball venecià de màscares, disseny de Christian Lacroix, i mobiliari funcional— no farien presagiar més que un correcte espectacle musical. Tanmateix, la representació procedeix in un veritable crescendo. Una de les progressions més esbalaïdores a què mai he assistit, al nivell de les millors produccions de la Staatsoper de Viena.

Ben aviat, la qualitat de veus de la parella protagonista —Aryeh Nussbaum Cohen, contratenor substitutiu del castrato barroc (Julius César), i Marina Monzó, soprano (Cleòpatra)— fa oblidar qualsevol vel·leïtat. Vincent Boussard, director d’escena, i Frank Philipp Schlößmann, encarregat de l’escenografia, traslladen l’acció cap a escenaris d’abstracta geometria distribuïts amb marcs mòbils que separen ambients i tonalitats cromàtiques. Es van engiponant així postals d’una rara bellesa: no ja d’Alexandria —llevat d’unes esquemàtiques piràmides, d’Egipte no n’hi ha deixalla—, sinó de les passions de l’ànima: tristesa, desesperació, embogiment, ira, joia.

El primer acte es clou amb una cimera de la narrativa musical i escenogràfica: el duo «Son nata a lagrimar» entre la romana Cornèlia i son fill Sesto. Sara Mingardo, contralt, i Arianna Vendittelli, soprano, teixeixen un diàleg que enlluerna i commou. Quan s’obri el segon acte, l’ària estrela «V’adoro, pupille» —que Monzó broda en tècnica i melisma— es mou en una esfera semblant de trasbalsadora harmonia. Fins a la cloenda, els intèrprets competeixen per a emular-se en perfecció. En el rerefons, una Orquestra de València tocada de gràcia. El seu virtuosisme i el treball del director musical, Marc Minkowski, aconsegueixen nivells d’excel·lència en la instrumentació historicista, la precisió contrapuntística i l’equilibri sonor.

Georg Friedrich Händel estrenà l’òpera Giulio Cesare in Egitto, al King’s Theatre de Londres, el 20 de febrer del 1724. El 7 de abril, a sant Nicolau de Leipzig, Johann Sebastian Bach dirigia la primera execució de la Passió segons San Joan. Monuments de la música barroca; temps de genis. Art que demana de vindre reviscolat en cada generació. Postals d’Alexandria, cartografia de les passions de l’ànima, a València.


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Article propi publicat al diari Levante (20/03/2026). En la imatge, detall de l'obra de Lawrence Alma-Tadema The Finding of Moses (1904). Tot i recrear la filla del faraó en el relat bíblic, l'editorial Planeta la trià per a il·lustrar la portada de la novel·la de Terenci Moix, protagonitzada per Cleòpatra, No digas que fue un sueño


domingo, 8 de marzo de 2026

Trump i el Lebensraum

 


Quan Adolf Hitler i el seu exèrcit desfilaren per la Ringstraße de Viena, els aclamà una gentada de desenes de milers. Hi veien el reunificador del poble de mateixa parla, una promesa de prosperitat, la mà forta que podria fer de nou gran el país. Hi ha diferències essencials entre eixe escenari i el que Donald Trump ha engegat al Veneçuela amb l’atac de dissabte 3 de gener. Ací no es tracta pas d’una annexió. Nicolás Maduro és un dictador feroç que ha fet de la corrupció, la tortura i la violència el seu modus operandi; del 2024 ençà es manté al poder de forma il·legítima. No els manca raó a milions de veneçolans que per tot arreu celebren la seua detenció. Com m’escriu un meu benvolgut amic, immigrant veneçolà a València: «Todo sea por un bien».

Tanmateix, no sembla gens clar que tot siga per a bé. La Constitució estatunidenca estableix que un atac militar ha de rebre el vistiplau en seu parlamentària. Trump no ha exposat els seus plans al congrés: sabia que no vindrien recolzats amb majoria suficient. Les raons que al·lega per a la intervenció resulten fal·laces. Ni els opiacis –com ara el fentanil– que han produït estralls a diverses ciutats estatunidenques no provenen majoritàriament de Veneçuela, ni el país caribeny posseeix cap poder per a desestabilitzar la seguretat nacional.

Trump vol imposar la pròpia llei al pati del darrere de casa. Li mou l’objectiu evident del guany. Vol el petroli veneçolà –de retruc, negat a la Xina– i, amb ell, espai vital per a l’economia estatunidenca. Vol Lebensraum. I ha optat per arrabassar-lo amb la violència. Vet ací una volta de femella a la doctrina Monroe i al corol·lari que hi afegí Theodor Roosevelt, el 1904, justament arran del bloqueig naval al Veneçuela. En l’Estratègia de Seguretat Nacional publicada el passat novembre es va recollir el «corol·lari de Trump a la doctrina Monroe». Aquest inclou «establir o expandir l’accés a indrets estratègicament importants» (p. 16).

