domingo, 25 de enero de 2015

La raíz irracional del fanatismo (3 de 3)







Quizá lo mejor que podamos hacer sea preguntarnos cómo podemos contribuir a un mejor desenlace. Ni que decir tiene que los argumentos sobre seguridad global y protección de las libertades que se han esgrimido estos aciagos días son legítimos y necesarios. Pero quizá haya más.

Son millones los musulmanes que viven en Occidente; y millones sus hijos e hijas que se educan con nosotros. Hace poco, una amiga maestra me contaba que en su colegio –a causa de una deficiente planificación– se ha creado un auténtico gueto de alumnos de origen musulmán; eso incide en el cada vez más residual número de alumnos autóctonos, en las dificultades crecientes a la hora de enseñar y en la menguante efectividad de la enseñanza impartida. 

No se trata de un caso aislado. Sobre esto podemos, debemos hacer mucho aún. El fracaso a la hora de favorecer la integración social de los musulmanes nacidos en Europa –patente en Alemania, en Holanda o en la misma Francia– tiene todo que ver con la incapacidad de generar una educación significativa: una educación que remueva sombrías adherencias culturales para sembrar el germen del pensamiento crítico.

Invertir en educación –también por este motivo– resulta, pues, crucial. Con ella se puede ayudar a tender puentes sin menoscabar la diversidad, a desplegar una vivencia religiosa cribada y abierta; en este caso, una vivencia nutrida por lo que el Islam posee de más preciado: la fe en ese Dios que es “el pietoso”, “el misericordioso”, “el agradecido”. Dar pasos en esta dirección será el mejor modo de honrar la memoria de los asesinados en el corazón de Francia.

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Artículo propio publicado en el diario Levante de Valencia (16/01/2015). En la imagen: "San Sebastián atendido por santa Irene y su criada" [detalle], óleo de José de Ribera pintado entre 1630 y 1640 (Museu de Belles Arts, València). 


miércoles, 21 de enero de 2015

La raíz irracional del fanatismo (2 de 3)














Se ha subrayado en estos días la distancia que media entre el terrorismo islámico y la pacífica vivencia religiosa de muchísimos musulmanes. Sin embargo, las últimas décadas han sido escenario de una radicalización creciente del Islam, que ha marchitado la prometedora y fugaz “primavera árabe”. La razón última de esta deriva no ha de ser buscada en los conflictos bélicos o las relaciones geoestratégicas de poder tal y como se han desarrollado en los últimos decenios. Por supuesto, estos procesos tienen mucho que ver. Ahora bien, considerar que ellos –y sólo ellos– explican la polarización del Islam es un análisis parcial, a menudo deudor de una lectura marxista de la Historia que no basta para entenderla; por otro lado, contrastan con los datos de que disponemos sobre la extracción social de muchos terroristas. Para comprender la deriva extrema del islamismo se hace preciso atender a la intrahistoria del Islam.                 

A diferencia de lo que ha sucedido en Occidente, la religión musulmana no ha tenido ilustración. No me refiero con ella tan sólo al período que como tal se conoce en la historia europea –el Iluminismo, el Siglo de las luces– sino, sobre todo, al fermento de la razón crítica. Son muchos los motivos (políticos, institucionales, económicos, teológicos) que han conspirado en contra y que han abortado los períodos luminosos de la cultura islámica. Se ha seguido de ello la insuficiente o inexistente división entre lo público y lo privado, entre lo estatal y lo confesional, y –aún en un nivel más hondo– la deficiente comprensión del carácter histórico y, por tanto, evolutivo del dogma religioso. 

De este modo, el fanático siente como su deber (¡un deber del que pende su destino!) la defensa a ultranza de la literalidad del Corán: de un texto sobre el que no ha pensado críticamente. Así, no reflexiona sobre la divergencia entre unos escritos sagrados y otros: entre aquellos que propugnan la persecución y el sometimiento del infiel (judío, cristiano o ateo) y aquellos otros que hablan de Alá como “el pietoso” o “el misericordioso” y que cifran en el amor al prójimo la medida de la fe.

Sólo un pensar entreverado con la reflexión crítica es capaz de distinguir las adherencias culturales de la esencia de la fe. Su ausencia es la tragedia del extremismo. La historia del mundo contiene páginas dictadas por esa tensión no resuelta, protagonizadas por la ciega furia del fanático; una de sus primeras víctimas fue esa admirable filósofa, enraizada en el paganismo y abierta a la trascendencia, llamada Hipatia. Hoy día, el Islam escribe algunas de las páginas más sangrientas a cuenta de esa misma furia ciega.

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Artículo propio publicado en el diario Levante de Valencia (16/01/2015, p. 33). En la imagen: "San Sebastián atendido por santa Irene y su criada" [detalle], óleo de José de Ribera pintado entre 1630 y 1640 (Museu de Belles Arts, València). 


sábado, 17 de enero de 2015

La raíz irracional del fanatismo (1 de 3)


























El lema más coreado durante los últimos días, y el más compartido en las redes sociales durante toda su historia, es ya “Je suis Charlie Hebdo”. Se trata de una preciosa muestra de solidaridad con los asesinados en París. Yo argumentaré ahora que ese lema funciona como las muñecas rusas: incluye otros que a su vez albergan, como en una matriz, otras ideas de mayor calado si cabe. La primera de ellas ha de ser expresada también en francés, puesto que así nos la ha transmitido la tradición que se remonta a Descartes: Je pense, donc je suis – “Pienso, luego existo”. Pero este pensar va aquí más allá del sentido en el que Descartes, en el contexto de su teoría del conocimiento, se refirió a él: no se trata ya de sólo de un proceso cognitivo consciente de sí mismo sino, sobre todo, de un pensar crítico.

