jueves, 11 de diciembre de 2008

Die Welle



Esta mañana hemos asistido a una proyección cinematográfica particular. He llevado al cine a mis (muchos y queridos) alumnos de Ética fundamental; han abierto la sala para nosotros, y hemos disfrutado. La película: un film alemán rodado en 2007: La ola (Die Welle, dirigido por Dennis Gansel). Se trata de una hermosa y dura llamada de atención. Sobre ella ha publicado una entrada en su blog la periodista Eva Jiménez.

La película recrea ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en 1967 en el Instituto Cubberley (Palo Alto, California) y muestra algunos resortes psicológicos que subyacen a las dinámicas sociales y comunitarias. Un proyecto escolar se convierte en un auténtico experimento. El objetivo del profesor: mostrar cómo un grupo de alumnos, convenientemente manipulado, puede impregnarse del espíritu que conduce a una dictadura o un totalitarismo. Nace así 'Die Welle (‘La Ola’), y con ella un monstruo gestado en el seno mismo de una sociedad democrática. “¿Creías que no se podía repetir?” es la frase que acompaña la publicidad del film: el espectro del nazismo, del fascismo, del estalinismo.

La película posee la finura suficiente como para dar pie a varias reflexiones. Me interesa, en particular, lo que de bueno había en La Ola. El grupo respondía a auténticas necesidades de los jóvenes: en particular, a la necesidad de un ideal, de sinceros lazos de amistad, de sentirse valorados. Cuando el profesor pregunta, al inicio, qué factores han de concurrir para que se desarrolle un régimen autocrático, el joven Tim contesta con una palabra muy significativa: “Insatisfacción”. Insatisfacción, anhelos sofocados, ansia de sentido. Él lo sabe mejor que nadie: su existencia desangelada, descuidada por sus padres, ayuna de amistades, encuentra en La Ola un apoyo y un hogar. Por eso repetirá más tarde que el grupo no se puede disolver: la Ola es “su vida”.

Las dictaduras y los totalitarismos germinan en terrenos moralmente corrompidos. Y esa corrupción moral encuentra su mejor abono en una sociedad fragmentada, donde los lazos humanos –familiares, de amistad, de solidaridad y colaboración– están enfermos. Bien lo sabían los líderes nacionalsocialistas: el deseo de integración en el grupo favorecía que los soldados se implicasen en las masacres. (Hace algunos meses me referí a este asunto en otra entrada).

La ola es una llamada de atención. Me preocupa que la política española se esté convirtiendo en un escenario donde priman los intereses egoístas de grupos alucinados (pienso, en particular, en los nacionalistas de toda laya) y en el que cada vez resulta más difícil llegar a consensos razonables. Hoy mismo aparece en ABC una acertada “Tercera” sobre este asunto, escrita por Emilio Lamo de Espinosa. Me lo decía el acomodador del cine esta mañana: qué bueno es que los jóvenes vean esta película. Estamos a tiempo de evitar el horror. Aprovechémoslo.

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En la imagen: “La ola. Evocación de Hokusai”, por González-Alba (fuente: www.flickr.com).

10 comentarios:

EJG dijo...

Hola, Pedro Jesús,
Gracias por acercarte a mi blog y por la cita.

La verdad es que asusta pensar que las dictaduras encuentran un estupendo caldo de cultivo en entornos moralmente degradados. Yo también confío en que estemos a tiempo de solucionarlo.

Por cierto, me encantan la ética y la filosofía, así que supongo que me pasaré más veces por tu blog, para dialogar contigo.

Un cordial saludo,
eVa

FJ Fdez dijo...

Genial idea la de acudir a la visión de la pelicula, un gran film en mi opinión, creo que a todos nos a servido para aprender algo más y darnos cuenta de que con una manipulación bien realizada, puedes llevar a la gente hacia donde lo desees. Enhorabuena por la idea y gracias de nuevo por enseñarnos un poquito más en la vida.

juanpaulus dijo...

El Horror es inevitable, tanto como intentar parar los ciclos solares.

Estamos ante un acto de voluntad: ser subsumidos por el colectivo mayoritario o luchar, más tarde o más temprano, contra él sólo o junto con otros. Ninguna de las dos opciones mantiene al individuo en verdadera calma sino en una guerra de todos contra todos como bien apuntaba Hobbes.

Los principios ideológicos de la cohesión del grupo son el punto clave para todo esto: tanto si hablamos de materialismo biológico (la Espiritualidad de la Sangre, el racismo antropológico, la religiosidad de la raza) o histórico (producción social de la existencia, relaciones y medios de producción, vida material). El Hombre vaga, según las circunstancias, de un lado a otro pero con la misma atracción al poder, el pueblo llano debería de elegir a sus gobernantes en función de sus capacidades de gestión y no en tanto partidistas, puesto que la corrupción de un sólo político no implica una generalizada de todo un partido. las llamadas "listas" son un pozo lleno de viciosos intereses, este sistema se protege no con empatía y caridad cristiana sino por medio del uso de la fuerza institucionalizada.

