domingo, 14 de junio de 2026

Yo pienso en mí mismo como ser humano

   

El vuelo de una bandada de pájaros compone un prodigioso concierto visual, fruto de la evolución biológica. En el mundo antiguo, la gente miraba a menudo el vuelo de las aves. La ornitomancia servía para interpretar si portaban o no buenos augurios, si habría suerte o si llegarían desgracias. En todo ello se presagiaba la conexión etológica entre el comportamiento animal y las alteraciones del medio ambiente, mezclado con borrosas nociones de conexión cósmica. 

Donald Trump ha concitado a su alrededor una heterogénea bandada de pajarracos de la peor clase. Unos y otros han desparramado malos augurios a diestro y siniestro: desde casa propia –con unos niveles de polarización nunca vistos desde la guerra del Vietnam hasta nuestros días, y con miedo en no pocos grupos sociales– hasta los vecinos y los aliados tradicionales, con la vuelta de una manía pseudoimperial. Asistir a las evoluciones de esa serie de pajarracos permite barruntar sus pautas, sus giros, las alianzas y los parecidos con la ultraderecha (ver “Ultradreta: l’antítesi del trellat”, Cresol, 25/172, julio-septiembre de 2024, pp. 10-11).

La reciente polémica entre Elon Musk e Irene Montero nos da un botón de muestra. El hombre más rico del mundo es el mismo que, en su flirteo con Trump, ha desmantelado la Agencia Estadounidense para el Desarrollo, con la previsible consecuencia de hasta catorce millones de muertos de aquí a 2030 (ver “Votos que pueden matar”, Levante-EMV, 09/06/2025). Cuando Montero felicita al gobierno de España por el proyecto de regularizar medio millón de inmigrantes –que, como evidencian organismos nacionales e internacionales, contribuirán a la riqueza del país– y por el rechazo implícito de fascismo y racismo, Musk reacciona con una invectiva que revela su ignorancia o su malicia. Ahora bien, ¿cómo se había enterado él de las declaraciones de Montero...? A través de un post publicado en X por Eva Vlaardingerbroek, jurista y política holandesa conocida por oponerse a las vacunas y al feminismo. El pasado 1 de febrero, Vlaardingerbroek escribió: «Esta mujer, que está llamando a reemplazar a la gente Blanca, está casada con un hombre Blanco y tiene tres niños Blancos. Ese nivel de traición –no ya a tu propia gente, sino a tus propios niños– sólo puede ser calificado de patología estrema o pura maldad, o de ambos».

La desnudez de lo que dice llama la atención (y también la mayúscula en el adjetivo White, “Blanco”). Sin disimulos, sin avergonzarse, exalta el color de la piel. No la verdad, no la dignidad o la justicia: la piel (Blanca). Como si nunca hubiera habido reivindicación de los derechos humanos, lucha contra el esclavismo, abominio del racismo. Es la voz primitiva la que lo regurgita: hay que defender a la tribu.

Este discurso halla en nuestra casa su espejo. En España, y según el estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado en septiembre de 2024, la inmigración ascendió ese año al primer lugar de las preocupaciones ciudadanas. Seguidamente, una encuesta monográfica realizada por el Instituto 40dB para el diario El País y la cadena SER desglosaba la correlación entre la inquietud por el fenómeno migratorio y las adhesiones políticas: mientras el 29% de los votantes del PSOE consideraban preocupante la presencia extranjera, la cifra ascendía al 73% entre los votantes de VOX. En febrero de este año, el líder de este partido, Santiago Abascal, ha atacado duramente a las instituciones que apoyan la iniciativa legislativa popular de regularizar a más de medio millón de inmigrantes –en particular, a la Iglesia católica–, acusándolas de ser cómplices de la inmigración ilegal por afán de lucro.