La historia de Occidente está grávida de esta forma de pensamiento. La crítica –actividad intelectual de cribar, tamizar, discernir– ha permeado desde sus albores griegos todas las manifestaciones de nuestra cultura. Sus grandes realizaciones –como el derecho romano, la cosmovisión judeocristiana y la ciencia experimental– se han sometido al tamiz de la crítica y han desarrollado a su luz lo mejor de sí mismas. Gracias a ella han sido capaces de distinguir entre lo accesorio y lo esencial, entre lo que pertenece a la coyuntura mudable de los tiempos y lo que de mejor se encuentra en sus propias tradiciones. Así, el derecho ha sabido desprenderse de los ropajes de su génesis romana; de ésta hemos aprendido mucho sobre el aspecto que debe tener un sistema jurídico justo, pero hemos prescindido de sus adherencias culturales (como la justificación de la esclavitud o de la inferioridad jurídica en función de género o patrimonio). 

La historia del cristianismo es incomprensible sin esa fecundación del pensar crítico; gracias a ella, el cristiano reconoce que distintas afirmaciones de las Escrituras –como algunas sentencias de san Pablo relativas a la mujer y su puesto en la familia y la sociedad– no pertenecen al núcleo del Evangelio sino a esquemas mentales de un cierto lugar y época. El germen del pensar crítico ha abonado el humus de nuestras democracias – tan imperfectas, sí, pero tan fecundas a la luz de sus frutos en el orden de la paz, la libertad o la solidaridad.

Es precisamente esa matriz –el razonar reflexivo y crítico– la diferencia radical respecto del pensamiento fanático; muy concretamente, respecto de amplios sectores del Islam que no se han configurado a la luz de la crítica. Me referiré a ella en el siguiente post. 

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Artículo propio publicado en el diario Levante de Valencia (16/01/2015, p. 33). En la imagen: "San Sebastián atendido por santa Irene y su criada" [detalle], óleo pintado por José de Ribera entre 1630 y 1640 (Museu de Belles Arts, València). 


miércoles, 10 de diciembre de 2014

La música i l'esperit de la Universitat

















Hi ha ocasions en les quals, ho sentim ben bé, no hem de passar al costat de la bellesa sense fer-ho notar. No donar-ne cap notícia seria una mena d’arrogància, de desdeny envers allò que ens ha sigut donat sense cap mèrit. El darrer 15 d’octubre va tindre lloc al Palau de la Música el concert d’obertura de l’any acadèmic. L’orquestra filharmònica de la Universitat de València, dirigida per Hilari Garcia Gázquez, va interpretar un repertori exquisidament triat al voltant d’una idea: la variació. En un petit assaig que acompanyava el programa i recolzant-se en cites de Schönberg i Schopenhauer, Hilari Garcia va referir-se a la variació –mutatis mutandis– com a el mode de repetició, mai igual a si mateixa, que constituïx el teixit tant de la música com de l'existència. Al voltant d’aquest fil conductor es van executar una sèrie de peces, des de l’estrena d’una obra del jove compositor valencià José M. Fayos a la Guia d’orquestra per a joves de Benjamin Britten i la quarta Simfonia de Johannes Brahms.

És l’orquestra filharmònica de la UV una formació composta per 80 joves, la major part estudiants, que es reunixen dues vegades a la setmana per a assajar. I quin meravellós exemple ens donen! Una orquestra és un calidoscopi de diversitat que es reflectix no tan sols en les diferències fisiognòmiques sinó també i sobretot en la materialitat dels instruments i en els registres sonors. No és fàcil posar-se d’acord en la vida. Aquests joves ens permeten assistir a un experiment –mai igual a si mateix, sempre renovat en cada concert– de concòrdia en la diversitat. Gràcies al seu esforç, a la seua disciplina i entrega emergix una unitat que no és homogènia sinó plural, una harmonia que no és plana sinó rica i enriquidora. 

Aquest assumpte –la unitat en la pluralitat que esdevé visible en un concert– té multitud de projeccions existencials. Potser la més cridanera en aquests dies siga la política. ¡Com es serviria comptar amb polítics que en lloc de fer insistència sobre allò que ens dividix saberen emprar-ne les potencialitats per a construir una realitat plural i alhora convergent, més forta gràcies a les diferències! La problemàtica del separatisme català, i de la seua (absència de) resposta institucional estatal, té molt a veure amb aquesta manca d’imaginació per a ajuntar i construir. Però d’això vull ocupar-me’n en un proper article. Hui els meus pensaments tornen a la Universitat, a allò que a la Universitat es fa i que n’hi és el motiu de l’existència.

Sovint desitge que la nostra activitat docent i investigadora s’assemble al tipus de treball que es fa a una orquestra. És clar que l’aprenentatge i sobretot la recerca té una dimensió individual; més encara, és en la solitud de la reflexió, del treball intel·lectual ben conduït en primera persona, dels temps en diàleg amb si mateix i amb els resultats de la recerca realitzada pels altres que s’aconseguix una part considerable, sinó la més fructífera, de la pròpia inspiració i creativitat. Sense aquesta solitud fecunda, la curiositat intel·lectual esdevé tafaneria i el coneixement profund es canvia per un xarrar superficial que, com deia Heidegger, no és més que un viure acríticament instal·lats en un impersonal “es fa”, “es pensa”, “es diu”... Ara bé, no és menys cert que perquè el diàleg siga enriquidor cal comptar amb un interlocutor crític, capaç d’obrir-hi perspectives noves i encoratjadores. Cadascú de nosaltres duu una sèrie de dons per al món. Cadascú pot contribuir al drama de l'existència –Whitman dixit– amb un vers de la seua collita. Per això l’actitud d’aquell que vull arribar a saber quelcom és l’obertura d’esperit.

