
Vuelvo de Sevilla tras un viaje relámpago -muy bien acompañado- para participar en el Simposio "Naturaleza y libertad" organizado por Juan Arana en la Facultad de Filosofía. La llegada a la ciudad estuvo acompañada por una lluvia, fina y maravillosa, que daba la razón a la esforzada Audrey Hepburn de My fair Lady. Sevilla ha sido para mí un descubrimiento: la elegancia de la Avenida de la Constitución, los tesoros que alberga el casco histórico -desde la Catedral hasta los innumerables palacios y coquetos rincones- o la diáfana monumentalidad de la Plaza de España, sólo empañada por la desidia del Consistorio, pueden cautivar a cualquiera. Qué mejor marco para un denso e interesante Simposio filosófico, que nos tuvo empeñados desde primera hasta última hora del viernes 24.
De vuelta en Murcia, me desayuno con una noticia publicada en el diario El país. Según EP, sólo el 12,8% de los diputados del Congreso se dedican exclusivamente a su labor parlamentaria. Me llama la atención que, de los más de trescientos pluriempleados, 40 desempeñan una profesión externa, 35 son abogados ejercientes y 17 administran empresas privadas. A uno le gustaría que sus representantes en el Parlamento buscasen dedicarse con exclusividad, siempre que fuese posible, a los asuntos de Estado. Entre otras cosas, porque no son fáciles. Y porque hace falta mucho tiempo para hacerse una idea cabal de las necesidades y de las soluciones. Pero da la impresión de que a algunos les sobra el tiempo. Hasta para dedicarse a tunear sus coches, o a tunear a secas. En fin: tenemos los políticos que nos merecemos. Menos mal que hay excepciones. Y que siempre nos queda Sevilla.
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En la imagen: detalle del interior de la catedral de Sevilla, por uBookworm (fuente: www.flickr.com).