sábado, 19 de septiembre de 2009

El día de ayer




Ayer fue un día muy hermoso. Un día lleno de paz y alegría. (Algunos de los que me leen dirán: pero, ¿cómo puedes decir eso? ¿No fueron horas tristes, de rabia e indignación ante la injusticia? Eres un providencialista, Pedro Jesús: un irenista fuera del mundo.)

Un gran día. Uno de esos que me gustaría recoger, con cierto detalle, cuando escriba –cosa que me gustaría, llegado el momento– mis memorias. (¡Qué despropósito!, dirán. Habría que borrarlo del calendario, como todas las horas de impostura y oprobio.)

A partir de las tres de la tarde, la jornada fue un sucederse de llamadas y visitas de amigos. No eran los primeros: desde las doce y diez me acompañaba un consuelo que yo no hubiese podido fabricar, una seguridad que me superaba: con su asistencia serena –abogado y defensor le llaman– me sentí llevado de la mano: “Pero yo estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado” (salmo 73).

Lo guardaré todo conmigo, como estos últimos ocho años, con admiración y afecto. Siempre recordaré este día. Me acordaré de esta paz. De vuestros rostros a esta última luz. Conservaré el recuerdo de todo lo que hemos hablado. Lo llevaré entre mis manos, amorosamente, como se lleva un cuenco lleno hasta el borde de leche recién ordeñada.

__________
En la imagen: fotograma de El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1956).

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Pedro Jesús: Creo (y muy sinceramente) que alguien ha perdido muchíiiiisimo mas que tu

M N dijo...

Hola Jesús soy filósofa y me acerqué a tu blog por recomendación de una amiga. Sólo quiero decirte que me ha gustado mucho y el título me parece muy original y muy visual ya que es cierto, la persona está en constante evolución. Por tanto, el proceso de construcción (hacia la perfección o imperfección) es interminable. Enhorabuena.

Alejandro Martín Navarro dijo...

No sé qué pasó "ayer", pero la entrada es preciosa, y me he vuelto a emocionar recordando esa escena de El Séptimo Sello. Gracias

Pedro Jesús Teruel dijo...

Anónimo,
hay un texto autobiográfico de John Henry Newman titulado "Perder y ganar". La estructura de la vida humana es así. Nuestra finitud trae consigo la necesidad de tomar -volente o nolente- un camino u otro en las encrucijadas. Perder para ganar. También yo creo sinceramente haber ganado ya mucho: en libertad, en consciencia del afecto sincero de muchos, en apertura a la trama auténtica de mi realidad.

Maite,
gracias a ti por visitar mi blog. He hecho lo propio con el tuyo, y me ha agradado mucho ver lo "pegada" a la actualidad audiovisual que estás. Y tu interés por el cine. ¡Espero que sigamos en contacto!

Alejandro,
también yo me emociono al recordar esa escena de "El séptimo sello". Está ahí toda la carga de la angustia secreta del caballero Block, redimida por la integración en un grupo que -maravilla de las maravillas- se convierte en una comunidad de acogida y de sentido. Algo muy similar sucede, si lo recuerdas, en esa luminosa escena de "Fresas salvajes" que se desarrolla junto a un lago, en la sobremesa en que charlan animadamente el profesor Borg y sus jóvenes amigos. La acogida mutua es fuente de esperanza.

¡Gracias a vosotros y a todos los que me estáis llamando o contactando conmigo! Estáis consiguiendo que ese hermoso "día de ayer" se dilate en el tiempo.

Anónimo dijo...

Gracias por contestar a mi comentario Pedro Jesús. Ya se que unas veces se pierde y otras se gana, en esta ocasión has ganado, y mucho, lo que dejas atrás.... ahí se queda. Ha sido todo bueníiiisimo. Toda tu vida ha sido una ganancia, siempre te ha llevado Dios en la palma de su mano, eso es lo mejor que te ha podido pasar. Sigue acogiéndote a El y siempre te irá bién

Esther dijo...

Querido Pedro,
comprobarás con el tiempo que esta experiencia no ha hecho mas que darte experiencias valiosas y madurez en todos lo sentidos. Esa ha sido mi experiencia.
Y lo que dices tan hermoso "La acogida mutua es fuente de esperanza" es muy cierto, yo lo he sentido asi, y creo que uno de los propósitos de que Dios permita tanto desmán que uno no puede ni comprender, es precisamente ese: sentir de veras que no estás solo. Yo no lo habría comprendido si nada me hubiera pasado.
Un abrazo

José Pedro dijo...

Acabo de enterarme. Desconozco los detalles y motivos pero llego a una conclusión sencilla ¡Qué bueno eres Pedro Jesús!. En momentos así es comprensible que se desaten las emociones y tú, en cambio, no dejas de agarrarte fuerte a la razón, que tanto elogio has hecho de ella, y a la fe, que te ha posibilitado encontrar la serenidad y la seguridad de estar acompañado en tu despedida. Eres todo un caballero. Gracias por las muchas lecciones que me has dado a nivel intelectual y a nivel humano. Recibe un fuerte abrazo

Perico dijo...

Querido Pedro Jesús:
Un abrazo fuerte desde Chile. Me acabo de enterar. Definitivamente "para los que aman a Dios todo es para bien".

Anónimo dijo...

Hace medio año le pregunté a un profesor el por qué de su elección y seguro pensó que soy un portero chismoso y cotilla, le hablé de Salamanca, Granada y también de alguna Universidad extranjera, me contestó que hay que hacer grande aquello que empieza; el problema es que siempre es a costa de cabezas valiosas e irremplazables (Tomás Moro).

Anónimo dijo...