La Universitat –una Universitat que no siga mera anella dels engranatges de producció neocapitalista– és el lloc per excel·lència d’aquesta obertura d’esperit. Però per a que puga desenvolupar eficaçment aquesta seua tasca cal treballar en eixa mena d’unitat no uniforme, de diversitat no centrífuga que es fa visible en una bona orquestra. Aleshores esdevé –parafrasejant l’expressió musical– una Universitat ben temprada, capaç de produir concòrdia en la diferència; una concòrdia que no és impostura perquè no tan sols respecta la pluralitat sinó que en fa la clau de la pròpia força.

La fortuna va voler que durant el concert al Palau estiguera assegut al costat de l’autor de l’obra que va ser estrenada (Sull’ombra di un ricercare). És la seua una exigent recreació del ricercare renaixentista i doncs una mena de variació recolzada en l’estratègia del contrapunt. Variacions i retorns a un passat que ja no és el mateix perquè és viscut a la llum del present: Purcell rellegit per Britten, Bach revisitat per Brahms. “Oh, si jo sabera el camí de tornada!”: és la vella cançó alemanya, gràvida d’enyorances, que Brahms va fer servir pel primer moviment de la seua Simfonia núm. 4. Camins de tornada que ens reporten un passat que fa llum sobre el present i ens ajuda a crear el futur.

La Universitat es l’encreuament d’aquests camins, l’escenari d’un diàleg que cada vegada ha d’esdevindre més plural i enriquidor. Les corrents de renovació pedagògica, amb les quals no poques persones hi estan compromeses, apunten a aquest espai d’intercanvi –veritable comunitat d’aprenentatge– com a mig per a actualitzar una institució la qual força es troba en la seua capacitat de preservar el millor de si mateixa mitjançant el canvi. Així ho ha fet en el passat; així hem de fer-ho en el present.

La música i la Universitat compartixen un esperit que en aquesta vetllada ha esdevingut gojosament palpable. És l’esperit de la joventut sempre renovada en la recerca humana del saber. Gaudeamus igitur.

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En la imatge: detall del jardí de la Facultat de Filosofia i Ciències de l'Educació de la Universitat de València (fotografia pròpia). 


miércoles, 8 de octubre de 2014

La incierta gloria de Podemos

















Como muchos otros, durante el pasado verano me zambullí en una novela “de cabecera”. En mi caso, una de las grandes obras en lengua catalana: Incerta glòria, de Joan Sales. Se trata de un magnífico fresco histórico, protagonizado por tres barceloneses a los que la guerra sorprende en los años de una juventud efímera como la primavera en un día de abril. Mientras tanto, en España la estrella de Podemos brillaba en los sondeos con un resplandor que parece augurarle días de gloria. Desde su eclosión en las elecciones europeas me he venido interesando por el partido y su líder, a los que desconocía por completo. He recopilado impresiones, he leído escritos suyos y sobre ellos.

Simpatizo con los movimientos asamblearios. Expresan algo de lo que andábamos faltos en la España burguesa del ladrillo y el consumismo exacerbado del tránsito de siglo. Frente a la cortedad de miras de los principales partidos –demasiado ocupados con sus litigios intestinos e incapaces de elaborar políticas a largo plazo– y ante el bárbaro avance del neocapitalismo, el descontento simbolizado por el 15-M fue una ráfaga de aire fresco que Podemos ha capitalizado con acierto. Revisando la participación de Pablo Iglesias en tertulias televisivas constato que su modo de hablar ha introducido una saludable enmienda a la crispación; su figura se agiganta de manera proporcional a la breve talla de los voceros de la política española, del mismo modo que Beppe Grillo pudo hacerse un hueco en la Italia regida por Berlusconi y no hubiera podido hacerlo en la de De Gasperi.

Sin embargo, varios de los audiovisuales que encuentro en internet acrecientan en mí un embarazoso desasosiego. En uno de ellos, y con ocasión de una charla en junio de 2013 en una herriko taberna, Iglesias elogia a ETA por haber percibido que la autodeterminación no formaba parte de los derechos promovidos por el “papelito” de 1978. “Estamos en un momento leninista”, afirmaba, aludiendo a la coyuntura –favorable al asalto al poder– creada por la crisis económica y la debilidad del Estado. En otro de esos vídeos, de octubre de 2010, el (entonces futuro) líder parecía supervisar a los furibundos estudiantes que reventaron una conferencia de Rosa Díez en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense. Uno de los portavoces leía un comunicado en que se le conminaba a no volver a la Facultad “nunca más”; el lector era Íñigo Errejón, años después director de campaña de Podemos en las elecciones europeas. La exhibición de intolerancia de esos estudiantes no me dejó menos perplejo que las declaraciones del propio Iglesias, quien, ya convertido en líder político, sostenía en una rueda de prensa que no había tenido nada que ver.

Esas formas encajan en el panorama ideológico a la luz del cual Podemos se entiende a sí mismo: el populismo de izquierdas latinoamericano. No en vano sus dirigentes han estudiado –y admirado– las dinámicas de asalto al poder en Venezuela, Ecuador o Bolivia. Los mecanismos representativos expuestos en el pre-borrador de sus estatutos políticos confirman esta impresión: desde la entrega puramente nominal del poder decisorio a las bases del partido (reunidas en Asamblea ciudadana cada tres años) a la práctica dejación del órgano ejecutivo al portavoz (flanqueado por un Consejo de hasta 15 personas, elegidas de entre los candidatos propuestos por el propio portavoz). El esquema es personalista de facto; lo llamativo es que apele al espíritu asambleario y a la eliminación de la “casta”.