Tot això succeeix dins d’una grollera barreja entre allò públic i allò privat. La roda de premsa rere la invasió no s’ha tingut a cap edifici del govern, sinó a la mansió de Trump en Mar-a-Lago. Lluny d’exposar un precís full de ruta, ha amollat que els Estats Units «will run Venezuela»: en prendran el control. N’hi ha prou amb comprovar com s’han desestabilitzat amples regions arran de les operacions estatunidenques a Afganistan o Iraq, i les esfereïdores conseqüències globals d’això, per a adonar-se de l’extrema perillositat de tals intervencions.

La ineptitud diplomàtica de Trump i del seu equip només té parangó amb el seu agosarament. Han fet ulls clucs a totes les normes vigents: les de la democràcia estatunidenca i les del dret internacional. S’acosten així, encara més, al Vladímir Putin que envaí Ucraïna en cerca de Lebensraum. Vet ací l’esglaiadora convergència entre dictadors d’ahir i ara.

Malauradament, la joia dels nostres germans veneçolans pot no trigar gaire a donar pas a la constatació del caos. Nosaltres els desitgem, de tot cor, el millor. A hores d’ara però, allò cert és que s’ha trepitjat la legalitat a la vista de tothom. I això no fa esperar res de bo.


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Article propi publicat al diari Levante (05/01/2026). 

 

Trump y el Lebensraum

 










Cuando Adolf Hitler y su ejército desfilaron por la Ringstraße de Viena, una multitud de decenas de miles los aclamó. En él veían al reunificador del pueblo de la misma lengua, una promesa de prosperidad; la mano fuerte que podría, de nuevo, hacer grande al país. Hay diferencias esenciales entre ese escenario y el que Donald Trump ha puesto en marcha en Venezuela con el ataque del sábado 3 de enero. No se trata ya aquí de una anexión. Nicolás Maduro es un dictador feroz que ha hecho de la corrupción, la tortura y la violencia su constante modo de actuar; desde el 2024 se mantiene en el poder de forma ilegítima. No les falta razón a millones de venezolanos que celebran su detención por todas partes del mundo. Como me escribe un querido amigo, inmigrante venezolano en Valencia: «Todo sea por un bien».

Sin embargo, no parece nada claro que todo sea para bien. La Constitución estadounidense establece que un ataque militar ha de recibir el visto bueno en sede parlamentaria. Trump no ha expuesto sus planes al congreso: sabía que no los respaldaría con mayoría suficiente. Las razones que alega para la intervención resultan falaces. Ni los opiáceos como el fentanilo, que han producido estragos en varias ciudades estadounidenses, provienen mayoritariamente de Venezuela, ni el país caribeño posee poder alguno para desestabilizar la seguridad nacional. 

Trump quiere imponer la propia ley en el patio de atrás de casa. Le mueve el objetivo evidente de la ganancia. Quiere el petróleo venezolano –que, de rebote, se le niega a China– y, con él, espacio vital para la economía estadounidense. Quiere Lebensraum. Y ha optado por arrebatarlo con la violencia. He aquí una vuelta de tuerca a la doctrina Monroe y al corolario que le añadió Theodor Roosevelt, en 1904, justamente a raíz del bloqueo naval a Venezuela. En la Estrategia de Seguretat Nacional publicada el pasado noviembre se recogió el «corolario de Trump a la doctrina Monroe». Éste incluye «establecer o expandir el acceso a enclaves estratégicamente importantes» (p. 16).

Todo ello sucede dentro de una grosera mezcla entre lo público y lo privado. Tras la invasión, la rueda de prensa no tuvo lugar en ningún edificio del gobierno, sino en la mansión de Trump en Mar-a-Lago. Lejos de exponer una precisa hoja de ruta, soltó que los Estados Unidos «will run Venezuela»: tomarán el control. Basta con comprobar cómo se han desestabilizado amplias regiones a raíz de las operaciones estadounidenses en Afganistán o Irak, y sus espeluznantes consecuencias globales, para darse cuenta de la extrema peligrosidad de tales intervenciones. 

La ineptitud diplomática de Trump y de su equipo sólo tiene parangón con su osadía. Han cerrado los ojos a todas las normas vigentes: las de la democracia estadounidense y las del derecho internacional. Se acercan así, aún más, al Vladimir Putin que invadió Ucrania en búsqueda de Lebensraum. He aquí la sobrecogedora convergencia entre dictadores de antes y de ahora.

Por desgracia, la alegría de nuestros hermanos venezolanos puede no tardar demasiado en dar paso a la constatación del caos. Nosotros les deseamos, de todo corazón, lo mejor. Ahora bien: en estos momentos, lo cierto es que se ha violado la legalidad a la vista de todo el mundo. Y eso no hace esperar nada bueno.