Esta mañana no podía creer que me encontraba camino del despacho correspondiente a preguntar quien sería el nuevo profesor de la asignatura de ética fundamental ya que ahora no se a quien dirigirme para solucionar dudas del examen de diciembre. Momentos antes me cruzaba con un compañero que me daba la desagradable noticia, un "¡venga ya!" Es lo primero que me ha venido a la cabeza, esto es de locos. Por supuesto he mostrado ante el responsable del departamento mi desacuerdo con dicha noticia. Desconozco los motivos que han llevado a esta situación y poco me importan, lo que yo sé es que, como ya te hice saber en una ocasión, solo en tus clases sentía que estaba en una universidad, en una seria, en una de verdad. Me apena realmente no volver a asistir a esas clases que tanto me han enseñado sobre lo más importante, sobre la vida, sobre las personas y sobre mi misma. Un sincero y fuerte abrazo.

Pedro Jesús Teruel dijo...

¡Cuántas cosas hermosas me estáis diciendo...! No soy una persona que tienda a la lágrima fácil, excepto en ciertas ocasiones – por ejemplo, cuando estoy en el cine o veo una gran película (entonces, siempre que se trate de un buen film, me emociono, aunque sea una comedia, por la coherencia y la armonía del conjunto). Sin embargo, ahora hacéis que me conmueva. Me dais mucho más de lo que yo estoy en condiciones de devolver.

Anónimo,
tienes razón: toda mi vida ha sido una ganancia. Cada vez soy más consciente de ello. Y también lo soy de que la ganancia ha consistido en un don, dilatado y diversificado en el tiempo. Todo lo que tengo y soy ha sido recibido. Nada de lo que poseo ni sé hacer me sirve para pagarlo. Muy al contrario: ¡cuántas veces actúo de forma zafia, no sé ser agradecido, hago el mal que no quiero en lugar del bien que deseo! Sé lo que me digo, y lo que digo es cierto. Por eso, la única verdad es la humildad.

Esther,
tu experiencia está siendo también la mía. Escribo desde Ávila, donde me encuentro desde hace varios días a causa de un estupendo congreso en torno a la filósofa alemana Edith Stein. El congreso ha sido ocasión para reencontrar a viejos y queridos amigos, y para comenzar nuevas amistades. No estamos solos: Dios nos coloca en una tierra buena y fértil, y nos rodea –si el ensimismamiento o la alienación no nos impiden advertirlo– de las personas adecuadas para que crezcamos. Recibe mi saludo afectuoso.

José Pedro,
Tu mensaje dice mucho –y bueno– de ti, no de mí. Tengo una gran suerte de haberme conocido un poquito, lo suficiente como para poner en cuarentena tu amabilísimo elogio, tan bienintencionado. Yo no soy tan bueno. Pero he descubierto, como tú, una fuente de sentido y vida, fuente a cuyo lado este tipo de vicisitudes empalidecen y casi desaparecen por completo. No valen, en sí, la pena. Lo que vale la pena es la vida, la vida iluminada por el amor finito y por el amor eterno. ¡Gracias por tu apoyo y tu presencia!

Perico,
es como dices. Las matemáticas de Dios son esencialmente exponenciales, y no conocen los valores negativos. ¡Abrazos desde España!

Anónimo,
¿por qué será que imagino quién eres...? Las conversaciones contigo han sido siempre un impagable aliciente intelectual. No te preocupes, mi cabeza sigue sobre mis hombros. Y ¡qué certera eres! Tomás Moro sigue siendo un modelo para todos los que deseamos vivir una existencia transparente, transida de moralidad y de rectitud. Ojalá lo consigamos.

Anónimo,
también creo saber quién eres tú, a pesar del (más que adecuado) anonimato. Cada uno tenéis un estilo personal y, en cierto modo, inconfundible. Agradezco de corazón tu indignación y tus palabras. Creo sinceramente que no las merezco del todo, y que brotan de tu buena disposición y de tu honradez. Pero si he contribuido, aunque sea sólo un poquito, a ayudarte a descubrir algo sobre ti misma y sobre el mundo, me doy por más que satisfecho. Y mi satisfacción es completa. Sigue tu camino con alegría y con ánimo: tienes mucho que dar a los demás. Yo también lo seguiré, pisando sobre el suelo firme que tengo bajo mis pies, y que bien has podido intuir ya: el suelo de la razón iluminada por la trascendencia del Amor. Me siento –y soy– un principiante en todo. ¡Gracias!

Pedro Jesús Teruel dijo...

Me comentan que varios de los que leéis este blog estáis intentando contactar conmigo. Mi dirección universitaria habitual es pjteruel@universia.es. Como me dicen que, en ocasiones, esta dirección devuelve los mensajes, os facilito otra: pedrojesusteruel@gmail.com. ¡Un saludo entrañable!

Anónimo dijo...

Hace casi un mes que no escribes, si dejas de hacerlo tus alumnos,nunca clientes,perderemos mucho más si cabe y ellos, los pobres de ellos, pensaran que han ganado.

Carmen dijo...

Estimado Pedro Jesús:

Los tiempos de incertidumbre son siempre difíciles; creemos que no volveremos a ver la luz y podemos llegar a desesperar. Pero a ti no te falta apoyo. Como ves, tienes más de una mano amiga dispuesta a guiarte en la oscuridad y debes sentirte afortunado porque realmente lo eres.

Y aunque no queramos creerlo, hay una verdad que se repite en todos estos momentos: lo que viene es siempre mejor que lo que teníamos. Espero que estas nuevas oportunidades se abran pronto antes tus ojos.

Un abrazo,

Carmen

Pedro Jesús Teruel dijo...

Gracias a todos los que estáis dejando mensajes en este blog, a los que me estáis llamando por teléfono o escribiendo. Procuro contestaros a todos detenidamente, aunque llevo algo de retraso aún... Quedáis en mi oración y en mi recuerdo agradecido.