En uno de sus artículos sobre Podemos en El país, Antonio Elorza –catedrático de Ciencias Políticas en la Complutense y, por tanto, compañero de claustro de Pablo Iglesias– ha afirmado que a éste “le repugna la democracia como procedimiento”. Se trata de un arriesgado juicio de valor: aún no sabemos qué decisiones de gobierno tomaría de tener potestad para ello. Eso sí, sus maestros nos dan pistas para adivinarlo. En la medida en que estas pistas sean certeras, nos hallaremos ante un proyecto personalista en lo político, colectivizante en lo económico y restrictivo de la libertad de expresión en lo social. Independientemente de los objetivos programáticos de Podemos (sólo desvelados en cuanto encajan con los resortes del descontento popular), el modus operandi defendido por sus líderes dice mucho. Refiriéndose –en un artículo en Rebelión– al recibimiento dispensado a Rosa Díez en la Complutense, Errejón e Iglesias lo vinculan a “prácticas de democracia participativa” que “abren vías de rendición de cuentas por las que los ciudadanos pueden interpelar a los políticos, reprocharles, alabarles o discutir con ellos”. Pero lo que yo vi fue el acorralamiento y la vejación de una persona, no la apertura de un cauce de diálogo.

Quizá se refleje en esto lo más oscuro de esa incierta gloria que han pretendido los regímenes totalitarios de toda laya: el desprecio por la opinión ajena, el dogmatismo ciego, la sorda rabia del antisistema. Prefiero equivocarme. De Podemos depende que su gloria de estos días no devenga el incierto presagio de una dolorosa vuelta atrás.  

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Artículo propio publicado en el diario Levante de Valencia el 04/10/2014. En la imagen: "Lluvia, vapor y electricidad", óleo pintado en 1844 por Joseph W. Turner (National Gallery, Londres). 


jueves, 28 de agosto de 2014

La claror que ens ve de dalt. Reflexions al voltant d'«Incerta glòria» (Joan Sales)



La meua immersió en la gran literatura en català m'ha dut a una obra que de segur m'ha d'acompanyar ja sempre. En Incerta glòria, única novel·la de Joan Sales, es descobreixen resonàncies de Dostoievski o Kierkegaard tan del meu gust! que reverberen al llarg d'un extens monòleg; perquè monòlegs són les narracions dels protagonistes que ens parlen, tres joves catalans sorpresos per la guerra del 36 a Barcelona, les existències dels quals queden lligades per sempre als anys que van viure el somni d'una glòria (la del coratge, la innocència i l'heroisme) mai assolida i mai oblidada. 

La uncertain glory of an april day del vers de Shakespeare serveix a Sales per a desenvolupar amb esment un fresc de vàlua literària i històrica. Vaig començar a llegir el llibre a València; n'he conclòs la lectura a les muntanyes del nord d'Andalusia. Llegint-hi he recordat la història del meu avi per part materna, al poble almeriens d'Albox: essent d'idees republicanes, un cop acabada la guerra fou denunciat anònimament i ficat al calabós; reconeguda la impostura del denunciant, van oferir-li l'oportunitat de conèixer-ne la identitat, cosa que ell va refusar. He recordat el germà del meu avi patern, seminarista a Almeria, mort en el transcurs del bombardejament de la ciutat per part del bàndol revoltat. Víctimes d'un costat i l'altre, foscor esglaiadora de la guerra!

I com és de veritable, de propera i a la vegada universal la història d'en Lluís i de la Trini, d'en Soleràs i d'en Cruells! La darrera part, El vent de la nit, és un afegit de la cinquena edició protagonitzat per un dels personatges en les darreries de la seua vida, trenta anys després de la fi de la guerra però envellit de molts més per la decepció. Com és d'entranyablement estremidor i humà aquest mossèn, que va combatre al front amb els rojos per a trobar-se finalment en terra de ningú!
¿Quantes vegades no haurem sentit al llarg dels segles que el "jour de gloire" era pròxim, que ja havia arribat i sempre sempre sempre ha resultat una matança bruta?

És el somni de la terra promesa i mai assolida, al què tanmateix no es pot renunciar sense perdre quelcom de decisiu. El cristianisme d'en Cruells és tan poc de convicció ideològica i tant de fe evangèlica com a el pare Gallifa de la seua joventut, que ens fa albirar de llunyà l'estarec Zòsima del Germans Karamàzov, és tan del Jesús vençut i amagat, que reeix a aproperar-nos una fe comunicada com ho fa una llum, d'home a home, de nàufrag a nàufrag. Esgarria la narració de la seua pèrdua existencial i el seu retrobament, estranger en aquest món que, a diferència d'aquell altre estranger el Mersault de Camus—, tria estar-se'n al costat de les víctimes i no pas esdevindre llur botxí.
La Veritat és amor i en això la coneixereu sempre; no vulgueu res amb l'odi, que és el pare de la Mentida. Estimeu la pàtria i estimeu la llibertat, estimeu-les amb tot el cor i amb tota l'ànima; però us enganya tot aquell que us diu que per servir-les heu de recòrrer a l'odi. L'amor és la claror que ens ve de dalt; aquest món no seria més que un mal somni sense aquesta claror.

És una fe de la qual brolla esperança, font d'una glòria arrelada més enllà de totes les vanaglòries del món. Com no hauria d'acompanayar-me ja sempre aquesta història? 