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Artículo propio publicado en el diario Levante (05/01/2026). 

domingo, 8 de febrero de 2026

El escándalo de la pobreza y la salida hegeliana




Text original en valencià

Mi querido Higinio Marín ha publicado recientemente un artículo en estas páginas: «El miedo obliga» (Levante-EMV, 07/09/2025). En pocas palabras, y en las mías, su tesis es que lo que no consiguió la ética lo logrará el miedo: el primer mundo no remediará el escándalo de la pobreza por convencimiento moral, sino para que no lo fagociten las masas empobrecidas. Con 'pobreza' no me refiero aquí sólo al hambre y a la carencia de bienes esenciales para la subsistencia biológica: también a la miseria cultural y al desposeimiento de derechos. La tesis de Marín concierne, entre otros, al fenómeno migratorio: será por miedo al inmigrante que los países pudientes se darán cuenta de veras de que hay que promover el tejido político y económico de los territorios de donde aquél proviene. Y es que «ante la inmigración no hay solución perdurable que no sea también una solución para todos: acabar con la pobreza que la causa».

Se trata de una idea enraizada en el pensamiento moderno. Yo diría que en el trasfondo se hallan, al menos, dos hilos conductores. Fue Immanuel Kant quien señaló cómo incluso la vertiente más oscura de la condición humana –no ya pan de ángel, sino leño retorcido– contribuye al progreso de la historia. Lo hace por una astucia de la razón entrelazada con la búsqueda de la propia subsistencia: la supervivencia del individuo sólo viene garantizada si nos encontramos al abrigo de la hostilidad. Se entrevé aquí el papel del miedo hobbesiano al que Marín alude. Ese hilo conductor se radicaliza en la epopeya hegeliana de la historia. Para Georg W. F. Hegel, el movimiento histórico implica negación, contraposición, conflicto; es de ese engranaje dramático que emerge una superación real y efectiva. La historia no deviene lineal sino dialécticamente.

El argumento expuesto por Marín parece conectar con ambos hilos conductores. Formaría parte de la narrativa histórica, aquí y ahora al menos, que lo que la concienciación moral no ha podido lograr –combatir el escándalo de la pobreza en su raíz– sea promovido por el miedo al inmigrante.

Y, sin embargo, creo que esa conexión sólo es aparente.

Para Kant, el progreso humano se da si la acción brota de una intención propiamente ética. Ahora bien, remediar la miseria por conveniencia no viene movido por tal intención. Se podría objetar –y tengo razones para creer que Marín no lo haría– que lo que interesa ahora es la dialéctica histórica y no el talante moral. No obstante, yo diría que ese movimiento narrativo –la promoción del tercer mundo a raíz del miedo al inmigrante– encubre una dialéctica inoperante. El motivo es que no procede del haberse hecho cargo de lo real, de un reconocimiento del otro: es pura autorreferencialidad, apariencia sin avance real, onanismo trumpiano. Se mueve en la mera superficie. Por eso, cuando se dice: «Puede ser que la historia nos conduzca hacia donde no habríamos ido por nosotros mismos», me parece que ese «hacia donde» no señala un lugar de superación y progreso, sino un mero tránsito hacia una involución: un espejismo.

La auténtica dialéctica implica hacerse cargo de lo otro, digerirlo en la conciencia histórica. La crisis migratoria es hija de la radicalización del marco neocapitalista y de sus vicios estructurales. El capitalismo salvaje arraiga en la dinámica de acumulación de bienes y poder, en la explotación del ser humano y de la naturaleza; por eso se opone a la vida, ahoga su pluralidad y agota sus capacidades. Superar la oposición entre vida y capitalismo extractivo quiere decir caminar hacia una cultura del reconocimiento, de la mutua pertenencia, que sólo puede enraizarse en la conciencia de que el otro es otro yo. Quiere decir luchar contra la alienación, pasar del yo al nosotros. Sin esa conciencia de cohumanidad no hay auténtica dialéctica ni progreso duradero: apenas ha pasado el miedo, caen las máscaras y se vuelve a lo de antes.

Y, sin embargo, otra manera de vivir es posible. La historia alberga ese corazón dialéctico movido por el reconocimiento del otro. Éste palpita más fuerte: y es que lo mueve la sangre de la humanidad entera, sin exclusiones de ningún tipo. El propio Marín lo ha puesto de relieve en otros lugares. La condición humana tiene una raíz más profunda que el miedo.

 

Artículo propio publicado en el diario Levante (23/09/2025, p. 4). En la imagen, fotomontaje de Josep Renau conservado en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). 

