miércoles, 2 de septiembre de 2009

Vida




En la escena final de su admirable film Ordet, Carl Theodor Dreyer muestra al matrimonio protagonista en primer plano. La exangüe Inger se deja abrazar por su marido, a quien literalmente se come a besos. Ha redescubierto el don de la vida, que de nuevo se abre ante ella, grávida de promesas.

También yo me siento así, hoy 2 de septiembre. Comienza de nuevo un curso. Empieza de nuevo la vida ("La vida, sí", repite Inger, "la vida").

Hace ya meses que he descuidado mi blog. Volveré a cultivarlo a partir de ahora. Durante mi ausencia, algunas entradas se han enriquecido con nuevos retoños, como si tuvieran vida propia - y es que, en cierto sentido, la tienen. Es el caso, en particular, de la entrada que publiqué el viernes 3 de abril de este año, bajo el título "Carta abierta a Manuela: Mosterín, aborto, potencia y acto". Que haya dado lugar a un diálogo tan fructífero muestra bien la eficacia del intercambio sereno de opiniones. Es, como tantas cosas, una promesa esperanzadora.

La vida empieza de nuevo. La vida, sí: la vida.

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En la imagen: fotograma de Ordet, de Carl Theodor Dreyer (Dinamarca, 1955).

2 comentarios:

Leo dijo...

Pedro, irradias optismismo, qué gusto! Mucho ánimo,

un abrazo,

Carmen dijo...

La vida, sí: TU vida.

Me alegra leerte en esta nueva entrada; mucho más positiva que la anterior. Me da la impresión de que el verano nos ha renovado y estamos listos para enfrentarnos a un nuevo un curso escolar: nuevos alumnos y compañeros, claustros, evaluaciones…

Y es que Septiembre suele llegar repleto de promesas. Espero que todas ellas vayan cumpliéndose poco a poco.