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Incerta glòria eixí l'any 1956 amb talls de la censura franquista; la versió definitiva, que arreplega i completa la reeixida edició francesa, és de 1970. Els fragments reproduïts es troben a les p. 255 i 347 (Edicions 62/La Caixa, Barcelona 1982). Imatge: "Milicianes el 1936", de la fotògrafa Gerda Taro (font: Wikipedia). 

miércoles, 21 de mayo de 2014

Mayo, mes de Europa (7 de 7): El europeísmo de UPyD





















El programa de UPyD está compuesto por 52 páginas con escasas concesiones estéticas. Las precede un índice de horma casi académica; no en vano el cabeza de lista, Francisco Sosa Wagner, es catedrático de Derecho administrativo, circunstancia que impregna el texto. En él se conjuga pragmatismo y amplitud de miras; las propuestas se hallan articuladas en un auténtico plan de acción. Abarcan un amplio abanico de asuntos en perspectiva netamente europea – y éste es, a mi modo de ver, su valor distintivo: UPyD ha conseguido modular su programa en clave europea y de forma constructiva (¿qué otra cosa se busca unas elecciones como éstas...?). 


Dos ámbitos se me antojan decisivos, ambos detenidamente desglosados: el marco político y el tejido cultural; se dedica también amplios apartados a las cuestiones financieras, energéticas y económicas. Así, el hincapié en la ciudadanía europea “real y efectiva” se sustancia en numerosas propuestas: fortalecimiento del Parlamento frente al Consejo Europeo; simplificación administrativa; inicio de un proceso constituyente; unificación de la política exterior, migratoria, de defensa y solidaridad internacional; unión fiscal; cohesión laboral y sanitaria; promoción educativa de los valores que fundamentan “lo europeo”. Todo ello queda hilvanado por la propuesta marco de caminar hacia unos Estados federales, conscientes de su herencia cultural y solidarios interna y externamente. 

Tomando distancia, parece que en el cotejo de los programas emerge un fenómeno: la inanidad de los grandes partidos para afrontar con ideas los desafíos europeos. Si atendemos a los discursos de estos días, esa impresión se refuerza; y es que las campañas pivotan en torno a lemas y descalificaciones que aburren. Quizá resulte excesivo el peso burocrático de PP y PSOE e inasumibles sus intereses internos; quizá llegue ya para ellos, hinchados y abotargados por el éxito, el cambio de ciclo. Las formaciones que ocupan posiciones intermedias jugarán en estos comicios –y aún más en los próximos– un papel crucial. Para que ello contribuya a la renovación de la convivencia será preciso que estos partidos huyan del populismo (talón de Aquiles de IU) y aspiren a metas razonables (fortaleza programática de UPyD). 

Serán buenas noticias para los que nos sentimos ilusionados por un proyecto común basado en la cultura compartida y en la solidaridad. Cien años después del inicio de la Gran guerra, Europa se encuentra, de nuevo, en un cruce de caminos.

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Extracto del artículo propio “Cuatro programas para Europa”, publicado en el diario Levante de Valencia (16/05/2014, p. 30). En la imagen: mapa de Europa realizado en 2009 por Septem Trionis empleando el programa Textorizer (fuente: flickr.com).

Mayo, mes de Europa (6 de 7): IU, luces y sombras




















Son 80 las páginas, en tipo de letra bastante reducido, que los de IU dedican a su programa. Lo cual revela dos asuntos: primero, que no han escatimado esfuerzos intelectuales; segundo, que no subestiman a los ciudadanos. Con mucho interés he leído los capítulos sobre investigación, cultura o promoción de la paz, cruciales para una reflexión política a gran escala, que a PP y PSOE –a juzgar por el espacio que les reservan– no les deben haber parecido tales. No pocas de las medidas resultan lúcidas. Destaco aquí la consideración de los contratos de deuda pública para rescatar el sistema financiero como “deuda odiosa”, que habría de ser pagada por los propios bancos; varias de las propuestas sobre instituciones, empleo, asilo, vivienda, justicia y medio ambiente son muy atractivas. 


Sin embargo, hay algo que me inquieta en el programa de IU. Aquí y allá aparecen “relámpagos de fanatismo” que parecen cegar al redactor. Así, la propuesta de nacionalizar las grandes empresas en ámbitos como sanidad, banca, energía y educación (p. 18) no augura eficiencia ni casa con la libertad de emprendimiento; derogar los registros de terroristas de la UE, alegando que se trata de grupos de liberación nacional (p. 43), denota peligrosos supuestos ideológicos; retirar la calificación de patrimonio nacional a los edificios con uso cultual (p. 72) haría peligrar un grueso porcentaje de monumentos y, con ellos, uno de nuestros principales atractivos turísticos; reducir aún más el gasto en defensa y desmantelar las estructuras militares (p. 80) dejaría a Europa en una situación insostenible para su seguridad. 

Son botones de muestra de un texto meritorio pero muy desigual. Un texto que, por otra parte, merecería una corrección de erratas. 

Comparado con los demás, el programa de UPyD me ha parecido notable. Será la siguiente y última parada de esta serie.

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Extracto del artículo propio “Cuatro programas para Europa”, publicado en el diario Levante de Valencia (16/05/2014, p. 30). En la imagen: mapa de Europa publicado en 1640 en Ámsterdam por Willem Janszoon Blaeu en la obra Theatrum Orbis Terrarum y conservado en la Biblioteca Nacional de España (fuente: flickr.com).

martes, 20 de mayo de 2014

Mayo, mes de Europa (5 de 7): PSOE, el ruido y las nueces

























El programa del PSOE para las elecciones europeas se sustancia en 20 páginas de Declaración política; éstas, a su vez, beben del Manifiesto del Partido Socialista Europeo firmado el 1 de marzo en Roma. Las medidas no rebasan el ámbito de la generalidad, excepto en algunas ocasiones (por ejemplo, cuando se indica de dónde procederían los fondos que se propone emplear para incrementar el presupuesto de la Garantía de Empleo Juvenil). Por lo que respecta al desarrollo, la periódica referencia a la oposición (“la derecha”), como si fuera un argumento en sí misma, provoca hastío. Los socialistas optan por un formato espléndidamente diseñado, que combina texto, colores y logos con un acertado sentido estético – sin duda, el más atrayente de la campaña.