 

lunes, 8 de diciembre de 2025

L'escàndol de la pobresa i l'eixida hegeliana







El meu benvolgut Higinio Marín ha publicat recentment un article a aquestes pàgines: «El miedo obliga» (Levante-EMV, 07/09/2025). Ras i curt, i en les meues paraules, la seua tesi és que allò que no va assolir l’ètica ho aconseguirà la por: el primer món no posarà remei a l’escàndol de la pobresa per convenciment moral, sinó per a que no el fagociten les masses empobrides. Amb ‘pobresa’ em referisc ací no només a la fam i la manca de bens essencials per a la subsistència biològica; també a la misèria cultural i al desposseïment de drets. La tesi de Marín concerneix, entre altres, el fenomen migratori: serà per por a l’immigrant que els països benestants s’adonaran de debò que cal promoure el teixit polític i econòmic dels territoris d’eixida dels emigrants. Doncs «ante la inmigración no hay solución perdurable que no sea tambien una solución para todos: acabar con la pobreza que la causa».

           Es tracta d’una idea arrelada al pensament modern. Jo diria que en el rerefons n’hi ha almenys dos fils. Fou Immanuel Kant a assenyalar com fins i tot el vessant més fosc de la condició humana –no ja pa d’àngel, sinó fusta retorçuda– contribueix al progrés de la història. Ho fa per una astúcia de la raó entrellaçada amb la cerca de la pròpia subsistència: la supervivència de l’individu sols ve garantida si hom es troba a l’abric de l’hostilitat. Ací s’albira el paper de la por hobbessiana esmentada per Marín. Eixe fil ve radicalitzat en l’epopeia hegeliana de la història. Per a Georg W. F. Hegel, el moviment històric implica negació, contraposició, conflicte; és d’eixe engranatge dramàtic que emergeix una superació real i efectiva. La història no s’esdevé linealment sinó dialècticament.

           L’argument exposat per Marín sembla connectar amb ambdós fils. Faria part de la narrativa històrica, almenys ací i ara, que allò que la conscienciació moral no ha pogut assolir –doncs combatre l’escàndol de la pobresa a la seua arrel– vinga promogut per la por a l’immigrant.

           I, tanmateix, crec que eixa connexió és sols una semblança.

           Per a Kant, només hi ha progrés humà si l’acció brolla d’una intenció pròpiament ètica. Ara bé, posar remei a la misèria per conveniència no ve mogut per una tal intenció. Es podria objectar –i tinc raons per a creure que Marín no ho faria– que allò que interessa ara és la dialèctica històrica i no pas el seu tarannà moral. Nogensmenys, jo diria que eixe moviment narratiu –la promoció del tercer món arran de la por a l’immigrant– encobreix una dialèctica inoperant. El motiu és que no prové d’un fer-se càrrec d’allò real, d’un reconeixement de l’altre: és pura auto-referencialitat, aparença sense avanç real, onanisme trumpià. Es mou en la mera superfície. Per això, quan es diu: «Puede ser que la historia nos conduzca hacia donde no habríamos ido por nosotros mismos», em sembla que eixe «hacia donde» no assenyala un lloc de superació i progrés, sinó un mer trànsit cap a una involució: un miratge.

          La veritable dialèctica comporta fer-se càrrec d’allò altre, digerir-lo en la consciència històrica. La crisi migratòria és filla de la radicalització del marc neocapitalista i dels seus vicis estructurals. El capitalisme salvatge s’arrela a la dinàmica d’acumulació de bens i poder, a l’explotació de l’ésser humà i de la natura; per açò s’oposa a la vida, n’ofega la pluralitat i n’exhaureix les capacitats. Superar l’oposició entre vida i capitalisme extractiu vol dir anar cap a una cultura del reconeixement, de la mútua pertinença, la qual només es pot arrelar a la consciència que l’altre és un altre jo. Vol dir lluitar contra l’alienació, passar del jo al nosaltres. Sense eixa consciència de co-humanitat no hi ha veritable dialèctica ni progrés durador: a penes ha passat la por, cauen les màscares i es torna a allò previ.

          Tanmateix, altra manera de viure és possible. La història cobeja eixe cor dialèctic, mogut pel reconeixement de l’altre. Aquest bateja més fort: i és que el mou la sang de la humanitat sencera, sense exclusions de cap mena. El propi Marín l’ha posat en relleu a altres llocs. La condició humana té una arrel més pregona que la por.
 

Article propi publicat al diari Levante (23/09/2025, p. 4). En la imatge, fotomuntatge de Josep Renau conservat a l'Institut Valencià d'Art Modern (IVAM). 

 

sábado, 20 de septiembre de 2025

Trump y Mazón, contra el conocimiento



    







Un espacio de resistencia: así consideran a la Universidad Donald Trump y los suyos. He aquí por qué pretenden ahogar a la rebelde Harvard denegando el acceso a los extranjeros o recortando sus fondos públicos. Trump ha logrado récords. Después de culpar a los gobiernos precedentes del pretendido declive de los Estados Unidos, sus falsedades, decisiones y omisiones han hundido la economía hasta niveles pandémicos; han generado una inseguridad social nunca vista desde la caza de brujas; han producido una desconfianza inédita entre los países aliados; han respaldado el bárbaro ataque de Vladimir Putin a Ucrania y al genocidio que Benyamin Netanjahu está llevando a cabo en Gaza.

