Hace unos meses bromeábamos con una querida amiga. Nos imaginábamos qué aspecto tendría Cleopatra en la producción Julio César en Egipto, prevista para febrero y marzo en el Palau de les Arts. Visto el gusto del coliseo valenciano por las escenografías minimalistas y rompedoras, Cleopatra aparecería quizá —se nos ocurría— como secretaria en la oficina de un tal César. No podíamos barruntar que sería más o menos así: en su primera aparición en el escenario, la encarnación de la diosa Isis viste un sencillo traje de chaqueta y baila en torno a una silla de ruedas tipo oficina.
Empezado el espectáculo, las opciones escenográficas —a caballo entre baile veneciano de máscaras, diseño de Christian Lacroix, y mobiliario funcional— no harían presagiar más que un correcto espectáculo musical. Sin embargo, la representación procede en un auténtico crescendo. Una de las progresiones más asombrosas a las que he asistido, al nivel de las mejores producciones de la Staatsoper de Viena.
Bien pronto, la calidad de las voces de la pareja protagonista —Aryeh Nussbaum Cohen, contratenor que sustituye al castrato barroco (Julio César), y Marina Monzó, soprano (Cleopatra)— lleva a olvidar cualquier veleidad. Vincent Boussard, director de escena, y Frank Philipp Schlößmann, encargado de la escenografía, trasladan la acción a escenarios de abstracta geometría distribuidos con marcos móviles que separan ambientes y tonalidades cromáticas. Se van pergeñando así postales de una rara belleza: no ya de Alejandría —a excepción de unas esquemáticas pirámides, no hay rastro de Egipto—, sino de las pasiones del alma: tristeza, desesperación, enloquecimiento, ira, alegría.
El primer acto se cierra con una cima de la narrativa musical y escenográfica: el dúo «Son nata a lagrimar» entre la romana Cornelia y su hijo Sesto. Sara Mingardo, contralto, y Arianna Vendittelli, soprano, tejen un diálogo que deslumbra y conmueve. Cuando se abre el segundo acto, el aria estrella «V’adoro, pupille» —que Monzó borda en técnica y melisma— se mueve en una esfera semejante de emocionante armonía. Hasta el final, los intérpretes compiten por emularse unos a otros en perfección. Detrás de ellos, una Orquesta de Valencia tocada de gracia. Su virtuosismo y el trabajo del director musical, Marc Minkowski, logran niveles de excelencia en la instrumentación historicista, la precisión contrapuntística y el equilibrio sonoro.
Georg Friedrich Händel estrenó la ópera Giulio Cesare in Egitto, en el King’s Theatre de Londres, el 20 de febrero de 1724. El 7 de abril, en San Nicolás de Leipzig, Johann Sebastian Bach dirigía la primera ejecución de la Pasión según San Juan. Monumentos de la música barroca; tiempo de genios. Arte que pide ser recreado en cada generación. Postales de Alejandría, cartografía de las pasiones del alma, en Valencia.
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Artículo propio publicado en el diario Levante (20/03/2026). En la imagen, detalle del cuadro de Lawrence Alma-Tadema Moisés salvado de las aguas (1904). Aunque recrea a la hija del faraón en el relato bíblico, la editorial Planeta la eligió para ilustrar la portada de la novela de Terenci Moix, protagonizada por Cleopatra, No digas que fue un sueño.