Semejante despliegue estilístico se aprecia en el folleto dedicado a la cabeza de lista, adornado con fotografías a mayor gloria de Elena Valenciano. Nos encontramos ante una política que se halla aún –por formación y resultados contrastables– en el inicio de su carrera y no con una figura realmente experimentada en lides de construcción europea. Una vez leídos los documentos, no se sabe muy bien qué es lo que el PSOE está en condiciones de ofrecer, desde el punto de vista de las ideas, para incoar la ambiciosa reforma que propugna.

Los programas de PP y PSOE resultan, cada uno a su modo, decepcionantes. Lo cual no hace más que resaltar las fortalezas de IU y de UPyD. De ellos me ocuparé mañana, comenzando por Izquierda Unida.

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Extracto del artículo propio “Cuatro programas para Europa”, publicado en el diario Levante de Valencia (16/05/2014, p. 30). En la imagen: mapa de Europa publicado en 1588 por Lucas Jansz Waghenaer en Leiden y conservado en la Biblioteca Nacional de España (fuente: flickr.com).

lunes, 19 de mayo de 2014

Mayo, mes de Europa (4 de 7): PP, largo programa sin miga















Las próximas europeas constituyen una encrucijada histórica. Y cada partido ha presentado, a modo de brújula, sus propuestas. A mi juicio, el cotejo de los programas arroja un balance sorprendente. Los partidos con experiencia de décadas en las instituciones europeas (PP y PSOE) han presentado textos genéricos y poco articulados; en cambio, las otras dos principales formaciones (IU y UPyD) han llevado a cabo un notable esfuerzo reflexivo. 

El programa del PP llama la atención. En primer lugar, por su envergadura: 119 páginas. En segundo, por su escasa índole europeísta. Nuestro papel en los comicios es contemplado en clave de beneficio nacional: “Hacemos de la defensa de los intereses de España en Europa nuestra principal política comunitaria” (p. 8); lo cual equivale a decir: nuestra política comunitaria es, en realidad, local.

En tercer lugar, el programa sorprende por su vaguedad. Las primeras quince páginas exhiben objetivos genéricos. Los siguientes epígrafes mantienen esa tónica, trufados de alusiones a éxitos precedentes y sin descender a detalles. Así, cuando se aborda la familia como objetivo estratégico, las primeras dos soluciones (de cinco) son la “progresiva convergencia de las políticas familiares en los Estados miembros” y la “mejora de las políticas familiares” (p. 32). Pareja indefinición afecta a los apartados sobre empleo, educación, cultura, innovación o energía. Resulta sangrante que se ventile el tema educativo en tres páginas (en la primera, un diagnóstico; en la segunda, una gran foto; en la tercera, algunas propuestas tan genéricas como “promover el desarrollo de la excelencia” y “fomentar la adquisición de competencias básicas”, p. 39). Más concretas resultan la sección sobre igualdad o las dedicadas a telecomunicación y transporte, agricultura y pesca (que, además, cuentan con un suplemento en los programas regionales).

En general, se aprecia que se confunde metas y objetivos con propuestas y medios para alcanzarlos. Todo ello convierte el texto en una declaración de intenciones con escaso valor programático. Habría que preguntarse si el conocimiento de las instituciones europeas que posee Miguel Arias Cañete contrarresta la liviandad del programa.

Se trata de una ligereza que comparte la propuesta del PSOE. Pero a ella me referiré en el siguiente post.

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Extracto del artículo propio “Cuatro programas para Europa”, publicado en el diario Levante de Valencia (16/05/2014, p. 30). En la imagen: fotografia de Samuel Ronnqvist (fuente: flickr.com).

viernes, 16 de mayo de 2014

Mayo, mes de Europa (3 de 7): La oportunidad europea











La macabra danza de la muerte iniciada hace cien años comenzó a cesar en 1945; pero podría haber empezado de nuevo, como sucedió cuando la siniestra lógica de los acontecimientos hilvanó la Gran Guerra con la Segunda Guerra mundial. A un grupo de hombres esforzados y pacíficos debemos el firme propósito de impedir que eso sucediera. Lo hicieron dando pasos cortos que se revelaron certeros. En 1949 se creó el Consejo de Europa; un año después, Schuman y Monnet firmaron la declaración sobre el Mercado Común de carbón, acero y hierro, germen de la Comunidad Económica Europea (CEE). 

La CEE tejió una sólida política exterior sobre asuntos como los conflictos de Oriente medio y próximo. De puertas adentro fomentó la cohesión a través de partidas dedicadas a infraestructuras (los fondos FEDER), proyectos de cooperación científica o ayudas a la movilidad de estudiantes (como el programa ERASMUS). A través de Eurovisión nos familiarizamos con países hasta entonces distantes en nuestro imaginario; la cancelación de las fronteras nos devolvió la libertad de movimientos que había caracterizado a la Europa prebélica. El 1 de noviembre de 1993, las monedas nacionales dieron paso a la divisa de una Unión europea que constituía ya el más exitoso experimento de pacífica convergencia política de la Historia. 

Poco después se empezó a atisbar las primeras brumas. Las políticas en materia agrícola, pesquera o industrial generaron resistencias internas. La crisis económica desatada en 2008 acrecentó la tendencia centrífuga, hoy patente en la falta de posicionamientos comunes en política internacional, en las fricciones con motivo de las medidas de austeridad (ejemplificadas por el deterioro de la imagen de Alemania en países como Grecia) o en la extendida desafección popular hacia las instituciones.