    La embestida a la Universidad reaviva una lucha secular entre civilización y barbarie. Para el tirano, el conocimiento encierra un peligro: acrece el poder de aquellos a los que quiere someter. Por ello hay que desprestigiar a la Universidad, como antes hubo que lanzar fango sobre la credibilidad de los medios de comunicación. A cambio, convienen redes sociales de amigos oligarcas, como Elon Musk; ya hemos podido darnos cuenta de hasta qué punto se trataba de amistad por conveniencia.

    Con la DANA, Carlos Mazón se ha revelado como aprendiz de Trump. Ha culpado a otros: los técnicos, el gobierno actual, los anteriores. Se ha manifestado por elecciones anticipadas; él, que no se ha movido un ápice tras la manifestación más numerosa en la historia de la ciudad de Valencia. Y ha menospreciado el conocimiento, ya el mismo 29 de octubre. Mientras el jefe de la AEMET en Valencia, José Ángel Núñez, reiteraba con datos fehacientes el peligro a las puertas, Mazón afirmaba a mediodía que la DANA iba a virar hacia Cuenca. Mientras la rectora de la Universidad de Valencia, junto con el comité de emergencias, había decretado cerrar los campus a las 21:00 h. de la víspera, él lo tildaba de exagerado antes de irse a comer. Mientras a las 15 h. el servicio de meteorología de À Punt, dirigido por Victoria Rosselló, pedía a los telespectadores que no saliesen de casa, la alarma del Centro de Coordinación no llegaba hasta las 20:11 h. 

    La decisión de Mavi Mestre y de su comité disminuyó el caos y quién sabe cuántas muertes evitó. Los equipos de Núñez y Rosselló no lograron la influencia necesaria: cuál no sería su angustia al darse cuenta de que no les escuchaban. Ni la ciencia ni la Universidad ni los medios de comunicación fueron tenidos en cuenta.

    En el trasfondo, la lucha por el poder. Perderlo resulta arriesgado cuando se tienen causas judiciales. Por ello, autócratas como Vladimir Putin, Benyamin Netanjahu y Donald Trump se aferran a él con uñas y dientes. Harían bien Carlos Mazón y su gobierno en dejar la Generalitat en un gesto digno de la honorabilidad del cargo. Y, sin embargo, no se trata sólo de dirigentes: hay élites que menosprecian la democracia. Todos ellos se encontrarán delante la Universidad, donde se promueve la libertad fundamentada en el conocimiento. En una cosa tienen razón: es un espacio de resistencia.


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Artículo propio publicado en el diario Levante (03/07/2025, p. 4). En la imagen, una instantánea que capté durante la manifestación que tuvo lugar en la capital valenciana el 9 de noviembre de 2024. 



Trump i Mazón, contra el coneixement

 


    







Un espai de resistència: així consideren la Universitat Donald Trump i els seus. Heus ací perquè pretenen ofegar la rebel Harvard tot denegant-hi l’accés a estrangers o retallant-ne els fondos públics. Trump ha assolit rècords. Després de culpar els governs precedents del pretès declivi dels Estats Units, les seues falsedats, decisions i  omissions n’han enfonsat l’economia fins a nivells pandèmics; han generat una inseguretat social mai vista des de la caça de bruixes; han produït una desconfiança inèdita entre els països aliats; han donat suport al bàrbar atac de Vladímir Putin a Ucraïna i al genocidi que Benjamin Netanjahu duu endavant a Gaza.

    L’envestida a la Universitat reviscola una lluita secular entre civilització i barbàrie. Per al tirà, el coneixement encerra un perill: acreix el poder d’aquells que vol sotmetre. Per ço cal desprestigiar la Universitat, com abans calgué llençar fang sobre la credibilitat dels mitjans de comunicació. A canvi, convenen xarxes socials d’oligarques amics, com ara Elon Musk; ja ens hem pogut adonar de fins a quin punt era amistat per conveniència.

    Amb la DANA, Carlos Mazón s’ha revelat macip de Trump. Ha culpat altres: els tècnics, el govern actual, els anteriors. S’ha manifestat per eleccions anticipades; ell, que no s’ha mogut rere la manifestació més nombrosa en la història del Cap i casal. I ha menyspreat el coneixement, ja el mateix 29 d’octubre. Mentre el cap de l’AEMET a València, José Ángel Núñez, reiterava amb dades fefaents el perill a les portes, Mazón afirmava a migdia que la DANA havia de virar cap a Conca. Mentre la rectora de la Universitat de València, junt amb el comitè d’emergències, havia decretat tancar els campus a les 21:00 h. del vespre, ell ho titllava d’exagerat abans d’anar-se’n a dinar. Mentre a les 15 h. el servei de l’oratge d’À Punt, dirigit per Victòria Rosselló, pregava els espectadors de no eixir de casa, l’alarma del Centre de Coordinació no arribava fins a les 20:11 h. 