Nuestra Ola es el consumismo, el conformismo, la mediocridad, el individualismo y sobre todo el dinero.

Ahí va otro de mis comentarios, quizás esté pecando de iluso e idealista, pero que no me vendan justicia e igualdad con sabor a fresa.

un abrazo JP

Itsaso dijo...

Qué suerte tus alumnos de ir a ver una película nueva y no tener que ver otra vez la naranja mecánica en la clase de filosofia.

A ver si consigo hacer un hueco para ir al cine a verla.

Anónimo dijo...

Estimado don Pedro Jesús:

He trabajado dos meses en un colegio privado del sur de Madrid. Toda una experiencia. He dado clases a muchos grupos, algunos muy numerosos. De hecho, habré tenido unos doscientos cincuenta alumnos en total.

Yo me imaginaba un escenario difícil, pues yo también fui estudiante de un centro privado y sé cómo se las pueden gastar algunos niños acostumbrados a llevar demasiado dinero en el bolsillo y a verles la cara muy poco a sus padres. No me imaginé que la situación actual en las aulas estuviera tan mal.

Todo ha degenerado. Yo dejé el colegio en el año 96. Tampoco hace tanto de eso. Pues se nota el paso del tiempo. ¡Qué desastre! Alguien me comentaba o yo lo he escuchado en radio que uno de los ministros de Sarkozy se lamentaba de la situación actual de los escolares franceses y afirmaba: Francia ha perdido a tres generaciones, no se puede permitir fallar a ninguna más. Creo que España está empezando a tocar fondo también.

¿Cuáles son los males? Los niños se están convirtiendo en los dueños y señores del hogar. Esos pequeños dictadores proyectan la debilidad de sus padres en la escuela, convirtiendo al profesor en un monigote sin autoridad. Saben mejor que nosotros que ellos siempre llevan las de ganar: no se les puede expulsar del aula, no se les puede bajar nota por mal comportamiento, los castigos son ineficaces y conocen la fórmula de saltárselos impúnemente, los colegios no expulsan (al fin y al cabo, un colegio privado es una empresa más a la que le interesa ganar cuanto más dinero mejor), muchos padres defienden a sus hijos (incluso delante de los propios profesores) y la sociedad inocentona que sufrimos es tan miope que no ve maldad posible en un niño. La cruda realidad es que una falsa acusación de un joven puede conllevar la expulsión de un profesor inocente. Así están las cosas hoy.

Añadamos a ese hecho que el gobierno incluso hace campaña política en contra de la familia tradicional. Lejos de apostar por ese núcleo fundamental de convivencia cívica, carga sus armas en contra del juicio común y acusa de "fachas, conservadores, retrógrados, homófobos" o lo que se les pase por las mientes a quienes consideran que la familia tradicional es la base de la sociedad. Civilización o barbarie.

¿Qué tipo de familia existe ahora? En muchos casos, un puro artificio. No pocos alumnos celebran fiestas de fin de semana en casa de sus padres mientras estos pasan unos días de viaje en cualquier parte lejos de la custodia de sus hijos. Los chicos nunca ven a sus padres, se educan solos o siguiendo patrones de conducta heredados de series de televisión (Una jovencita de doce años gritaba a sus alumnos que yo no podía pedirles un dictado (que ella entendió como "examen sorpresa") sin avisarlo con tres días de antelación ("o eso dicen en Física o Química... ¡Qué de físicas les daría yo a los productores de esa serie!) o programas basura como Gran Hermano. La soledad del adolescente español, la pérdida de rumbo en la vida, las carencias afectivas, el rencor hacia sus padres, su frustración y otros sentimientos no resueltos se vuelcan diariamente en el aula. El profesor, sin medios, sin autoridad y sin tiempo de respuesta, acuciado por un programa de estudios ridículo y alejado de la realidad, hasta arriba de alumnos, montones de exámenes innecesarios que corregir, obligaciones personales ajenas al trabajo y demorando siempre su propio bien en beneficio del colegio, ¿qué puede hacer?

En las aulas hace tiempo que se perdió el sentido de la enseñanza, el amor por el estudio, la gratitud del alumno, su esfuerzo, la atención al profesor... Hace demasiado tiempo. No existe nivel 4 del diálogo. No hay diálogo tampoco. Es una farsa. Una farsa peligrosa: perdemos a los mejores alumnos, a los mejores profesores y, con ellos, a la sociedad.