En las Cortes valencianas, la complicidad de PP y VOX ha permitido aprobar, en el pasado octubre, un Plan de Estadística 2025-2028 en el que se diferenciarán los datos de la población autóctona e inmigrante en ámbitos como el uso de las emergencias sanitarias, las donaciones de sangre o la aportación neta al Estado. Se trata de un planteamiento tramposo. Los datos procedentes de ese filtrado tendrían relevancia política si se cumpliesen ciertos presupuestos: por ejemplo, que todos los grupos de población partiesen de las mismas condiciones sociosanitarias; o que las personas inmigrantes no estuviesen cubriendo sectores laborales que, de otro modo, quedarían desatendidos. El informe Funcas La inmigración en España: retos, impacto y políticas, presentado el pasado 12 de febrero, señala cómo la mitad del crecimiento del PIB desde 2022 –que pone a nuestro país a la cabeza de la Unión Europea– se debe a la contribución laboral de la población inmigrante. Según datos de enero recogidos por el Instituto Nacional de Estadística, la comunidad valenciana lidera la recepción de inmigrantes. La presencia de personas nacidas en otros países –en torno al 20% de la población– tiene lugar en un marco favorable, reflejado en los estudios de opinión. Sin embargo, no hemos de pensar que el tejido social resulte impermeable; en particular, el segmento de población juvenil que ve obstaculizado su progreso –per ejemplo, a raíz del encarecimiento de alquiler y vivienda– constituye el caladero de votos del discurso xenófobo.

Vlaardingerbroek, Abascal y los suyos confunden la Humanidad con la tribu, la civilización con el color de la piel. El resultado es la defensa de un darwinismo social que nos retrotrae a pájaros de mal augurio. Y, sin embargo, otro discurso es posible.

En el film de Stanley Kramer Adivina quién viene a cenar esta noche, y en un duro y memorable diálogo, el protagonista se encara con su padre. Ambos son negros. El hijo está encarnado por Sidney Poitier, quien se distinguió por su lucha contra los prejuicios sociales. «Tú piensas en ti mismo como hombre de color», le dice al padre, «yo pienso en mí mismo como hombre». A duras penas se puede sintetizar mejor una verdad fundacional de la civilización, tal y como la conocemos y la queremos. No blanco ni negro: ser humano.


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Artículo propio publicado en la revista
 Cresol, Valencia (abril-junio 2026), pp. 16-17. En la imagen, un estudio de manos realizado por Leonardo da Vinci hacia el 1490 y conservado en la Royal Collection de Londres


Jo pense en mi mateix com a ésser humà

  

El vol d’una bandada d’ocells compon un prodigiós concert visual, fruit de l’evolució biològica. En el món antic, hom es mirava sovint el vol dels ocells. L’ornitomància servia per a interpretar si portaven o no bons auguris, si hi hauria sort o arribarien desgràcies. En tot això es presagiava la connexió etològica entre el comportament animal i les alteracions del medi ambient, barrejada amb boiroses nocions de connexió còsmica.

Donald Trump ha concitat al seu voltant una heterogènia bandada d’ocellots de la pitjor mena. Uns i altres han escampat mals auguris a tot arreu: des de casa pròpia –amb uns nivells de polarització mai vistos des la guerra del Vietnam ençà, i amb por en no pocs grups socials– fins als veïns i als aliats tradicionals, amb el retorn d’una dèria pseudoimperial. Assistir a les evolucions d’eixe reguitzell d’ocellots permet albirar-ne les pautes, els girs, les aliances i les semblances amb la ultradreta (veure “Ultradreta: l’antítesi del trellat”, Cresol, 25/172, juliol-setembre 2024, pp. 10-11).

La recent polèmica entre Elon Musk i Irene Montero ens en dóna un botó de mostra. L’home més ric del món és el mateix que, en el seu flirteig amb Trump, ha desmantellat l’Agència Estatunidenca per al Desenvolupament, amb la previsible conseqüència de fins a catorze milions de morts d’ací al 2030 (veure “Vots que poden matar”, Levante-EMV, 09/06/2025). Quan Montero felicita el govern d’Espanya pel projecte de regularitzar mig milió d’immigrants –que, com palesen organismes nacionals i internacionals, contribuiran a la riquesa del país– i pel rebuig implícit de feixisme i racisme, Musk reacciona amb una invectiva que revela la seua ignorància o la seua malícia. Ara bé, com s’havia assabentat ell de les declaracions de Montero...? Mitjançant un post publicat a X per Eva Vlaardingerbroek, jurista i política holandesa coneguda per oposar-se als vaccins i al feminisme. Passat 1 de febrer, Vlaardingerbroek escrigué: «Aquesta dona, que està cridant a reemplaçar la gent Blanca, està casada amb un home Blanc i té tres nens Blancs. Eixe nivell de traïdoria –no ja a la teua pròpia gent, sinó als teus propis nens– sols pot ser qualificat de patologia extrema o pura maldat, o d’ambdós».