    La decisió de Mavi Mestre i del seu comitè minvà el caos i qui sap quantes morts evità. Els equips de Núñez i Rosselló no assoliren la influència necessària: quina no seria la seua angoixa en adonar-se que no els escoltaven. Ni la ciència ni la Universitat ni els mitjans foren tinguts en compte.  

    En el rerefons, la lluita pel poder. Perdre’l resulta arriscat quan hom té causes judicials. Per ço autòcrates com ara Vladímir Putin, Benjamin Netanjahu i Donald Trump s’hi aferren amb ungles i dents. Farien bé Carlos Mazón i el seu govern a deixar la Generalitat en un gest digne de l’honorabilitat del càrrec. I, tanmateix, no es tracta només de dirigents: hi ha elits que menyspreen la democràcia. Tots ells es trobaran davant la Universitat, on es promou la llibertat fonamentada en el coneixement. En una cosa tenen raó: és un espai de resistència.


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Article propi publicat al diari Levante (03/07/2025, p. 4). En la imatge, una instantània que vaig captar en la manifestació celebrada el 9 de novembre del 2024 al Cap i Casal. 

domingo, 27 de julio de 2025

Vots que poden matar

  










Una cançó d’Ana Belén recreava el poder salvífic i destructiu alhora de l’aigua: «Aguas que mueven molinos / son las mismas aguas que pueden matar» (Planeta agua, del disc Ana en Río). Està en l’ordre de les coses que sovint ens mostren eixos dos vessants. Una de les moltes realitats d’eixa mena són els vots que es depositen en les urnes electorals: amb ells es pot promoure la vida; amb ells es pot infligir la mort.
El 20 de gener d’enguany, Donald Trump prengué possessió del càrrec de president dels Estats Units per segona vegada. L’havia votat el 49,80% de l’electorat. Es tractà d’una majoria ajustada: el 48,32% donà suport a la candidata demòcrata, Kamala Harris. Això, sobre una participació global del 64,1%: més d’un terç de la població censada no acudí a votar. Trump tornà al poder amb rancúnia no vetllada contra aquells que entrebancaren la seua primera legislatura, la que a aquestes mateixes pàgines vaig relacionar amb un esbojarrat aprenentatge (“Donald Trump, aprenent de bruixot”, Levante-EMV, 16/01/2021). Aquesta segona legislatura està duent-se a terme sense pietat cap a propis i estranys, amb el deliberat propòsit de bandejar qualsevol espai crític de resistència, des de la judicatura fins a la Universitat (veure “Trump i Mazón, contra el coneixement”, Levante-EMV, 30/06/2025).
Tanmateix, la càrrega mortífera dels vots que li han dut al poder s’està palesant ara. Amb l’encàrrec de dur a terme una retallada financera en les institucions de l’Estat, Elon Musk encetà el procés de desmantellament de diversos serveis; entre ells, l’Agència Estatunidenca per al Desenvolupament Internacional (en les sigles en anglès, USAID). La major part dels programes de la USAID han sigut tancats per exhauriment dels fondos a l’abast. Segons una recerca de The New York Times duta a terme amb funcionaris de l’agència que mantenen l’anonimat, sols els projectes en marxa més urgents haurien sigut represos; i açò, a instàncies del secretari d’Estat, Marco Rubio. Musk abandonà la seua tasca el 30 de maig; el dany però ja era fet. Tot plegat, llavors seguien actius només 891 programes dels 6.256 que hi havia el gener (“What remains of U.S.A.I.D.?”, The New York Times, 22/06/2025).
La revista científica The Lancet ha publicat una estimació de les conseqüències d’eixe desmantellament (“Evaluating the impact of two decades of USAID interventions and projecting the effects ofdefunding [...]”, 30/06/2025). Eren molts els projectes que s’hi finançaven: d’ajut a la infància, de suport sanitari, de seguretat alimentària, d’acollida als refugiats... L’estudi, signat per investigadores i investigadors d’Espanya, Estats Units, Brasil i Moçambic, projecta un escenari esborronador. Si no es reverteix la deriva, d’ací al 2030 podrien morir al voltant de catorze milions de persones en els països en vies de desenvolupament; d’elles, entre quatre i cinc milions podrien ser nenes i nens menors de cinc anys.
Vet ací perquè la cimera de Nacions Unides celebrada a Sevilla resulta transcendental. Cal trobar vies comunes per a socórrer milions d’éssers humans que pateixen mals extrems. Es tracta de pal·liar el deliri a què ha donat peu un allau de vots que, com en cascada, han reviscolat un dels pitjors malsons del segle. Trump i els seus macips de bruixot han desfermat forces gràvides de barbàrie: vots que poden matar.

