lunes, 14 de enero de 2008

Juan Nadie


[Juan Nadie es el título español de una película de Frank Capra: Meet John Doe. Se trata de un film emocionante y sugerente. El editorial de enero de Unidad en la pluralidad está inspirado en ese personaje: "Despierta, Juan Nadie". Bien vale ese editorial para poner letra a a pensamientos y acciones de las últimas semanas.]

"En una emblemática película, un joven desahuciado se convertía, de la noche a la mañana, en una estrella mediática. Y lo hacía encarnando el prototipo de gente corriente, de hombre de la calle o Juan Nadie. Su primer discurso radiofónico era todo un programa; millones de personas lo imitarían a partir de entonces. Vale la pena reproducir algunos de sus párrafos. “Voy a hablar de nosotros,” comenzaba, “la gente normal: los Juan Nadie. Si les preguntaran cómo es el Juan Nadie corriente, no podrían decirlo porque... es un millón de cosas. Es el señor grande y es el señor pequeño, es ignorante y es sabio; es esencialmente honrado, pero tiene un grado de ladrón dentro de sí. Rara vez entra en una cabina telefónica sin mirar en la ranura por si alguien se ha dejado diez céntimos. Es el hombre para quien redactan los anuncios, aquél a quien todo el mundo vende cosas, aquél que siempre acaba pagando el pato, y es la mayor fuerza del mundo. Sí señor, somos una gran familia los Juan Nadie. Somos los mansos que teníamos que heredar la Tierra.”

Los Juan Nadie están en todas partes y han existido desde siempre: “hemos construido las pirámides, hemos visto a Cristo crucificado, extraído metales para los emperadores romanos, navegado en la carabelas de Colón (...). Sí señor, hemos estado allí aportando nuestro grano de arena desde los inicios de la Historia del mundo, y en nuestra lucha por la libertad hemos golpeado la lona muchas veces, pero siempre hemos vuelto a la lucha porque somos el pueblo y somos fuertes. (...) La gente libre podemos cambiar el mundo”, decía Juan Nadie, “si nos lo proponemos. Sé que muchos de ustedes se preguntan: ¿Qué puedo hacer?, sólo soy un pobre hombre, yo no cuento.– Pues se equivocan”. Pero “tenemos que actuar todos juntos y lanzarnos. No podremos ganar el juego si no hacemos un trabajo de equipo, y ahí es donde aparece cada Juan Nadie. Depende de él el unirse a su compañero, y su compañero de equipo, amigos míos, es la persona que tiene al lado. Su vecino es una persona terriblemente importante (...) Para la mayoría de ustedes, su vecino es un extraño... Pero ahora ya no puede ser extraño nadie que forme parte de su equipo. Así que derriben esos setos que les separan. Derríbenlos, y derribarán todos los odios y prejuicios. (...) Sí, amigos míos: los mansos heredarán la Tierra cuando los Juan Nadie comiencen a amar a sus vecinos. Y será mejor que empiecen ahora: no esperen a que el juego se suspenda por falta de luz. Despierta, Juan Nadie. Eres la esperanza del mundo.” [De Juan Nadie (Meet John Doe, Estados Unidos 1941), dirigida por Frank Capra con guión de Robert Riskin.]

Siempre es la hora de los Juan Nadie. Ellos – nosotros – estamos siempre a punto de perecer y a punto de conseguir la victoria. Sin embargo, corren tiempos especialmente decisivos para los Juan Nadie españoles. Hemos recibido una enorme herencia, un patrimonio fabuloso: desde el acervo cultural (en nuestra tradición filosófica, jurídica, científica, literaria o artística) hasta el tesoro depositado en nuestras manos con la transición a la democracia y el establecimiento de un régimen de libertades. Por su relevancia histórica, su riqueza cultural y su posición económica, España está llamada a jugar un papel importante en el concierto de las naciones, en la construcción de la paz y en la solidaridad con los más pobres del mundo.

Sin embargo, esta alta tarea contrasta lamentablemente con el estado de la política nacional. Dominada por los intereses de las regiones; desorientada por polémicas artificiales ligadas a intereses de minorías; confundida por una retórica ambigua en la que sólo cuenta la imagen – y no la verdad y la honradez –, la política española ha alcanzado niveles de mediocridad que no resisten la comparación con otras democracias europeas.