Yo no habría podido ir al cine con algunos de mis doscientos cincuenta alumnos. Por temor a que hubieran incendiado las butacas, por ejemplo. Muchos profesores de este país, digámoslo bien alto, estamos dando clase a bárbaros desagradecidos amparados por unos padres negligentes aplaudidos por un gobierno aquejado del peor mal: la locura. ¿Cómo enseñar nada a tu enemigo declarado?

Todo esto me recuerda al argumento de alguna novela de Ödon von Horváth. Recomendaría la lectura de Juventud sin dios. Y otra recomendación más: un 4,75 es un 4,75. No cedan al chantaje, no cedan al miedo, no cedan ante un puñado de niños asustados. El miedo se convierte en odio ante la debilidad. No seamos cómplices del crimen, pero tampoco nos convirtamos nosotros en verdugos. Mano dura, pero que no hiera.

Atentamente,
R. Hurtado.

Pedro Jesús Teruel dijo...

Eva, gracias por tu comentario. Y hasta otra ocasión.

FJ Fdez, me parece estupendo que hayas llegado hasta esta página del blog. Eres bienvenido.

Juanpaulus: ¡no creo que peques de iluso! Tus reflexiones están ancladas en la ambigua y a menudo corrupta realidad de nuestra política. Reseñando un libro sobre la relación entre la alta sociedad y la Alemania nazi, González Calleja dice que "los verdaderos protagonistas del régimen fueron unas élites repletas de ambición y de cinismo" (ABCD 27/12/08, p. 19). Asusta pensar que existen paralelismos con cierta clase política española de hoy.

Itsaso, me ha divertido tu comentario. No se me había ocurrido que podían existir "proyecciones clásicas" en una asignatura, que se hacen insufribles por lo previsible (un poco al estilo de la lección sobre sexualidad en "El sentido de la vida", de los Monty Python).

R. Hurtado, muchas gracias por su mensaje. Que se haya tomado la molestia de poner por escrito esa serie de reflexiones, valientes y necesarias, supone una ayuda para todos los que las lean. Todo ello me trae a la memoria unas frases de Messiaen. El compositor francés se refiere en ellas a su propio -e incomprendido- lenguaje musical: "Hablo de la fe a gentes que no la tienen, de pájaros a gentes que no los aman, de ritmos a gentes que no los comprenden y de colores sonoros a gentes que no ven nada" (del blog de José Antonio Morena Rey, http://logos82.blogspot.com).

Habla usted de la locura de nuestros gobernantes. En un reciente acto universitario pregunté a un representante del Ministerio de Ciencia -de cuyo nombre no quiero acordarme- sobre el impacto que la crisis educativa podría tener en el desarrollo de la investigación en España. Me contestó que "no le constaba" crisis alguna. No hay mayor ciego que el que no quiere ver, y esta ceguera de los responsables nos ha conducido a la situación lamentable que usted describe.

Entiendo su tristeza. La enseñanza media está siendo el escenario de un decadencia realmente dramática. Con todo, permítame que haga un guiño a la esperanza. Es normal que al profesor le llamen la atención justamente aquellos que hacen gala de indiferencia o muestran abiertamente el rechazo. La realidad es que entre los otros -los que callan, los que no se hacen notar- hay siempre muchos que están a la espera de orientación y de conocimiento. Nunca llegamos a saber hasta dónde alcanza la influencia de un profesor: "afecta a la eternidad" (Henry Brook Adams). ¡Gracias de nuevo!

Anónimo dijo...

¿ Has mandado (u ordenado ) una pelicula para que la vea el alumno? ¿Y cuando vas a decirle, y no por supuesto a mandarle, al profesorado que la vea? Antes de dar clase, hay que aprendrer,y despues hay que aprender a dar una clase,cosa que no es lo mismo, y cuando uno es consciente de que su nivel es inferior al resto de profesores ( aunque tambien puede darse el caso que tambien sea inferior al del alumno) tiene que pedir ayuda, a sus compañeros, directores del centro, estudiando más, siendo honrado y volviendose a preparar unas oposiciones y si suspende, va y se vuelve a presentar, como hemos hecho los demás, porque se supone que su prioridad es la buena formación de SU ALUMNO. Es el alumno lo que interesa y no su MODUS VIVENDI, y no sus agendas intermultidisciplinares con fuegos de artificio y muchas luces de colores, que forman a los alumnos bombilla( dicese del alumno que brilla mucho, pero que cuando sopla el aire,se funde, y en consecuencia se apaga, no tiene raices, porque no se las han enseñado, no las hay ). EL PROFESOR DE UNIVERSIDAD, tendría que ser el "raro", ya que ha decidido NO RENTABILIZAR su sabiduria ( de ahi el problema que tiene la FILOSOFIA, ciencia que no ha sido rentable nunca, a lo largo de su historia, de ahí que siempre la rama de HUMANIDADES, haya estado defenestrada en el sistema educativo nacional desde siempre), sino que ha de estar a la altura de sus 300 nuevos alumos ( o los que sean )y además, no debe esconderse, detras de la CORTESIA, sino que ha de pelear por aquello en lo que se predica junto con SU alumno, ( las colinas ya sean, fisicas o psiquicas, NUNCA se ganan solo con ideas ).Los profesores no deberían dejar todo a la altura de su ELEVADÍSIMA tarima de 10 cm, sino que si algo está mal QUE AYUDEN A CAMBIARLO. Yo ya salí a las calles hace 20 años con el "COJO MANTECA (nunca he roto un semaforo).¿Y que ha cambiado ? Yo te lo diré .NADA.
Lamento muchíñisimo no ser tan optimista pero prefiero seguir siendo testaruda e ingenua a que nadie vuelva a engañarme.GRACIAS.