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Article propi publicat al diari Levante (09/07/2025, p. 3). En la imatge, "Invasió" (2008), fotomuntatge de Martha Rosler de la sèrie Casa bonica: portant la guerra a la llar (Institut Valencià d'Art Modern). 






Votos que pueden matar

   










Una canción de Ana Belén recreaba el poder salvífico y, a la vez, destructivo del agua: «Aguas que mueven molinos / son las mismas aguas que pueden matar» (Planeta agua, del disco Ana en Río). Se halla en el orden de las cosas que, a menudo, nos muestren esas dos vertientes. Una de las muchas realidades de ese tipo son los votos que se depositan en las urnas electorales: con ellos se puede promover la vida; con ellos se puede infligir la muerte.
El 20 de enero de este año, Donald Trump tomó posesión del cargo de presidente de Estados Unidos por segunda vez. Le votó el 49,80% del electorado. Se trató de una mayoría ajustada: el 48,32% apoyaba a la candidata demócrata, Kamala Harris. Ello, sobre una participación global del 64,1%: más de un tercio de la población censada no acudió a votar. Trump regresó al poder con un rencor no velado contra quienes pusieron trabas a su primera legislatura, la que en estas mismas páginas relacioné con un aprendizaje delirante (“Trump, aprendiz de brujo”, Levante-EMV, 16/01/2021). Esta segunda legislatura está llevándose a cabo sin piedad hacia propios y extraños, con el deliberado propósito de poner al margen cualquier espacio crítico de resistencia, desde la judicatura hasta la Universidad (ver “Trump i Mazón, contra el coneixement”, Levante-EMV, 30/06/2025).
Sin embargo, la carga mortífera de los votos que le han llevado al poder se está evidenciando ahora. Con el encargo de llevar a cabo un recorte financiero en las instituciones del Estado, Elon Musk puso en marcha el desmantelamiento de distintos servicios; entre ellos, la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (en las siglas en inglés, USAID). Al agotarse los fondos a disposición, la mayor parte de los programas de USAID han sido clausurados. Según una investigación de The New York Times realizada entre funcionarios de la agencia, que mantienen el anonimato, se habrían recuperado sólo los proyectos en marcha más urgentes; y esto, a instancias del secretario de Estado, Marco Rubio. Musk abandonó su tarea el 30 de mayo; pero el daño ya estaba hecho. En ese momento, y en cifras globales, sólo seguían activos 891 programas de los 6.256 que existían en enero (“What remains of U.S.A.I.D.?”, The New York Times, 22/06/2025).
La revista científica The Lancet ha publicado una estimación de las consecuencias de dicho desmantelamiento (“Evaluating the impact of two decades of USAID interventions and projecting the effects of defunding [...]”, 30/06/2025). Eran muchos los proyectos que se financiaban: de ayuda a la infancia, de apoyo sanitario, de seguridad alimenticia, de acogida a los refugiados... El estudio, firmado por investigadoras e investigadores de España, Estados Unidos, Brasil i Mozambique, proyecta un escenario escalofriante: si no se revierte la deriva, desde ahora hasta 2030 podrían morir en torno a catorce millones de personas en los países en vías de desarrollo; entre ellas, entre cuatro y cinco millones podrían ser niñas y niños menores de cinco años.
He aquí por qué la cumbre de Naciones Unidas celebrada en Sevilla resulta trascendental. Hay que encontrar vías conjuntas para socorrer a millones de seres humanos que padecen males extremos. Se trata de paliar el delirio a que ha dado lugar una oleada de votos que, como en cascada, han reavivado una de las peores pesadillas del siglo. Trump y sus aprendices de brujo han desencadenado fuerzas grávidas de barbarie: votos que pueden matar.

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Artículo propio publicado en el diario Levante (09/07/2025, p. 3). En la imagen, "Invasión" (2008), fotomontaje de Martha Rosler de la serie Casa hermosa: trayendo la guerra al hogar (Instituto Valenciano de Arte Moderno). 






sábado, 28 de junio de 2025

No nos acostumbremos a la barbarie

 

 