Es preciso que los Juan Nadie españoles frenemos esta deriva. No se trata ahora de aferrarse a las diferencias que nos separan (y cuyos efectos devastadores pudimos experimentar en el pasado siglo). Se trata de invertir el proceso de degeneración que afecta a los ámbitos vitales de nuestra sociedad: en primer lugar, a la educación, trágicamente devaluada por leyes erráticas; en segundo lugar, a la convivencia, envenenada por los egoísmos regionalistas y por los delirios de grupos violentos amparados por la pasividad del Ejecutivo (o por su connivencia interesada); en tercer lugar, a la vivienda, abandonada a la especulación de promotores e instituciones de préstamo; en cuarto lugar, a la seguridad, puesta en juego por la incapacidad de nuestros gestores de afrontar con éxito las nuevas formas de delincuencia; en quinto lugar, a las propias formas de convivencia política, corrompidas por la descalificación y por la retórica engañosa. Todo ello halla su fiel reflejo en la pérdida de fuerza moral de España en la escena internacional, paralela a nuestra escandalosa cercanía a algunos de los regímenes totalitarios más crueles e hipócritas del planeta: Cuba, China o Venezuela, por ejemplo.

Se nos preguntará – como al Juan Nadie de la película de Capra – qué podemos hacer al respecto. Podemos hacer mucho. En primer lugar, generar la reflexión en las altas instancias del partido en el poder. El PSOE ha perdido el norte de su vocación política. Y lo ha hecho a causa de la inexperiencia, de la ineptitud y – en algunos casos – de la manifiesta falta de honradez del actual equipo de gobierno. Es urgente que el partido socialista, que representa a millones de españoles que se sienten legítimamente identificados con su concepción de la política, reoriente el rumbo de sus decisiones y atienda al bien común – en lugar de seguir políticas de imagen que apenas encubren una lamentable ausencia de ideas y de iniciativas reales de futuro.

Esto se puede lograr con el voto. En esta coyuntura es preciso que los votantes de izquierda deriven su voto hacia fuerzas actualmente más solventes. En particular, podrán hacerlo sin dificultades ideológicas optando por la Unión de Progreso y Democracia liderada por Rosa Díez y Fernando Savater. Es muy deseable que el Partido Popular gane las elecciones – con mayoría absoluta o sin ella – y que introduzca reformas legales que garanticen el cambio de rumbo. En particular, es urgente que se ponga freno al egoísmo desmesurado de los políticos nacionalistas, para evitar el aumento de la desigualdad entre las comunidades autónomas y una sangría económica que favorece programas sectarios y profundamente antidemocráticos en Cataluña y País Vasco o en Galicia y Baleares. Urge recuperar la credibilidad de la clase política en España. Del mismo modo, es necesario que nuestro país reanude relaciones normales y responsables con sus aliados democráticos, y que abandone las connivencias con dictaduras bananeras o totalitarismos asiáticos. Todo eso será posible con un cambio de rumbo, en el que los votantes de izquierda juegan un papel decisivo.

Los Juan Nadie sólo heredarán la Tierra si se unen. Por encima de las disputas ideológicas – que un nuevo concepto de política debe ayudarnos a superar – se encuentra la unión en la búsqueda del bien común. No es difícil aterrizar ese concepto – bien común – en algunos objetivos concretos: (1) educación de calidad que contribuya a la promoción real de nuestros jóvenes; (2) solidaridad entre las regiones; (3) accesibilidad de una vivienda digna; (4) seguridad en nuestras calles; (5) responsabilidad social de nuestros políticos; (6) lucha contra el totalitarismo en el orden internacional. Es hora de despertar. Y las urnas son el aldabonazo. Es nuestra la responsabilidad, y nuestra la esperanza."

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Editorial de Unidad en la pluralidad, 5 (2008), pp. 2-3. En la imagen: Gary Cooper y Barbara Stanwyck en Meet John Doe (Frank Capra, EEUU 1941).

6 comentarios:

Ángel dijo...

Ya que mencionas el siglo pasado, que es mi siglo por partida doble (nacimiento y tesis, en orden no cronológico), apuntaré que es triste lo mucho que cambian los contextos y lo poco que cambian las intenciones y los modos de hacer.

Al menos, antes hacían mejor el mal, con perdón.

Leo García Jiménez dijo...