La nuesa del que diu crida l’atenció (i també la majúscula en l’adjectiu White, “Blanc”). Sense embolcalls, sense avergonyir-se’n, exalta el color de la pell. No la veritat, no la dignitat o la justícia: la pell (Blanca). Com si mai no hi haguera hagut cap reivindicació dels drets humans, cap lluita contra l’esclavisme, cap abomini del racisme. És la veu primitiva a regurgitar-ho: cal defensar la tribu.

Aquest discurs troba el seu mirall a casa nostra. A l’Estat espanyol, i segons l’estudi del Centre d’Investigacions Sociològiques (CIS) fet públic el setembre del 2024, la immigració ascendí eixe any al primer lloc de les preocupacions ciutadanes. Tot seguit, una enquesta monogràfica sobre la immigració, realitzada per l’Institut 40dB per al diari El País i la cadena SER, desglossava la correlació entre la inquietud pel fenomen migratori i les adhesions polítiques: mentre el 29% dels votants del PSOE consideraven preocupant la presència estrangera, la xifra ascendia al 73% entre els votants de VOX. En febrer d’enguany, el líder d’aquest partit, Santiago Abascal, ha atacat durament les institucions que recolzen la iniciativa legislativa popular de regularitzar mig milió d’immigrants –en particular, l’Església catòlica–, tot acusant-les de ser còmplices de la immigració il·legal per afany de lucre.

A les Corts valencianes, la complicitat de PP i VOX ha permès aprovar, el passat octubre, un Pla d’Estadística 2025-2028 en què es diferenciarà dades de població autòctona i immigrant en àmbits com ara l’ús de les emergències sanitàries, les donacions de sang o l’aportació neta a l’Estat. Es tracta d’un plantejament trampós. Les dades procedents d’eixe triatge tindrien rellevància política si s’acomplissin certs pressuposts, com ara que tots els grups de població partiren de les mateixes condicions sociosanitàries o que les persones immigrants no estigueren cobrint sectors laborals que altrament romandrien desatesos. L’informe Funcas La immigració a Espanya: reptes, impacte i polítiques, presentat el passat 12 de febrer, assenyala com la meitat del creixement del PIB del 2022 ençà –que converteix el nostre país en capdavanter a la Unió Europea– es deu a la contribució laboral de la població immigrant. Segons dades de gener recollides per l’Institut Nacional d’Estadística, la comunitat valenciana lidera la recepció d’immigrants. La presència de persones nascudes a altres països –al voltant del 20% de la població– s’esdevé en un marc favorable, reflectit als estudis d’opinió. Tanmateix, no hem de pensar que el teixit social siga impermeable; en particular, el segment de població juvenil que veu entrebancat el seu progrés –per exemple, arran de l’encariment de lloguer i habitatge– constitueix el calador de vots del discurs xenòfob.

Vlaardingerbroek, Abascal i els seus confonen la humanitat amb la tribu, la civilització amb el color de la pell. El resultat és la defensa d’un darwinisme social que ens retrotrau a ocells de mal auguri. I, tanmateix, altre discurs és possible.

Al film de Stanley Kramer Endevina qui ve a sopar, el protagonista s’encara amb son pare en un dur i memorable diàleg. Ambdós són negres. El fill ve encarnat per Sidney Poitier, qui es distingí per la seua lluita contra els prejudicis socials. «Tu penses en tu mateix com a home de color», li diu al pare, «jo pense en mi mateix com a home». Amb prou feines es pot sintetitzar millor una veritat fundacional de la civilització, tal i com la coneixem i com la volem. No blanc ni negre: ésser humà.


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Article propi publicat a la 
revista Cresol, Valencia (abril-juny 2026), pp. 16-17. En la imatge, estudi de mans realitzat per Leonardo da Vinci envers el 1490 i conservat a la Royal Collection de Londres