Anónimo dijo...

Hola, don Pedro:

Gracias por su respuesta. En efecto, lleva mucha razón al afirmar que debemos ser optimistas. Por fortuna siempre hay alumnos atentos y agradecidos que escuchan, que se interesan, que saben comportarse y que disfrutan aprendiendo. Desgraciadamente, ahí también lleva razón, suelen pasar desapercibidos. ¿Para qué demostrar interés públicamente? Entre los propios alumnos se ve mal al estudioso, al joven aplicado, al que pregunta. El grupo le tiene manía, lo teme (cuando no lo aborrece) y termina muchas veces rechazándolo (también hay casos de feliz integración, por supuesto).

Yo he pensado -no tengo demasiada experiencia pero creo estar en lo cierto- que convendría dividir a los chicos en grupos. Estas divisiones se deberían hacer por afinidades. De ese modo, garantizaríamos una enseñanza casi personalizada y, desde luego, mucho más eficaz. ¿Cuándo reconoceremos que tener los mismos derechos no significa que seamos iguales? ¡Cómo se aburre el alumno inteligente cuando el nivel de la clase no está a su altura! ¡Qué pesada se hacen algunas lecciones para el alumno con falta de atención! ¡Qué frustrante para el profesor no llegar a todos sus alumnos, ver que no han aprendido y que él no ha logrado motivar al grupo! En cambio, si pudiéramos dividir a los chicos en grupos, lograríamos un orden eficaz en la enseñanza.

Creo que ninguna clase podría tener más de ocho alumnos. El profesor siempre debería impartir clase a chicos de la misma edad (por ejemplo, clase exclusivamente a Bachillerato o a 1º y 2º de la ESO, pero no a grupos de toda la etapa escolar, que me parece una barbaridad) y convendría que el departamento al que perteneciera no estuviera integrado por más de tres docentes. El asunto de la autoridad lo resolvería fácilmente: si el alumno no es educado y no permite que la asignatura se imparta como es debido, se le expulsaría del colegio sin contemplaciones. ¿Qué criterio se seguiría para agrupar a los chicos? Como escribí antes, por afinidades: los que sean más inteligentes, juntos; los que presenten problemas similares (falta de atención, por ejemplo), juntos; los menos aplicados, juntos, etc. ¿Suena cruel o injusto? Quien haya dado clase, sabrá que no lo es. Lo injusto es castigar a una persona de talento mezclándola con otras que no poseen su don; lo cruel es obligar a un chico que no tiene interés por los estudios a que termine la enseñanza secundaria. Yo no hablo de listos y tontos, cuidado, yo propongo un plan más coherente con la diversidad humana. Nos tratan igual que ovejas, pero somos hombres libres. En esa libertad deberíamos educar a nuestros escolares, atendiendo a la diferencia que nos distingue del resto y no a una ideología equivocada que pretende igualar lo que por naturaleza es diverso.

Un saludo,
R. Hurtado.

P.S.- Un ejemplo de crueldad: el baremo en Educación Física.

yomaris serpa bedoya dijo...

En particular me agrado . bueno mas que agradarme me impacto, la pregunta sera que hoy día podría repetirse?, muchas veces queda en le aire. los jóvenes son los mas propensos al manipulación de las masas, por su búsqueda de identidad ,a la creación de subjetividades.para la cual esta película es la herramienta para mostrarnos a nosotros los jóvenes que somos libres de pensar y de actuar pero con cierto control en nuestro accionar, porque todavía estamos en el descubrimiento del mundo.

Pedro Jesús Teruel dijo...

Gracias por tu comentario, Yomaris. Me ha brindado la ocasión de volver a este interesantísimo diálogo que tuvo lugar ya hace más de cuatro años. El tiempo pasa, pero la cuestión sigue viva porque es eterna como la esencia humana. ¡Saludos!