En el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) se exponen valiosos fotomontajes de la artista estadounidense Martha Rosler. Uno de los más llamativos pertenece a la serie Casa hermosa: llevando la guerra al hogar. Se titula La cortina gris [he ilustrado con él la entrada previa]. Representa a una joven sofisticadamente vestida –al modo de una estrella clásica de Hollywood– que, con una gran sonrisa, descorre una cortina: detrás se puede ver una hilera de soldados, fuego, destrucción; en un rincón, una mujer harapienta y herida llora de rodillas. Los detalles nos permiten presentir la tragedia. La escena conmueve, produce pavor. Cuántas veces nuestro mundo deslumbrante oculta el sufrimiento de los últimos, de los olvidados.
Eurovisión se ha convertido en uno de los acontecimientos musicales globales más estimulantes. Todo contribuye a hacer de él un gran espectáculo: la conexión en directo de decenas de países, la osadía técnica de las puestas en escena, la ceremonia de las votaciones... Me encanta el desfile de lenguas, de registros culturales, en una competición incruenta y festiva que ha sustituido a las guerras cíclicas en nuestra vieja Europa. Me emociona desde el principio, cuando suena la maravillosa sintonía basada en el Te Deum de Marc-Antoine Charpentier.
Desde su primera edición, en 1956, el festival se ha consolidado como espacio de concordia y promoción de la tolerancia. Desde el 2022, su organizadora, la Unión Europea de Radiodifusión (UER), veta la participación de Rusia con un argumento: ante la invasión de Ucrania por parte del gobierno de Vladimir Putin, la televisión estatal rusa se ha convertido en una herramienta de propaganda y se ha coartado el libre periodismo. Cada año, la ausencia de Rusia nos recuerda que no estamos de acuerdo con el horror de muerte y sufrimiento desencadenado por su delirio imperialista. No es mucho, pero constituye un gesto simbólico grávido de dignidad. 

A raíz de un miserable ataque terrorista de la organización pro-palestina Hamás a Israel, el 2023, el gobierno de Benjamin Netanjahu inició una desproporcionada ofensiva a Gaza, ya devenida catástrofe humanitaria. Se trata de aniquilar a una población entera y de deportar a sus supervivientes; no resulta desencaminado hablar de limpieza étnica y genocidio. Ante el cinismo de Donald Trump, que ha respaldado el proyecto de deportación, y ante la blanda reacción de muchos países, está siendo el gobierno de España, en la estela de la Corte penal internacional, el que encabeza la reclamación de justicia para Palestina. Esto nos honra como país.
Entre medias, Israel sigue participando en Eurovisión como si nada. Más aún: en las últimas dos ediciones, el televoto le ha beneficiado, dejándolo a un paso del galardón. He aquí el porqué: las tendencias que consideran el ataque a Gaza mera legítima defensa –y las críticas a Israel, expresión de antisemitismo– emplean el televoto como arma ideológica. Así, la presidenta de OK diario, cercano a VOX, hizo promoción explícita a favor de Israel; la vicesecretaria de educación del PP publicó un post donde afirmaba que "un año más" votaría por Israel "sin haber escuchado la canción".
Pues bien: al ver a las solistas israelitas que han interpretado los temas de las dos últimas ediciones, no puedo evitar el escalofrío. Pienso en el fotomontaje de Martha Rosler. El entorno futurista y las vestimentas sofisticadas, como nuevas de brillantes, no pueden esconder los miles de cadáveres bajo los escombros, mujeres, niños y niñas, hombres, la mayor parte civiles, que han muerto a raíz de los bombardeos: ya más de 50.000 personas.

Frente al malestar creciente expresado en varios de los países participantes en Eurovisión –encabezados por España y Bélgica–, el director de la UER, Martin Green, ha afirmado en una carta abierta que se toma seriamente las quejas. Así que ha hecho revisar el procedimiento técnico del televoto y ha constatado que es del todo transparente. Sobre el tema de fondo, ninguna referencia. Recordemos que en el artículo 1.2.2 del reglamento del festival se explicita que "no se permiten letras, discursos o gestos de naturaleza política o equivalente".
Sin embargo, que Israel participe como si nada es un acto político. Esconderse tras los detalles técnicos es un acto político. Cerrar los ojos es un acto político. Se trata, eso sí, de una política indecente. Hará bien RTVE si prosigue su línea crítica, más aún: hará bien si no participa en el festival mientras lo haga Israel y prosiga la masacre en Gaza. Con ello, claro, no se conseguirá mucho. Las mujeres palestinas seguirán gritando al cielo mientras sus niños mueren en el miedo y la suciedad y esas otras mujeres –las estrellas de Israel– cantan envueltas de sofisticación y luz en el auditorio del festival. Pero no queremos acostumbrarnos. 
Hay que actuar a favor de las víctimas. La responsabilidad de los gobiernos es enorme; la historia les pedirá cuentas, como lo hizo a los criminales nazis que ahora imita el gobierno de Netanjahu. También nosotros podemos hacer gestos: por ejemplo, dejar de comprar productos de empresas de Israel (ver www.bdsmovement.net/es). Y, como mínimo, todas y todos tenemos la palabra para oponernos a esta locura.
No miremos a otro lado. No debemos acostumbrarnos a la barbarie.

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En la imagen, mensaje emitido por RTVE antes de la retransmisión del festival de Eurovisión, el pasado 17 de mayo.