lunes, 9 de julio de 2012

El viaje de Ulises


















Veo de nuevo La mirada de Ulises, del recientemente fallecido cineasta griego Theo Angelopoulos. El protagonista recorre los Balcanes, en pleno conflicto étnico, a lo largo de un estremecedor periplo que le llevará hasta Sarajevo. Busca las primeras bobinas filmadas por los hermanos Manakis, iniciadores de la cinematografía helénica: una mirada primigenia sobre la Hélade que permanece inédita en algún lugar. «Grecia se muere», le dice el taxista que le conduce a la frontera. «Como pueblo, nos morimos. Se acabó el ciclo. Miles de años entre ruinas y estatuas y ahora nos morimos. ¡Si Grecia debe morir, que sea rápido! La agonía es muy larga y ruidosa.»

¿Presenciamos los estertores de esa agonía? ¿Está llamada Grecia a clausurar el ciclo que inició cinco siglos antes de nuestra era? ¿O nos hallamos ante el alba de una nueva Europa, desengañada ya del neocapitalismo y sus vendedores de humo bajo apariencia de progreso...? En mayo de 2010 me hice la misma pregunta en este blog; a distancia de dos años da la impresión de que una esclerotizada Unión no ha aprovechado el desafío como trampolín para algo mejor. Harían falta ojos de vigía y corazón de profeta. El pasado sábado, Carlos García Gual llevaba a cabo un sentido panegírico de las virtudes de Atenas:
Platón escribió que el impulso natural del filosofar estaba en la admiración. Dice Heródoto que la historia se escribe para salvar del olvido “hechos y cosas admirables”. Admirarse del mundo motivó su incesante ardor creativo y su busca de explicaciones en los ámbitos más diversos de la poesía y la cultura. Frente al moderno y cáustico homo faber, entregado con furor a la tecnología y la mecánica, el griego era contemplativo y dialogante, entusiasta de la belleza del cuerpo y del alma, experto en viajes odiseicos.
El pasado jueves, dos noticias pugnaban por la supremacía en las portadas de los periódicos: por una parte, el avance en la comprensión de la estructura de la materia gracias a los experimentos realizados en el CERN en torno al papel del bosón de Higgs en el origen de la masa; por otra, el repunte de las dudas sobre la efectividad de la política anti-crisis puesta en marcha por los mandos de la UE. Los misterios del Universo y las incertidumbres de la economía. Para bien y para mal, Europa.

Quizá la realidad nos devuelva –por elevación y por contraste– esa admiración por el mundo que puede exorcizar la demasía (hýbris), el exceso de voluntad de dominación que ha terminado por enclaustrarnos en la lujosa y exigente jaula de nuestra sociedad neocapitalista. Pero nada se hará de manera automática. Entre lo que hemos aprendido está la conciencia de que las objetivaciones sociales y culturales de la libertad pueden inclinar la balanza de un lado o de otro. Y esas objetivaciones no se generan solas: requieren del concurso humano. La clave está en acertar con los modos que nos permitan ganar autonomía –y autorrealización, vida lograda– sin recurrir a los mismos resortes que la reprimen. Éste es, a fin de cuentas, el sino de la aventura humana: el viaje de Ulises.

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En la imagen, la fuente de Cibeles en Madrid, obra concluida en 1782 por F. Gutiérrez, R. Michel y M. Ximénez sobre proyecto de Ventura Rodríguez (fotografía propia, 05/06/2012). La cita inicial proviene del film de Theo Angelopoulos To blémma tou Odysséa (Grecia / Francia, Italia 1995, 27:21). El artículo de Carlos García Gual “Nuestra deuda con Atenas” fue publicado en el diario El País del 07/07/2012 (suplemento “Babelia”, nº 1076, p. 7).

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