Por todo ello, las elecciones al Parlamento europeo que tendrán lugar el día 25 constituyen un desafío y una oportunidad. Cerrado el ciclo transcurrido entre la primera guerra mundial y el desmantelamiento de los bloques de la guerra fría, el momento histórico exige de nosotros una profunda conciencia de la necesidad de la paz. La elipse europea (1914-1989) ha de quedar en la memoria como recuerdo de lo que debemos evitar, cicatriz de un mal que hemos de combatir. La unión en el camino hacia la solidaridad es el camino de la paz. 

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En la imagen: detalle del Guernica de Pablo Picasso, óleo sobre lienzo fechado en 1937 (Museo Reina Sofía, Madrid).

martes, 13 de mayo de 2014

Mayo, mes de Europa (2 de 7): Cien años atrás










La primera guerra mundial, de cuyo inicio conmemoramos este año el centenario, dejó tras de sí una Europa herida en lo más hondo. A los quince millones de muertos y tres de mutilados hay que sumar el acta de defunción de algo más intangible, pero no menos real: la esperanza de los europeos en el advenimiento de esa sociedad más justa, libre y abierta que los desarrollos de las últimas décadas –tanto técnicos y científicos como artísticos y filosóficos– habían hecho barruntar.

La efímera paz de entreguerras fue una huida hacia delante. Conocemos el rutilante esplendor de los movimientos culturales en los años veinte y treinta: era la misma gran Europa que reemprendía la marcha tras cerrar en falso un paréntesis infame. Sabemos también que esa luz fue cegada por lo siniestro, eso que Freud caracterizó como síntoma de una perturbación olvidada que resurge. La Gran Guerra dejó en herencia otra aún más destructiva; albaceas de ese testamento fueron las compensaciones económicas exigidas a los vencidos, la inflación galopante y el empobrecimiento creciente de las masas sociales, el odio a las minorías agitado por ideólogos oportunistas, la confusión entre la lealtad a la patria y el apoyo a la locura.

La polarización del continente cristalizó en esos años frenéticos y suicidas. Un pueblo no debe dejar lo más importante –el porvenir de la paz– en manos de castas de poder alejadas de las inquietudes del hombre de carne y hueso, como pasó en vísperas de la primera guerra mundial y quizá aún suceda en nuestros días; ni debe confiar ese delicado futuro a visionarios cuyo horizonte es el de la nación excluyente, como pasó en la madrugada de furia que condujo a la Segunda Guerra mundial y quizá hoy suceda todavía.

Esos desdichados años nos han persuadido de hasta qué punto se puede aniquilar en pocas horas aquello que esforzada y pacientemente se ha construido durante siglos. En este 2014 haría falta un clamor, una marea humana, un canto que se eleve en calles y plazas, en pueblos y ciudades para renovar nuestro compromiso de no volver jamás cien años atrás.

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Artículo propio publicado en el diario Levante de Valencia (06/03/2014). En la imagen: detalle del Guernica de Pablo Picasso, óleo sobre lienzo fechado en 1937 (Museo Reina Sofía, Madrid). 

martes, 6 de mayo de 2014

Mayo, mes de Europa (1 de 7): La elipse europea





















Hace cien años arrancó la primera guerra mundial; hace veinticinco empezó a ser desmantelada la cristalización política más visible de la guerra fría. Entre 1914 y 1989 transcurre una dramática elipse temporal: lo que Hobsbawn calificó como el siglo más corto. Resulta difícil representarnos el paisaje de la Europa prebélica. Las técnicas aupadas por la Revolución industrial habían tendido redes de ferrocarril, tranvía y teléfono, renovado la iluminación y el trazado urbanos, higienizado calles y domicilios. La física cuántica afrontaba el mundo subatómico; el paradigma evolucionista permeaba ya la biología y la genética; el método psicoanalítico ensayaba un abordaje inédito a las honduras de la psique.

Mientras la tecnociencia proseguía su asombrosa marcha, los artistas reivindicaban para la época su arte y para ellos mismos su libertad; el continente brindó el escenario a vanguardias dispares que trajeron consigo una edad de oro en la pintura, la arquitectura o la música. En literatura se llevó a cabo algunos de los experimentos más chocantes y fueron redactadas algunas de las obras más sublimes. La filosofía desplegaba plurales matices en el arco que va desde el neopositivismo lógico hasta el movimiento fenomenológico y sus epígonos.

No era intachable esa Europa de los albores de siglo. Cobijaba profundas desigualdades entre clases sociales, entre hombre y mujer, adultos y niños; albergaba un vergonzoso elitismo en la toma de decisiones; nutría moldes políticos ya sentenciados por la Historia. Pero exhibía un nervio social y cultural que auguraba horizontes de paz y desarrollo. A pies juntillas lo creyeron tirios y troyanos, obnubilados por la fe en un progreso moral de la Humanidad que era trasunto de los imparables avances técnicos del XIX.

El estallido de la Gran Guerra supuso, por eso, una conmoción sin precedentes. En su soberbia autobiografía El mundo de ayer, Stephan Zweig rememoró los horrores de esa primera orgía mundial de la infamia. A bordo de un convoy militar escuchó a un anciano sacerdote pronunciar palabras que resumían la indignación y la vergüenza: «Tengo sesenta y siete años y he visto muchas cosas. Pero nunca habría creído posible semejante crimen contra la humanidad». Cien años después, a nosotros concierne no dejar perecer la memoria.

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Artículo propio publicado en el diario Levante de Valencia (09/01/2014). En la imagen: detalle del Guernica de Pablo Picasso, óleo sobre lienzo fechado en 1937 (Museo Reina Sofía, Madrid). 



martes, 11 de marzo de 2014

11 de marzo de 2004





















                                        Rompe el mar
en el mar, como un himen inmenso, 
mecen los árboles el silencio verde, 
las estrellas crepitan, yo las oigo. 

Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
ese río del tiempo hacia la muerte—.

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo, 
subir, a contra muerte, hasta lo eterno. 
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos. 

Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela. 
Pero la muerte, desde dentro, mata. 

    Así escribía Blas de Otero en este pasaje de "Lo eterno". Y la muerte brotó a borbotones, hace hoy diez años, de las entrañas de aquellos vagones de tren: en Atocha, El Pozo del tío Raimundo, santa Eugenia. Las retinas y los oídos impregnados de memoria, calladamente nos acercamos hoy a los difuntos y a los vivos: les llevamos la flor resanada de nuestro recuerdo. Sirva como prenda de un remedio mejor para acompañarles en su añoranza.

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El texto reproducido forma parte del poema "Lo eterno" de Blas de Otero, publicado en 1950 en su obra Ángel fieramente humano (edición del propio autor: Verso y prosa, Cátedra, Madrid 1978, 5ª ed., p. 25). La imagen recoge un detalle interior del monumento a las víctimas emplazado frente a la estación de Atocha. Fotografía de José María Cuéllar: "Madrid 11 M" (fuente: flickr.com).  

lunes, 24 de febrero de 2014

Adagio lampedusiano a Roma















Sono appena finite le consultazioni di Matteo Renzi con i leader dei partiti e il presidente della Repubblica; lo scorso 22 febbraio ha prestato giuramento il nuovo Governo. L’ex sindaco di Firenze fa abbrivare la nave con un discorso giovanile –per età e forme– avviato verso il rinnovamento istituzionale. Eppure gli indizi sembrano lasciare evincere che è sempre e purtroppo lo stesso brodo. Il governo Letta era uscito da un procedimento contemplato dalle regole del gioco democratico; il gabinetto Renzi invece è il risultato delle manovre private venute a galla durante una seduta anche privata dell’élite del PD. Troppa imperscrutabilità per un procedimento che soltanto dalla pubblicità, la trasparenza e le urne riceve il suo legittimo supporto.

Le alleanze umane però (e più ancora quelle politiche, del cainismo divenuto consueto a Palazzo Chigi non ne parliamo) sono di solito a breve scadenza. Ciò che è successo a Letta ha il valore di un precedente: cambiamo qualcosa perché tutto rimanga lo stesso. Dopo gli anni del bavaglio ci eravamo forse illusi, abbagliati dalla parvenza di normalità conferita dal gabinetto Letta alla scena pubblica. Le manovre private sono riuscite a far sì che la nuova melodia non sia durata a lungo. Nel frattempo i pentastellati apportano il loro contrappunto cacofonico (“Io non sono democratico”, ha detto in faccia Grillo a Renzi in diretta streaming). Le acque si muovono, tuttavia è sempre lo stesso brodo riscaldato: che neanche Renzi riesca a durare più di una croma ne sarà la conferma.

«Il perturbante è quella sorta di spaventoso che risale a quanto ci è noto da lungo tempo, a ciò che ci è familiare», scrisse Freud nel 1919. “Abbiamo dato la nostra disponibilità assoluta”, ha ribadito Berlusconi, vero perturbante freudiano che mai se ne va del tutto. Disponibilità a mettere lo zampino? Ne siamo sicuri. A questo punto Berlusca avrà ormai scambiato Lampedusa per Grillo: tanto fanno ridere lo stesso. 

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Immagine: Matteo Renzi alla festa del PD celebrata il 10.09.2012 a Bologna, fotografia di Mario Carlini / Iguana Press (fonte: flickr.com, galleria "Il fatto quotidiano"). 

viernes, 3 de enero de 2014

Chile
















Chile es la espina dorsal del subcontinente americano. Frente al inmenso Pacífico se despliega indefenso y, a la vez, esforzado e indómito. «Chile: tu blanco lucero / tu pie sur en un estrecho / zapato de espuma y viento / tu viento quiero», cantaba Ana Belén poniendo voz al poema que Nicolás Guillén dedicó al país del cono sur: «Anduve caminando / sobre el salitre, / la muerte me miraba / yo estaba triste». Añoranzas de Chile, desparramado en lejanías; luto y llanto, siniestro temblor que brota de lo hondo del subsuelo: del terremoto al accidente en la mina.

Hoy, sin embargo, el país es santo y seña de los mejores augurios. Su PIB creció en 2011-2012 a un ritmo del 5,5% anual; la última tasa de desempleo (agosto-octubre de 2013) no alcanzó el 6%. En 2008 fui invitado a impartir un curso de doctorado en Santiago; quedé impresionado muy gratamente por mi universidad anfitriona y por las demás que visité –nada que envidiar a los campus europeos– así como por la afabilidad y deferencia en el trato, hermosa índole de los pueblos de América Latina. Pero cuando me monté en el funicular que conduce a uno de los montes que bordean la ciudad, la altura me permitió avistar lo que la sierra escondía al otro lado: una vasta planicie ocupada por casas paupérrimas, periferia y suburbio infame.

Sebastián Piñera cede el testigo a Michelle Bachelet; el centroizquierda vuelve al gobierno tras la legislatura del centroderecha. Afianzar las redes públicas de sanidad y educación, favorecer la promoción social y el acceso a trabajos cualificados, reducir la brecha de la desigualdad: he aquí algunos de los desafíos a los que se enfrenta la reelegida presidenta, tareas que mucho tienen que ver con las de su homóloga Dilma Rousseff en Brasil. Pero cabe felicitarse ya por la normalidad que Chile ha logrado en la alternancia democrática. Simboliza, en política, lo mejor y más prometedor del continente al que presta esa espina dorsal esforzada e indómita. Admirable Chile.

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Artículo propio publicado en el diario Levante de Valencia (27/12/2013). En la imagen: "Sunset in Chile", fotografía tomada el 28/04/2009 frente a la costa sur de Chile por Neil Moralee (fuente: flickr.com).