Pedro:

Qué raro se me hace leer un comentario tan político en tu blog... Y no estoy de acuerdo con el extracto que reseñas porque considero que la solución a la situación española no pasa por el voto a un determinado partido. POr simple que es este argumento, es sesgado y erróneo. El "problema de España" es mucho más profundo que todo eso, ojalá fuera tan sencillo. La regeneración de la cultura (y del espacio público, de la clase política, etc.) debe ser una enmienda a la totalidad que comience por las bases, no por la cúpula (política).

Así que rechazo de pleno la solución que planteas, si es que la he entendido bien.

UN abrazo!

Pd. Qué maravilla estar en desacuerdo contigo, jeje.

Pedro Jesús Teruel dijo...

¡Leo! A mí también me parece maravilloso que estés en descuerdo conmigo (y que, además, lo digas). Entiendo tu postura, y me parece legítima. Permíteme que me detenga en el núcleo del asunto: la enmienda a la totalidad, dices, debe comenzar "por las bases, no por la cúpula". Ahora bien: la democracia ¿no consiste, precisamente, en la relación de dependiencia de la cúpula respecto de las bases? ¿No se trata de realidades interdependientes...? Y no sólo en el sentido de que que las personas que ocupan los cargos políticos dependen del voto de los ciudadanos, sino también en el sentido inverso: según quiénes sean las personas que ocupan esos cargos (y de sus acciones), la mentalidad de muchos ciudadanos puede evolucionar de un modo o de otro. Un buen ejemplo viene de eso que tanto nos interesa: la educación. Es cierto que la reforma radical de la educación sólo vendrá de una regeneración en la mentalidad de educadores y educandos. Pero, a la vez, esa regeneración puede ser gravemente obstaculizada - o favorecida - por decisiones políticas que se reflejan, por ejemplo, en la legislación educativa. De tal manera que las "bases" y la "cúpula" están, en democracia, en una relación recíproca. Y eso es la política. Reivindico este concepto - "política" - como algo extraordinariamente noble y necesario, algo que la mediocridad y los intereses de partido parecen empeñados en robarnos. La regeneración de la cultura tiene que ver con la política, con el cuidado de la "polis", de la convivencia. No se cifra en el voto a un determinado partido, aunque las urnas influyan en su realización: se trata, como bien dices, de algo más profundo y complejo.

Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde dijo...

Arriba España, cojones!

Solo un patriota como usted podrá "construir" un futuro a la Niña de Rajoy en esta España de rojos, masones, ateos, tilonorrincos y espiritrompas!!!!


PD: Le recomiendo encarecidamente proyecte usted en su sermo-clases, en un cinematógrafo de fabricación nacional, mi película de reciente estreno, RAZA!!!

Hasta más ver, visça el Opus Dei!

Pedro Jesús Teruel dijo...

Hola "Francisco Paulino", bienvenido a este blog. Ciertamente, tu entrada no ha sido gloriosa, pero estás a tiempo de remediarlo. ¡Ojalá aprendiésemos todos a participar en el debate político, con argumentos y no con descalificaciones, mirando al futuro! El resto no sirve para construir nada. ¿No te parece?

Anónimo dijo...

Interesante, cuanto menos lo escrito.
Estoy de acuerdo contigo en algunas cosas y en otras no, pero no entiendo a los extremistas como Francisco Paulino, que parece un independista haciéndose pasar por franquista, y es que todavía hay muchos que, como no pienses como ellos te tachan, como poco de fascista. Triste es, pero cierto.

Ciertamente España necesita un cambio de gobierno, y ahora mismo la única alternativa es el pp. sería bueno un tercer partido neutro fuerte, pero el de rosa díez para muchos de izquierda es un partido "facha" (mentalidad cuadriculada), y para otros de derecha una "roja" siempre será roja. Tristemente somos un país demasiado bipolar:
- todavía vivimos la mentalidad del siglo xix de izquierdas y derechas
- a eso, añadir el bipolarismo de la enfermedad periférica (soy de la periferia): odio a "la meseta" y, gracias a los políticos, cada vez más odio e proindependentismos.

Esa misma gente que luego rechazan a sus mejores pensadores, filósofos y escritores (por poner un ejemplo, don Miguel de Unamuno, defenestrado por casi todo el PNV y todo el nacionalismo vasco, ensalzando en cambio a un mediocre en todo Sabino Arana). Y que borra de la historia a héroes españoles que nacieron en tierras periféricas y que se sentían orgullosos de ser españoles (Blas de Lezo es un ejemplo)